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Por qué el Gobierno puede ganar

En Balcarce 50 manejan encuestas que muestran a Macri empatando con los Fernández. Crecimiento clave en Córdoba y Santa Fe y la cuesta empinada del conurbano. ¿El bolsillo no es todo?

Por 27/07/2019 12:40

A dos semanas de las PASO, Mauricio Macri, Marcos Peña y Jaime Durán Barba se ven competitivos y van a librar una batalla que se juega en dos terrenos a la vez: el de los votos y el de la verdad. El Gobierno no sólo quiere obtener el mejor resultado, empatar o perder por poco en las primarias. Además, apuesta a confirmar una serie de máximas que Cambiemos trajo a la política en su tiempo virginal, antes de asumir el poder y fracasar en la economía. La primera, que no sólo hay un electorado que vota más allá del bolsillo sino que, además, es mayoritario. Pudo haber pasado en 2017, con la economía que iba del rebote al crecimiento, y sería todavía más sorprendente que pasara ahora, con una recesión interminable que sólo el campo es capaz de transformar en tendencia positiva. 

Reales, ficticios, más o menos aproximados a la realidad, los números que manejan en la Casa Rosada marcan una serie de constantes que le dan ánimo a la tropa y la convencen de que puede ganar la elección más difícil. En primer lugar, las mediciones permanentes que encarga Peña registran, en los últimos cien días, un crecimiento de todas las variables vinculadas al oficialismo, incluida la intención de voto. “Macri viene recortando puntos. Por momentos con mayor velocidad, ahora con menor, pero viene ocurriendo casi sin parar”, le dijo a Letra P un miembro del equipo de campaña de la alianza Juntos por el Cambio. De acuerdo a esos mismos números, la oposición no sufre una caída, pero experimenta un estancamiento.

 

 

LA OFERTA. A diferencia de otras encuestadoras que muestran a la fórmula de los Fernández arriba por una distancia de entre cuatro y ocho puntos promedio, las que trabajan para el Gobierno hablan de una igualdad que, con indecisos proyectados, ronda los 37 o 38 puntos. Los últimos números conocidos de la consultora Isonomía indican que existe una paridad en torno a 35%. Los estudios de Durán Barba, que no suelen difundirse, marcan una ventaja -exigua- para el Frente de Todos. Lo que más interesa al núcleo duro del PRO, sin embargo, es la tendencia. “Con la misma metodología que yo encuestaba hace cuatro meses y tenía a Macri en 23% de intención de voto, hoy lo tengo en 35%. Aunque se cuestione la muestra, hay una mejora innegable del Gobierno”, le dijo a Letra P un consultor que trabaja para Peña.

“Con la misma metodología que yo encuestaba hace cuatro meses y tenía a Macri en 23% de intención de voto, hoy lo tengo en 35%”, le dijo a Letra P un consultor que trabaja para Peña.

Según dicen en Balcarce 50, hace un mes y medio perder por cinco puntos el 11 de agosto era un buen resultado. Ahora, la aspiración es llegar a un empate o quedar entre dos y tres puntos abajo como mucho. Siempre dentro del margen de error. Esa sería una excelente noticia para el Gobierno y también la confirmación de sus pronósticos y tesis: que la economía ya no pesa como antes y que hay un tercio o más de la sociedad dispuesto a acompañar el rumbo que traza Macri con el apoyo del Fondo y el aval de Donald Trump, el Círculo Rojo y los grandes medios de comunicación. 

Otros en el oficialismo sostienen que Peña prefiere un escenario en el que Macri corra desde atrás en las PASO y pierda, pero por una diferencia posible de remontar, de no más de cinco o seis puntos. “Marcos cree que ganar por dos puntos puede producir un achanchamiento”, afirman. El riesgo, que tampoco se descarta en la Casa Rosada, es que la polarización extrema deje a Alberto y Cristina Fernández más cerca del 45% en octubre.

