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El rock del Gato

Letra P siguió al Presidente en el sprint final de su campaña. Crónica del esfuerzo para retonificar el músculo electoral del líder PRO con rabiosos riffs de gritos, polarización y amor por Vidal.
Por 09/08/2019 18:40

CÓRDOBA y VICENTE LÓPEZ “Mi corazón está en los 17 millones de bonaerenses. Por eso les tengo que pedir, mirándolos a los ojos, que ahora me sigan sosteniendo la mano, como lo hicieron en estos tres años y medio. Porque hay otro bonaerense, que vive preocupado por nuestro futuro, que es mi presidente”, dijo este jueves María Eugenia Vidal. Así levantó el telón para recibir a Mauricio Macri en el escenario en el que ofrecería el último de los cuatro discursos que pronunció antes de la veda para las primarias de este domingo. 

 

 

El lugar para la última arenga, elegido por cábala, fue el Centro Asturiano de Vicente López. Tal como sucedió en 2015 y 2017, fue el lugar donde la maquinaria electoral de Juntos por el Cambio armó la puesta en escena de 360 grados para cerrar la primera etapa de la campaña por la reelección de Macri. La presentación que hizo Vidal para recibir al Presidente pasó casi inadvertida, pero la gobernadora provincial exhumó los orígenes tandilenses del jefe de Estado en un intento final por mostrar cercanía y achicar la diferencia en intención de voto que la separa de su principal mentor. El apelativo de Vidal por provincializar a Macri no fue el único que el oficialismo intentó en los últimos dos días. 

En el penúltimo 360, realizado 24 horas antes en Córdoba, el candidato a diputado nacional por esa provincia Mario Negri fue el primero en intentarlo. "En Córdoba, Macri tiene una relación vertebrada, ya ha venido 21 veces; la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, en ocho años, vino cuatro veces a Córdoba y siempre enojada", bramó el actual titular del interbloque de Cambiemos en la Cámara baja, para decirle a Macri que Córdoba es su provincia. Lo hizo en un clima totalmente distinto al que se respiró en el distrito bonaerense que gobierna Jorge Macri. En la capital mediterránea, la tarde tuvo un sol de primavera que no castigó la espera de las 5.000 personas que llenaron el Paseo de la Música, otra repetición cabalística de cierre en un distrito donde la Casa Rosada pronostica un resultado positivo, pero menor al del 60% de hace dos años. 

 

 

Esta vez la acústica del microestadio fue clave para que los candidatos a diputados de Juntos por el Cambio pudieran darle un tono intimista a la previa de las arengas presidenciales. También, a los temas musicales de la playlist que se pueden escuchar en los actos 360, donde la estética y el sonido tienen una importancia clave para que el evento se parezca en algunos momentos a un recital y, en otros, a una fiesta de cumpleaños. Este miércoles, las "cortinas de espera" repitieron el protocolo con "Somos el cambio", de Tini Stoessel y Odino Faccia, junto a "Un día perfecto", de Estelares. Dos variaciones a "Somos uno", de Axel y Abel Pintos, el tema que la Casa Rosada utilizó durante la gestión, con la misma puesta en escena, pero para hacer anuncios y "ejercitar el músculo". 

Después de la empatía que Vidal y Negri intentaron construir para presentarlo, el Pesidente irrumpió rodeado de la escenografía que se repitió desde el arranque de campaña para las PASO en localidades tan disímiles como la Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Rosario, Santa Fe y el conurbano.

En las dos últimas locaciones, los 5.000 cordobeses y los casi 1.500 bonaerenses tuvieron que esperar entre tres y cuatro horas para escucharlo. En La Docta, el clima ayudó para agilizar la cola de asistentes, ante un microestadio hipercustodiado por Gendarmería, Policía de Seguridad Aeroportuaria, Policía de Córdoba y la Casa Militar, que se repartieron el control de la capital provincial.

Antes del ingreso, los anillos de seguridad se encargaron de revisar a cada persona que se había inscripto previamente con sus datos personales. Los periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos tuvieron que pasar por uno de los controles de metales móviles que tiene la PSA para los aeropuertos. En Vicente López funcionó el mismo blindaje, pero la lluvia aportó un marco diferente a la entrada del Centro Asturiano, donde se podía escuchar a algunos militantes del PRO ventilar su preocupación por el domingo entre el reparto de pulseras para los invitados y los detalles de la fiscalización de los votos que se avecina. 

