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El Gobernador retrocedió de fase y le salieron al cruce peronistas y progresistas. El comercio, con la soga al cuello. Cómo flexibilizar sin arriesgar todo.

Por 08/09/2020 17:38

Santa Fe se desmadró en cantidad de casos de coronavirus y el gobernador Omar Perotti procuró coparticipar el riesgo con los intendentes del sur de la provincia. Como respuesta, recibió desobediencias de alfiles propios y ajenos, inesperados en ambos casos. El mandatario subió al ring al rosarino Pablo Javkin, su socio en la pandemia, pero no contó con la rebelión de peronistas y progresistas.

 

 

Santa Fe promedia entre 600 y 700 casos por día, un valor altísimo para una provincia que tenía todo controlado y disfrutaba de reuniones sociales y apertura de bares y restaurantes. Pero, en un abrir y cerrar de ojos la situación se complicó y obligó al gobernador a tomar una decisión antipática. En un discurso deslucido y poco concreto, el rafaelino comunicó que la provincia debía dar marcha atrás. Javkin le cuidó las espaldas y lo bancó.

El fin de semana lo agarró con el desaire del intendente de Venado Tuerto, el radical Leonel Chiarella, que le pidió públicamente que revea la medida. Observado con codicia política por Javkin y el socialista Miguel Lifschitz, el joven venadense de 30 años rompió la Matrix. Compartió en silencio una manifestación numerosa por las calles de su ciudad en rechazo al decreto. Completaron la bronca un bocinazo de consideraciones en Rosario y una movida en San Lorenzo. En Villa Gobernador Gálvez, a su vez, comerciantes fueron a manifestarse a la casa del intendente socialista Alberto Ricci.

 

 

El Ejecutivo olió tufillo político en las manifestaciones, bancadas públicamente por los halcones PRO liderados por el diputado nacional Federico Angelini. Pero Perotti no esperaba que el desaire llegara de las propias entrañas del peronismo. El intendente de Roldán, ubicada a 20 kilómetros de Rosario, José Pedretti, habilitó a comerciantes de actividades no esenciales a abrir sus puertas. Con casi 20 años de gobierno local, se plantó y se puso del lado de sus comerciantes.

Pedretti defendió su medida hasta donde pudo. Incluso colgó una nota en la página web del Municipio. Pero rápidamente le sonó el teléfono. No solo lo llamaron de la Casa Gris, sino también de las intendencias de la zona que se vieron en offside. “¿Qué autoridad podemos tener si uno de los nuestros no le da bola al decreto?”, se preguntó un mandamás local en diálogo con Letra P. El comunicado fue levantado a la tardecita del lunes.

 

 

Los intendentes dicen hacer lo que pueden. Los líderes de las localidades cercanas a Rosario reconocen off the record que no clausuran los comercios no esenciales que se encuentren abiertos. El laissez faire (dejar hacer, dejar pasar) del sur santafesino. “A lo sumo hacemos un acta, pero no podemos cerrarlos”, se sinceró un jee comunal. La Policía es el otro organismo, además de los Municipios, encargado de hacer cumplir el decreto, pero los controles no abundan.

Un funcionario de primera línea del Ejecutivo provincial le confió a Letra P que recibieron “montones” de pedidos de flexibilizaciones. Un senador referente del Comité de Crisis departamental recibió cuatro solicitudes en pocas horas. Pese a la suba de contagios y las medidas restrictivas que anunció, ahora la Provincia no descarta flexibilizar un poco algunas actividades en el sur, la zona más conflictiva. Por caso, este martes se les permitió trabajar a los comercios minoristas que vendan sin contacto. Además, se anunció que gastronómicos y hoteleros pagarán únicamente lo que consuman de luz y agua. Un poco de oxígeno para el sector, el primero, que más ahogado está.