La explicación del crecimiento de Macri es materia de interpretación. Primero, el dólar dopado durante más de un mes con el respaldo del Fondo, un efecto que ahora empieza a ser otra vez desafiado por el mercado y genera un signo de interrogación en los días que restan hasta el 11 de agosto. Segundo, las artes del macrismo en campaña y tercero -quizás fundamental-, la polarización que fomenta el Gobierno y deja muy atrás a la tercera opción que busca encarnar Roberto Lavagna. Lo explica un estratega del PRO: “La demanda social se ordena por la oferta electoral. Te pueden preocupar la seguridad, la economía, la inflación, miles de demandas no satisfechas. Pero, en algún momento del proceso, se viene encima la elección y hay que optar por lo que hay: A, B o C”. De acuerdo a esa hipótesis, la indefinición de votantes desencantados del macrismo termina ahora en una nueva chance para el Presidente.

 

El chiche nuevo de Peña: el jefe de campaña gastó medio millón en una app para distribuir propaganda.

 

Los focus group y las encuestas del Gobierno muestran que también a los votantes de Macri les pesa la economía y la sufren. Pero no están tan apremiados porque pertenecen a un estrato social que está a salvo de la crisis o priorizan lo que consideran los activos diferenciales de Cambiemos: el rechazo al pasado cristinista, la lucha contra la corrupcion y el narcotrafico y cierta idea de rumbo futuro como el que insinúa el macrismo en instancias como las del G20 y el acuerdo con la UE. Todo un imaginario más ligado a las clases medias no peronistas de los grandes centros urbanos.

En la Casa Rosada, están convencidos de que a Macri le va a ir mejor de lo que les fue a sus candidatos a gobernador en todas las elecciones provinciales.

INFLAR A MACRI. En la Casa Rosada, están convencidos de que a Macri le va a ir mejor de lo que les fue a sus candidatos a gobernador en todas las elecciones provinciales. Pero hay dos distritos a los que apuestan sobre todo: Córdoba y Santa Fe, donde los resultados fueron muy negativos. En el distrito que gobierna Juan Schiaretti, la alianza fue dividida en mayo por la pelea entre las facciones radicales y quedó muy lejos del peronista que mejor se lleva con el Presidente. Según los números del PRO, Macri está llegando hoy a un 50% de intención de voto en la provincia que lo hizo grande y el objetivo es empardar el 53% que obtuvo en 2015. En ese cuadro, el ingeniero le saca hoy casi 25 puntos de diferencia a los Fernández, una cifra que está muy por encima de otras que maneja la oposición y reducen la distancia a 15 puntos.

En Santa Fe, donde el oficialismo nacional salió tercero lejos de Omar Perotti y Antonio Bonfatti, ahora Macri aparece -siempre según las encuestas de la Rosada- con un crecimiento que sugiere que se queda con gran parte del electorado de Lavagna. El Presidente apuesta a crecer más también en la ciudad de Buenos Aires, la zona franca del ensayo amarillo donde perdió en imagen y en intención de voto, algo que complica al mismísimo Horacio Rodríguez Larreta.

La provincia de Buenos Aires, incluso para las encuestadoras de Balcarce 50, es el punto ciego donde el entusiasmo amarillo hace agua y la crisis pega con mayor dureza. Para consultoras como Isonomía y Aresco, Macri aparece entre ocho y diez puntos por debajo de Fernández en el territorio madre de todas las batallas. De eso, no hay duda y el escenario que esperaban a esta altura era otro.

 

 

Sin embargo, la discusión se abre en torno al corte de boleta. Para María Eugenia Vidal y su jefe de Gabinete, Federico Salvai, el corte de 2015 -de casi siete puntos- es irrepetible después de cuatro años de gobierno y con Axel Kicillof como rival: puede oscilar entre tres y cinco puntos como mucho. Sin embargo, algunos estudios que encarga la Casa Rosada afirman que un porcentaje muy alto se manifiesta dispuesto a cortar y la ilusión de una sorpresa favorable anida en el macrismo nacional, aunque no se diga. Habrá que verlo en el cuarto oscuro, donde no hay multiple choice sino lista sábana.

Hasta el más optimista de los soldados del PRO admite que la inmensidad bonaerense es el peor lugar para Macri y el mejor para Cristina.

Hasta el más optimista de los soldados del PRO admite que la inmensidad bonaerense es el peor lugar para Macri y el mejor para Cristina. Todos reconocen que el Presidente va a perder por mucho en la Tercera sección electoral y aspira a recortar la distancia general en Bahía Blanca, Mar del Plata, La Plata y el Interior. “El que gana la Primera, gana la provincia”, afirman. Ahí es donde los votos leales al retornado Sergio Massa pueden ser decisivos para el frente opositor. 

