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Súper ministro se busca (y no aparece)

El albertismo entiende que, de ganar, heredará una crisis que requiere recrear la cartera de Economía con una cabeza fuerte. Los nombres “imposibles” para ese perfil. Inquietud en el Círculo Rojo.
El albertismo entiende que, de ganar, heredará una crisis que requiere recrear la cartera de Economía con una cabeza fuerte. Los nombres “imposibles” para ese perfil. Inquietud en el Círculo Rojo.
Por 06/09/2019 13:04

Hace unos días, Nueva York fue sede de una call conference cerrada. Participaron grandes tenedores de bonos de la Argentina, entre ellos, BlackRock y Templeton. Se habló de la mayor preocupación: el cambio de títulos que operará con el “reperfilamiento” de la deuda. Allí hubo algunas diferencias de corte político sobre con quién negociar. La mayoría consideró que las señales de las urnas en las PASO obligan a sentarse a charlar con lo que, entienden, será una presidencia de Alberto Fernández. Para los inversores externos e incluso para los empresarios locales, esa premisa contiene algunas dudas centrales: cuál será el equipo económico del candidato del Frente de Todos, qué lineamiento tendrá y quién será la cabeza visible.

Esa inquietud también se hace palpable en los banqueros locales y fondos comunes, que, luego de las medidas que tomó Hernán Lacunza (cepo light y default de deuda de corto plazo) han quedado desorientados con respecto a las posibilidades de un segundo gobierno de Mauricio Macri. En esos sectores opera un quiebre en una relación con el oficialismo que fue pasional y terminó en cortocircuitos e infidelidades circunstanciales.

 

Fernández juega al misterio lógico de los ministeriables. 

 

En el búnker de la calle México -lo hace propio Fernández- le rehúyen a los armados previos de ministeriables. Saben que recién en octubre hablarán las urnas. Pero hay una certeza: de ganar, heredarán una crisis importante en varios frentes y eso requerirá poner a los titulares en el primer partido y no apelar a designaciones "fusible". Eso incluye la recreación de un súper ministerio de Economía con un comando poderoso, capacidad de decisión y un perfil de apertura a los mercados pero netamente industrialista, con el ansia puesta en la creación de empleo. El esquema entusiasma a los privados, que padecieron por casi cuatro años la idea de “equipo” horizontal de Cambiemos, un sistema que no funcionó para nadie y menos para el Gobierno.

Esa definición de poner un titular ya es todo un filtro en sí misma. Fernández se caracterizó por no empoderar a ninguno de sus expertos en economía. Ni en público ni en privado le ha dicho a nadie quién podría ser su ministro de Economía. En parte, porque esa definición es un problema. En la previa de las PASO, el ex jefe de Gabinete se rodeó de un arco excéntrico de cuadros. Para todos los gustos. Por un lado, los Callao Matías Kulfas y Cecilia Todesca; en la otra esquina, los outsiders, aquellos que provienen de relaciones personales del candidato de épocas pasadas. Guillermo Nielsen, ex secretario de Finanzas de Néstor Kirchner; Emmanuel Álvarez Agis, ex vice ministro de Axel Kicillof, y Martín Redrado, ex titular del Banco Central (BCRA), engordan esa segunda lista.

 

El tema de quién será el ministro se discutió en los pasillos del encuentro de AEA. 

 

En esa carrera, según supo Letra P, hay uno bien posicionado y un tapado que no es del riñón. Un sueño que Fernández confesó en público. El primero es Redrado y el segundo, Roberto Lavagna, hoy candidato a presidente por Consenso Federal. “Son los dos que tienen un perfil más integral”, contaron desde el albertismo.

Fernández quiere a Lavagna de súper ministro. En el búnker de la calle México no lo descartan, aunque admiten que es difícil.

Con Lavagna, más allá de la buena relación que hay con el candidato, existe un problema: creen que no aceptaría bajo ningún punto de vista y, más aún, que, si se lo ofrecieran, se negaría tomando ese acto como una rebeldía positiva para su posicionamiento a futuro. No lo descartan, pero creen que es difícil.

En el lavagnismo, en tanto, insisten en que en octubre serán “segundo fuerza” detrás de Todos y disputarán el rol de liderazgo en la oposición. Entienden que una derrota de Macri redundará en años en los que la población rechazará a los gobiernos ultra conservadores y pondrá en el peronismo no K la ficha de la sucesión.

Redrado tiene una ventaja, aunque en su entorno nieguen que haya hablado del tema con Fernández. Es bien considerado tanto en el sector financiero como entre los rubros de la producción. En su cabeza, observan, hay ideas productivistas, tal el sentido que el Frente de Todos promete darle a su política económica.

Varios escalones más abajo aparecen Nielsen y Álvarez Agis. Son los librepensadores del espacio, pero los quieren en otras funciones. Nielsen es uno de los que está en la diaria de la relación con el Fondo Monetario (FMI), los inversores externos y hasta en el armado de un plan para reactivar Vaca Muerta. Además, tendría tarea ardua si, como todo indica, la cuestión de la deuda sigue por los carriles actuales.

 

Kulfas, en un evento de energía. También estuvo en la UIA. Lo ven en Producción. 

 

Agis, por su parte, es destacado por su juventud y potencial, pero en la coalición peronista desconfían de su rol de enfant terrible y cierta pedantería. Si bien puede haber sorpresas en este juego del misterio, lógico cuando la elección no está aún definida, los Callao parecen lejos de una designación de ese tenor.

Sobre Kulfas, se especula con que se lo destine a un Ministerio de Producción que será escindido de la cartera de Trabajo. El directivo del Central en los años de Mercedes Marcó del Pont hizo un raid esta semana: pasó por la celebración del Día de la Industria que organizó la UIA y por un congreso de energéticas y energía eólica. Todesca, en tanto, tiene fanáticos que la sugieren, pero hoy no es prioridad.

La definición del equipo económico fue tema de conversación en los pasillos del evento que la Asociación Empresaria Argentina (AEA) organizó este miércoles en el Hotel Sheraton. Si fuera por los CEOs, Lavagna sería el ideal, pero no verían con malos ojos a ninguno de los otros.