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Con comicios desdoblados y el PJ unido para quitarle el sueño, el gobernador confía en un triunfo de Suárez para mantener su poder interno. Cálculos y opciones del "opositor íntimo".

Por 29/09/2019 9:18

Asegura que lo vio primero. Que fue quien, en soledad, levantó el dedo ante Mauricio Macri y la Jefatura de Gabinete. Cuando al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, le preguntan por el presente de Cambiemos, sostiene que el final estaba escrito desde hacía tiempo y que el fracaso del Gobierno, si se repitiese el resultado electoral de las PASO, es político y económico. Arguye falta de "cintura" y una decisión de marginar a la UCR, un concepto que lo llevó a decir, en una canal de televisión, que no forma parte. Hace meses que se despegó del Presidente, alambró su provincia y se recluyó en su territorio. Con este bagaje y un currículum de rimbombantes declaraciones contra la "falta" de política del PRO, Cornejo busca dar pelea interna para mantener el poder en su partido y tener una silla en la mesa que se configurará como oposición al peronismo. Para eso necesita -confía que así será- un triunfo de Rodolfo "Rody" Suárez en las elecciones que se celebrarán este domingo.

Hace una semana recibió a un funcionario con despacho en Balcarce 50 y le aseguró que el candidato de Cambia Mendoza aventaja por diez puntos a Anabel Fernández Sagasti, que el martes hizo de anfitriona de Alberto Fernández y la tropa de gobernadores del Frente de Todos. 

Cornejo se aferra a su delfín para luego exhibir esa medalla en la mesa nacional de la UCR, que a fin de año renueva autoridades. En su lectura, podrá llegar a diciembre con su terruño asegurado, además de la capital provincial, que quedará para Ulpiano Suárez, actual subsecretario de Modernización. No es poco, según razonan en el cornejismo, ante la malaria electoral de los boina blanca: en 2019, el radicalismo perdió cinco capitales provinciales y cayó por amplio margen en las provincias en las que disputó la gobernación frente al peronismo.

 

 

Estos números son parte fundante del relato de enojo que Cornejo construyó hacia la Casa Rosada durante este último año. En su rivalidad interna con el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, el mendocino buscó mostrarse abierto a las críticas de las distintas líneas del partido y ajeno a la cercanía con el Presidente que exhibió el ex senador, que llegó a catalogar a Macri como "un jujeño más". Pese a las diferencias, jugaron en tándem para separar las elecciones provinciales de la reelección del Presidente. El tiempo les dio la razón: Alberto Fernández ganó en ambas provincias en las PASO del 11 de agosto.

Pese a su jactancia del principal opositor o el "opositor íntimo", como lo definen sus detractores, Cornejo tendrá que esquivar la resistencia de otras tribus radicales, además de la que lidera Morales. El mendocino se imagina como jefe del bloque de la UCR en la Cámara de Diputados, pero ese lugar está atado a la disputa partidaria y, naturalmente, al resultado electoral. A su vez, el cordobés Mario Negri mantendrá la pelea por ese sitial.

 

 

Parte del radicalismo porteño también hace gala de su oposición al macrismo y buscan lugar en esa riña. Las huestes de Enrique "Coti" Nosiglia y Emiliano Yacobitti sacan chapa de su oposición a Cambiemos y recuerdan que Cornejo "no se plantó" ante Macri para forzar una primaria presidencial, como reclamaba un sector del partido, pensando en Martín Lousteau como una figura de atracción para la clase media golpeada por la crisis económica. Esa herida comenzó a cicatrizar cuando el mendocino cerró la Convención Nacional y, con críticas abiertas a la gestión Macri, pidió una ampliación de Cambiemos, como reclamaban los porteños desde que en 2015 quedaron fuera de la coalición. Pero donde hubo fuego, cenizas quedan. 

Cornejo necesita un triunfo mendocino para catapultarse a la negociación nacional del radicalismo, pero también de la oposición que podría configurarse si se produjera la salida de Cambiemos de la Casa Rosada. Aspira a un rol de peso en esa construcción. En esa puja por el liderazgo hay una nebulosa que podría despejar la cosecha electoral de cada dirigente. En el PRO confían en que Horacio Rodríguez Larreta retenga la Ciudad de Buenos Aires y lidere ese proceso "colegiado" junto a los gobernadores radicales y Lousteau, como punta de lanza de Nosiglia; un grupo de arietes que, desde sus territorios, puedan ensayar una reconversión de Cambiemos y una oposición ¿unificada? al peronismo. Es un armado en ciernes que tiene dos incógnitas cuya resolución nadie se anima a vaticinar: Macri y Elisa Carrió, que tendrá 14 diputados propios en la Cámara baja.

 

 

En su futuro, Cornejo no ve lugar para el Presidente, tras meses de disputa abierta, en privado y en público. En broma, Macri ha repetido en algunas reuniones: "No me dejen cerca de Cornejo que me aturde". Sin embargo, son pocos los dirigentes del PRO que ven probable una retirada del jefe de Estado si las urnas lo sacaran del poder. A pesar del panorama adverso, Macri confiesa en reuniones privadas que "tiene todo" para entrar al ballotage.