X

No es solo el dólar: a dónde llega la onda expansiva del estallido financiero

Mientras el Central libra una guerra contra la escalada del billete verde, conviene prestar atención al nivel de depósitos, a la tasa y a la inflación. El rol del FMI. ¿Por qué el mercado erró tanto?
Por 12/08/2019 13:40

El dólar es el ítem más llamativo de la tormenta financiera que se desató este lunes sobre la Argentina, pero la crisis no se agota en su escalada y ahora será necesario comenzar a prestar atención a otros indicadores críticos, como la estabilidad de los depósitos a plazo fijo en pesos, el nivel de la tasa de interés de referencia (con su impacto negativo sobre una economía ya congelada) y, desde este mismo mes, la inflación. De hecho, cuanto más violentos sean los movimientos cambiarios, mayores serán los peligros para la economía y para la propia gobernabilidad, lo que obligará a realizar una tarea de contención de emergencia a una administración que perdió en apenas un domingo frío una gran parte de su poder.

Esos depósitos, $1,2 billones colocados a corto plazo, son el posible combustible de una corrida contra el peso dificil de contener, algo que inquieta a los mismos bancos que hicieron fortunas virtuales simplemente convirtiendo esas colocaciones en papeles de deuda del Banco Central, las Letras de Liquidez (Leliq) que vencen cada siete días. Ante ese escenario, todas las "soluciones" son malas y se cargan de efectos secundarios. Por un lado, la suba de la tasa de interés de referencia, que ya se empezó a verificar, enfriará más una economía que desde hace tiempo registra temperaturas bajo cero; por el otro, la venta de dólares en el mercado por parte del Banco Central, que, de prolongarse, puede amenazar el nivel de reservas y, con esto, que el stand-by firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no sirva para su finalidad de evitar un default. El riesgo es que esos recursos prestados se terminen yendo por la canaleta de la especulación y la fuga (Ernesto Sanz dixit).

 

 

Si la recesión amenaza con empeorar, lo mismo ocurre con la inflación. Se sabe que los precios internos, empezando por los de los alimentos, siguen en la Argentina de modo muy directo los avatares cambiarios, por lo que, si la mala racha continúa, cabe esperar que la lenta declinación de los últimos meses sea otra de las frustraciones que el Gobierno les dejará a los argentinos.

El FMI jugó en la campaña de modo ambiguo. Por un lado, el mega paquete de financiamiento de 57.000 millones de dólares sirvió para evitarle al país los estragos de una nueva cesación de pagos, pero el modo en que se lo aplicó en la práctica se pareció bastante a un financiamiento de campaña a favor de Mauricio Macri. Una de las últimas concesiones del organismo consistió en autorizar al presidente del Banco Central, Guido Sandleris, a intervenir a discreción en el mercado cambiario para evitar momentos de volatilidad fuerte, potestad que el funcionario puso en práctica este mismo lunes. 

El problema es que el mecanismo, que va contra todos los manuales conocidos del Fondo, que indican que sus préstamos no deben gastarse en evitar ajustes cambiarios, fue pensado para una coyuntura política en la que, se suponía, Macri podía llegar a octubre con buenas posibilidades de reelección. La paliza que le dio Alberto Fernández en las Primarias Abiertas, Sumultáneas y Obligatorias (PASO) del domingo no es, ciertamente, ese escenario. Y, para peor, de la votación del domingo ni siquiera surgió un presidente electo. La transición hasta el cambio de mando en diciembre amenaza con convertirse en un via crucis para el Gobierno y para la sociedad.

Así las cosas, despunta una duda: si la corrida y la fuga de divisas se hacen intensas, ¿mantendrá el FMI, que encima vive su propia transición por la salida de Christine Lagarde, esa luz verde para intervenir u obligará a la autoridad monetaria a guardar las divisas que le prestó y que son, nada menos, que el reaseguro del pago de la deuda pública de vencimiento inminente? Cada día de turbulencia hará ese interrogante más perentorio y acercará un poco más el espectro de un default.

