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La disputa por la presidencia de los bloques en las dos cámaras y del partido ensanchan aún más la grieta radical. Negociaciones al calor del posmacrismo y la derrota electoral de Cambiemos.
Por 13/11/2019 12:48

Es un tablero de ajedrez, pero la partida tiene múltiples jugadores. La interna que vive la Unión Cívica Radical (UCR), tras la derrota de Mauricio Macri y el reacomodamiento de los dirigentes de Cambiemos, se trasladó al Congreso. El duelo más visible, que llega a la superficie, es el que tiene en un vértice a Mario Negri y en el otro a Alfredo Cornejo, pero en la profundidad de la riña del radicalismo hay varios que se subieron al ring para competir por la presidencia de los bloques en las dos cámaras del Congreso y la conducción nacional del partido.

A prima facie, parecería que la discusión entre el cordobés y el mendocino no es más que la expresión de dos sectores que protagonizaron una riña sin cuartel durante estos años de Macri en la Casa Rosada: una pelea que dividió al partido entre los más cercanos al Gobierno y dirigentes menos proclives a seguir los pasos del Presidente y su jefe de Gabinete, Marcos Peña. No obstante, lo que se disputa internamente en el radicalismo es el rol que jugará el partido con el gobierno de Alberto Fernández y, naturalmente, su lugar dentro de la coalición Cambiemos después del 10 de diciembre. Bajo esa lógica, se cuece la guerra por el control de las bancadas radicales en el Senado y en la Cámara de Diputados.

 

 

La definición se conocerá en diciembre, pero Negri movió primero y junta apoyos entre sus correligionarios del interior. Advierte que tiene 30 de los futuros 47 diputados radicales dispuestos a consagrarlo presidente del bloque en Diputados y el apoyo de los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes). En la otra vereda, Cornejo alista a los legisladores de Mendoza y los porteños, conducidos por Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti.

Hubo una primera oferta que consistía en mantener el status quo y garantizar la paz: Negri al frente de la UCR en Diputados, el formoseño Luis Naidenoff en el Senado y Cornejo en la conducción del radicalismo nacional. El gobernador de Mendoza, con el apoyo de Enrique "Coti" Nosiglia, desestimó esa oferta.

Se lo aclaró por teléfono a Morales, que lo llamó horas después de que el mendocino tocara suelo argentino luego de una gira oficial por China. El jujeño transmitió el mensaje a Valdés, Negri, Naidenoff, Ángel Rozas y Daniel Salvador. "Va a romper", le dijo a la mesa radical que, horas antes, cenó en la sede porteña del Banco de Corrientes y se juramentó respaldar a Negri y Naidenoff.

 

 

Cornejo quiere conducir a la UCR en Diputados y amenaza con hacer un bloque propio, en acuerdo con Yacobitti y Nosiglia, aunque dentro de Cambiemos. La contención de Morales no dio sus frutos, en parte porque el mendocino sostiene que su par jujeño busca correrlo de la disputa por la jefatura radical en la Cámara baja. En ese sentido, el mendocino suma músculo y trabaja para no asumir como un legislador raso. "No va a ir al Congreso a ser un diputado más. Va a jugar”, advierten en su entorno.

Pese a la insistencia de Cornejo, Negri y Naidenoff ponen sobre la mesa los números: aseguran que tiene más votos en ambas cámaras y le ofrecen al gobernador cuyano mantener su sitial en la UCR nacional. En paralelo, y con el objeto de descomprimir, hubo una propuesta para ungir a Lousteau como vice del formoseño en el Senado que naufragó al instante. El tándem Cornejo-Nosiglia presiona para que el economista lidere al radicalismo en la Cámara alta. Esta presión también une a Morales con Negri y Naidenoff para frenar ese avance del "nosiglismo".

Cornejo descarta cualquier oferta para mantener únicamente la conducción de la UCR e insiste con presidir el bloque. Tiene, también, un razonamiento de índole cronológico: las autoridades del Congreso se definen en diciembre, pero para las presidencias de las bancadas se puede esperar. La renovación de esos mandatos podría estirarse hasta marzo 2019, con el gobierno de Fernández ya en el poder y, además, con el Parlamento en movimiento producto de las sesiones extraordinarias.