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La operación fallida contra el comando radical

Los diputados alineados con la dupla Nosiglia-Lousteau se sumaron a la rebelión en el PRO para esmerilar la jefatura de Negri. La jugada salió mal, quedaron en la mira y tuvieron que dar marcha atrás.

Los diputados alineados con la dupla Nosiglia-Lousteau se sumaron a la rebelión en el PRO para esmerilar la jefatura de Negri. La jugada salió mal, quedaron en la mira y tuvieron que dar marcha atrás.

Por 28/04/2020 17:48

La carta con la que quince diputados nacionales del interbloque Juntos por el Cambio (JxC) pidieron una sesión especial para este jueves sacudió a la oposición en el Congreso. La rebelión en las filas del PRO y la Unión Cívica Radical (UCR) dejó al desnudo internas indisimulables y, en el caso del radicalismo, evidenció una intimidación directa a la jefatura de Mario Negri. No obstante, la avanzada se convirtió en una espada de Damocles: tras abroquelar en su contra al resto del radicalismo, el grupo díscolo de la conducción parlamentaria del cordobés debió retirar el apoyo a la carta de los rebeldes y aclarar públicamente su postura.

Junto a los diputados que responden a Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, los únicos tres legisladores radicales que acompañaron la misiva fueron los porteños Emiliano Yacobitti, Carla Carrizo y Dolores Martínez. Avalaron esa jugada en línea con el senador nacional Martín Lousteau, abanderado del sector de la UCR que, desde la Ciudad de Buenos Aires y apadrinado por Enrique Nosiglia, discute el liderazgo de Negri.

 

La nota en la que los tres diputados de la UCR Capital aclaran su postura.

 

Es una vieja inquina que creció en los años de Mauricio Macri en la Casa Rosada, cuando los porteños acusaban al cordobés por su cercanía al PRO. Dispuestos a sostener viva esa tensión, los radicales liderados por Yacobitti y Lousteau se subieron a la ola que iniciaron los legisladores del PRO para diferenciarse de su propio presidente de bancada y, además, jefe del interbloque opositor. La UCR porteña hizo sondeos en otras provincias, pero no hubo eco. Al ser los únicos radicales en firmar la misiva quedaron en el ojo de la tormenta y generaron una hecatombe hacia el interior del bloque radical.

 

 

Una vez conocida la carta, los radicales del interior saturaron a preguntas a los porteños para que den explicaciones. La cascada de mensajes e insultos cruzados escaló tanto que derivó en una pseudo reunión de bloque por videollamada. Los diputados del sector de Yacobitti argumentaron su postura y hubo reproches hasta del propio presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, que comulga con ese sector en su interna con Negri.

Los radicales de las provincias sintieron como una provocación el pedido público y "urgente" para sesionar que hizo la UCR de la Ciudad. Ese gesto hizo que el resto de los diputados del bloque, incluso quienes impugnan su jefatura, salieran en defensa de Negri. Además, generó un efecto dominó: aumentó la cantidad de legisladores nacionales dispuestos a sumarse a la caravana desde el interior hacia Buenos Aires para reclamarle al oficialismo una sesión presencial. Una movida que los radicales díscolos cuestionan y que el propio Lousteau calificó como un "circo".

 

 

 

La UCR porteña se retractó, debió rebobinar y sus tres diputados firmaron una nota aclaratoria en la que sostienen que el Congreso debe reunirse con urgencia pero que para sesionar de manera online "es fundamental y urgente acordar, en una sesión presencial, las reglas que garanticen certeza en los procedimientos para avanzar en el funcionamiento virtual de esta Cámara". Horas antes, habían acompañado el pedido de sesión especial remarcando que estaban garantizadas las condiciones para que Diputados "funcione de manera telemática".

En la superficie, la discusión quedó como un debate por cómo debía sesionar el Congreso en el marco de la pandemia. En el fondo, no existe tal dilema y la discusión pasa, nuevamente, por las peleas intestinas por el manejo del bloque en la Cámara baja.