 

 

Ahora bien, ¿qué explica semejante reacción al resultado de las PASO de esa entelequia que se da en llamar "mercado"?

Por un lado, a los inversores, traders y asesores de inversión no les da lo mismo que la herencia que deja Macri sea gestionada por un gobierno como el actual, muy amigable a su interés, o por uno post kirchnerista. La agenda es tupida y va desde la renegociación del Stand-by con el Fondo (de modo de convertirlo en un programa de Facilidades Extendidas, con plazos de pago más generosos pero con condicionalidades mucho más exigentes) a una reestructuración de la deuda con los propios tenedores privados, cuyo volumen el macrismo incrementó de modo probablemente insustentable. Y, en el medio, la posibilidad de que un futuro gobierno albertista imponga alguna forma de control de cambios y a los movimientos de capitales, herramientas que, más allá de sus bondades o contraindicaciones, complican las ganancias del sistema financiero.

 

 

Esas percepciones explican que el último viernes un par de encuestas, ahora se sabe que fatalmente equivocadas, hayan hecho creer a muchos que la reelección de su presidente favorito estaba al alcance de la mano. Pero, como se temía, el "súper viernes" devino en "lunes negro".

La brusquedad de las correcciones en activos nacionales, desde el peso a los bonos y las acciones, se debe a que el mercado nunca creyó que una derrota semejante de Macri fuera posible. Es más, muchos inversores, traders y asesores de inversión se atormentaron en el cierre del domingo con la pregunta de por qué quedaron tan comprados en el final de la última semana. El blanco de su ira es la consultora Elypsis, cuya encuesta final les había alentado su confianza en un final feliz.

 

 

Terminada la veda, vale comentar qué decía ese estudio postrero. 

 

En rigor, el mercado creyó lo que quiso. En ningún momento de la campaña electoral las encuestas justificaron que los activos argentinos (bonos y acciones) estuvieran priceadas con una probabilidad de triunfo de Macri del 60%.

 

Elypsis indicaba que Macri había crecido hasta imponerse por 38% a 37% sobre Fernández en intención de voto. Aclaraba, sin embargo, que una baja participación podía mermar el caudal de votos del Presidente en dos o tres puntos porcentuales. Eso, más el margen de error, podía justificar entre 5 y 6 puntos de desviación, realmente mucho. Sin embargo, en este caso no hubo baja asistencia a las urnas y la encuesta encima se equivocó de ganador y proporciones. Falla total.

También ayudó a la ola alcista del final de la semana pasada un sondeo del banco de inversión brasileño BTG Pactual, que le dio a Fernandez una ventaja de apenas 38,5% a 37,5% sobre Macri, mientras que le adjudicó a este último una de 2,5 puntos porcentuales para un eventual ballotage en noviembre.

Elypsis erró, igual que BTG Pactual, pero, para colmo, el mercado hizo una lectura incorrecta y exagerada de esos datos. En rigor, el mercado creyó lo que quiso. En ningún momento de la campaña electoral las encuestas, por malas que se hayan probado, justificaron que los activos argentinos estuvieran priceados con una probabilidad de triunfo de Macri del 60%, tal como advertía con preocupación Balanz Capital en un informe del 10 de julio. “Los precios de los activos argentinos reflejan una probabilidad superior al 60% de que Macri gane las elecciones, lo cual es optimista desde nuestro punto de vista”, decía. Algunos escucharon y dolarizaron más sus carteras; otros insistieron en la confusión entre deseos y análisis.

 

 

La apuesta macrista a la híper polarización siempre fue temeraria, tanto en lo político como en lo financiero. Llega ahora el momento de pagar esa apuesta sin red, cuando a esa forma de circo político le terminaron de crecer los enanos que alimentó por largo tiempo.

La herencia será más pesada que nunca.