 

 

Entre la mini primavera cordobesa y el gris de Vicente López, Macri tejió el último hilo de la campaña antes del reinicio de la veda. Frente a los dos públicos, el Presidente intentó mostrarse enérgico. Trató de comunicarse eufórico y a los gritos. En la última logró las lágrimas que no pudo exhibir en tierra mediterránea. Se emocionó cuando habló de Vidal, un gesto que algunos vidalistas que estaban sentados en las terceras filas consideraron “tardío, pero necesario” para tratar de sanar las heridas abiertas que separan a los equipos de Cambiemos con despachos en La Plata y en la Casa Rosada.

 

 

Desde que arrancó la etapa más caliente de la pelea electoral, las escenas conjuntas de campaña son los pocos lugares donde macristas y vidalistas buscan mostrarse fraternos entre ellos para ocultar o minimizar las tensiones internas que se agudizaron desde el año pasado al calor de la crisis económica.

Desde los fracasados intentos bonaerenses para separar las elecciones provinciales de las nacionales hasta el operativo “Plan V”. El primero buscó preservar a Vidal del efecto contagio, originado por la mala imagen que padece su jefe político desde la crisis. El segundo intentó de instalar a la gobernadora como sucesora del Presidente para mantener la continuidad del oficialismo en la Casa Rosada. Ambas internas se resolvieron a favor de Macri y de las posiciones de su jefe de Gabinete, Marcos Peña, por encima de los intentos de la mandataria provincial y su ministro coordinador, Federico Salvai.

 

 

Este jueves, por necesidad y campaña, todos estuvieron alrededor del Presidente para acompañarlo en el último sprint para las primarias, con pronósticos de desventaja tan distintos como las diferencias que mantienen ambos equipos. Todo, bajo el mismo techo que los abrigó para cerrar las campañas de 2015 y 2017, pero con pronósticos diametralmente distintos a los que luego supieron celebrar, siempre con reserva para no espantar “la buena suerte” que luego le agradecieron a su electorado. En el tercer cierre de campaña realizado en el Asturiano, Macri encabezó la escena, a diferencia de las oportunidades anteriores, donde su equipo de campaña eligió preservarlo. Todo lo contrario a este miércoles y a este jueves, cuando el Presidente quedó al frente de cada clausura, siempre con un ojo puesto las audiencias.

En Córdoba, la agenda discursiva fue atrasada una hora por encima de lo previsto, porque el equipo de campaña aguardó hasta el comienzo del acto en Rosario del Frente de Todos. En Vicente López también hubo un retraso a propósito, pero a la espera de que el candidato a gobernador por el Frente de Todos, Axel Kicillof, terminara su acto junto a CFK en Merlo con el objetivo evitar una pantalla dividida en la televisión, justo en el último prime time antes de la veda.

 

 

"El 'Sí, se puede' es mucho más que un apoyo a un partido o a un presidente; el 'Sí, se puede' es un grito de rebeldía que dice que creemos en nosotros mismos, en lo que podemos hacer, en lo que somos y en que vamos a ser protagonistas de nuestro futuro”, gritó Macri en Córdoba en una exacerbación de emociones que el líder del PRO repite desde el discurso que ofreció en 2018 ante la Asamblea Legislativa para abrir el tercer período de sesiones ordinarias del Congreso. 

En Vicente López, Macri gritó menos y apeló a la emoción para tejer más puentes con Vidal y recibir el abrazo “provincializador” que le prodigó la gobernadora a la espera de la reciprocidad presidencial. “Voy a tratar de definir con palabras lo que significa para mi esta mujer y sé que no lo voy a lograr”, dijo Macri y casi lloró. Luego, justificó la emoción. “Tal vez estoy así porque es el día del gato”, bromeó el Presidente, sin detallar una plataforma de gobierno para los próximos cuatro años y repitiendo que en esta elección no hay que buscar razones para votarlo. Contornos discursivos que se repitieron entre Córdoba y el conurbano, pero que pasaron inadvertidos en medio de un protocolo de marketing que hasta cuenta con una lista especial de temas musicales para cada ocasión.

El aceitado show volverá a la carga después del lunes, cuando arranque otra campaña. “Totalmente diferente”, aseguran en su entorno, sin perder una cautela que ahora parece más motivada por el temor a la derrota que por las esperanzas de revertir las tendencias negativas que le quitan el sueño al Presidente y a la gobernadora. A Macri le quedarán dos posibles rounds, entre primera vuelta y eventual ballotage. A Vidal, sólo uno: las generales del 27 de octubre, donde el control de la provincia se define sin segunda vuelta y por un solo voto.