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Bajo total hermetismo, el gobernador y su antecesor acuerdan bajar las armas. Ambos leen una sociedad sensible, con “aroma a pre 2001”. Acuerdo para gobernar.

Por 01/10/2020 12:45

El combo de pandemia, inseguridad, incendios en las islas y crisis económica tiene a Santa Fe contra las cuerdas. En este escenario, no es negocio para nadie jugar al bueno y al malo en la política. Por ese motivo, el gobernador Omar Perotti y el líder opositor Miguel Lifschitz protagonizaron una cumbre. Después de atravesar un año plagado de tensiones, ambos leen que están ante una sociedad sensible, con “aroma a pre 2001”, con el peligro de que sea arrastrada toda la clase política. Para evitarlo, si bien es incipiente, coinciden en darse gestos de pacificación. El encuentro, guardado bajo siete llaves, fue cara a cara y a solas.

 

 

“Hablaron de todo lo que está dando vuelta en la coyuntura”, le confió a Letra P un pilar de la mesa chica del perottismo. La reunión fue el corolario de una serie de contactos telefónicos que empezaron el 4 de septiembre y partieron del celular del rafaelino. Ese día, el de los anuncios desdibujados, el peronista invitó al socialista a participar del encuentro virtual que lideró junto al ministro de Salud de la Nación, Ginés González García. Mientras se llevaba a cabo la reunión, el gobernador le explicó a su antecesor, por privado, el cuadro de situación.

En el segundo tiempo del vínculo reverdecido, Perotti le mandó un mensaje a Lifschitz a las 7 de la mañana del 24 de septiembre. Le adelantó que a la tarde de ese día iba a concretarse una mesa de trabajo con diversos actores, una instancia muy similar a la que el socialista creó en su gobierno y denominó Consejo Económico y Social. El presidente de la Cámara de Diputados aceptó el convite, asistió al Meet y dio sus impresiones. Un día antes, el ministro de Seguridad, Marcelo Sain, anunció la convocatoria, aún sin fecha, a la Junta Provincial de Seguridad, otra idea que gestó Lifschitz, demandada hace unos días por la bancada del Frente Progresista. Gestos.

 

 

Con el clima allanado, Perotti y Lifschitz se vieron las caras y ya no con temario específico, sino a agenda abierta. La situación de la provincia es realmente crítica y multicausal. Santa Fe se consolidó en las últimas horas como la segunda provincia en casos positivos diarios de coronavirus, con números que duplican a la Ciudad de Buenos Aires. Santa Fe tiene un complejo conflicto de inseguridad, que no es nuevo, pero con un crimen organizado –como reconoció el presidente Alberto Fernández– muy difícil de desentramar. “Nos falta personal policial”, admitió Perotti hace días.

Los incendios en las islas frente al Río Paraná también son un problema grave, cuando se abre un foco ígneo de dimensiones Rosario se torna irrespirable. A la par de todo eso, la desocupación en el Gran Santa Fe supera el 20 por ciento y la pobreza en dicha zona y en el Gran Rosario supera la media nacional.

Hábiles lectores de juego, tiempistas, muy analistas, Perotti y Lifschitz saben que tienen mucho para perder si sostienen un enfrentamiento inconducente. Detectan un clima espeso en la calle, con una conflictividad social que crece y, por ende, necesitan diálogo. De ese modo, leen, pueden contagiar a la tropa propia. Ocurre que la mayoría progresista de Diputados aprueba semana a semana proyectos con creación de programas o destino de fondos que el Senado peronista luego no convalida. En el caso de que sí lo haga, el Ejecutivo no va a promulgar. Esa lógica se repitió a montones desde mayo. No gana nadie y se encierran todos. La idea es bajar los decibeles en este momento de crisis. “Vemos una situación de anomia”, le dijo un diputado socialista a Letra P. “Esto los afecta a los dos, no solo al gobierno; el Frente Progresista no puede pararse en la denuncia”, abreva un legislador peronista.

 

 

Además, el último trimestre del año los tiene a los dos abocados a la agenda legislativa, rasgo en el cual el Ejecutivo tuvo problemas para hacer pie durante todo el año. Presupuesto, reforma policial, ART y ley de conectividad encabezan los intereses de Perotti, pero, sin un contacto estrecho, una negociación abierta con Lifschitz, es difícil que prosperen. El socialista baja a los suyos la orden de no romper. Por eso, se sienta, escucha y devuelve.

El gobernador tiene entre sus manos su primer cálculo de recursos y erogaciones y tiene decidido enviar el paquete de leyes de Sain por Diputados, como prefería el criminólogo. Confían que vender unidad, consenso y entendimiento beneficiará a los dos.