El Gobierno está atento también al porcentaje de votos de José Luis Espert, la amenaza que es capaz de robarle, por derecha, votos esenciales a Macri. Pero lo que el ingeniero puede sufrir en las presidenciales puede beneficiar a Vidal en la provincia: el juez federal subrogante Adolfo Ziulu -el mismo que debe investigar la causa de aportantes truchos en la campaña de la gobernadora- le impidió a Espert llevar un candidato a gobernador y el corte de boleta es obligado para sus votantes bonaerenses, una ventaja clave en una elección que se define por un voto en octubre.

De acuerdo a los números oficiales, Macri está llegando a los 30 puntos en la provincia de Buenos Aires, una cifra sorprendente después de un mandato que deja un combo de recesión, más inflación, más desempleo y más pobreza. En octubre de 2015, sacó el 33%. “Le faltan entre dos y cuatro puntos para estar tranquilo en la presidencial. Si llega, está salvado, es un Macri suficientemente bueno para evitar el corte. Si queda debajo del 30%, empezás a tener una gran duda”, le dijo a Letra P un funcionario nacional que monitorea encuestas de manera permanente. También habrá que verlo.

 

 

¿VIDAL NO ES MACRI? La gran apuesta del macrismo es que Vidal vuelva a lograr una ventaja adicional en la provincia y la mochila de plomo que todavía representa Macri pese menos en agosto y nada en octubre. El Presidente no logra recortar la distancia con los Fernández, pero el corte de boleta es un enigma y el oficialismo confía en las dotes mágicas de la gobernadora para aparentar ser algo distinto.

Especialista en el conurbano bonaerense, historiador e investigador en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Jorge Ossona es uno de los que no descartan esa posibilidad. Sostiene que todas las derrotas del kirchnerismo desde 2009 responden a la crisis de conducción en el peronismo y considera que ese factor no está resuelto. “El peronismo no tiene ni liderazgo ni programa y su dominio territorial está en cuestión. La jefatura está en crisis desde la muerte de Kirchner y tampoco tiene un programa. ¿Cuál es, el de Kicillof o el de Nielsen?”, se pregunta.

Miembro del Club Político, adherente al gobierno de Macri, Ossona habita el conurbano sur y no niega el impacto de la crisis económica, pero coincide con los que dicen que el voto no se explica únicamente por el bolsillo. “Mucha gente dice 'está bien, este tipo fracasó económicamente, con el kirchnerismo se repartía más y había más plata, pero el narcotráfico y el crimen organizado pegaron fuerte en los barrios'”, le dice a Letra P.

Enumera una serie de razones que también tienen peso entre sectores desfavorecidos por el Gobierno: la lucha contra el narco que, según afirma, se ve clara en los barrios; la simplificación del trámite para acceder a subsidios sociales a través de la ANSES, el pavimento, las cloacas y, también, la comparación con el largo gobierno de Daniel Scioli. Parte de los puntos a favor que Vidal busca hacer valer en campaña.

 

 

“Si hay algo que caracteriza al votante medio de los barrios populares es el descontento general. La gente va a votar a Fernandez-Fernandez pero también va a votar a Vidal por su gestión en seguridad. Las cocinas son muchas y están protegidas por sectores de la Policía. Es muy difícil ir contra el Estado dentro del Estado, pero hoy los habitantes de la provincia siempre tienen respuesta y el ministerio responde. Antes, nada”, asegura.

"Si el conurbano vota monolíticamente a favor de los Fernández, no hay Vidal que valga. Pero yo tengo mis serias dudas de que vaya a ser así." (Jorge Ossona)

Autor de “Punteros, malandras y porongas” (Siglo XXI), Ossona apunta a la diferencia que en la provincia de Buenos Aires representa la gobernadora con respecto al Presidente. “Aunque en términos reales Vidal es Macri, a ella no se la identifica con Macri. Macri es un rico que no tiene sensibilidad para comprender lo que pasa entre los pobres. Vidal va a los barrios, se mete y cae de sorpresa. El Ministerio de Desarrollo Social aporta lo suyo. Son aprendices de Macri y son los dispositivos de Macri. Pero se percibe otra cosa”, dice.

El investigador, que escribió sobre La Salada en el libro “Conurbano Infinito”, del jesuita Rodrigo Zarazaga, y trabaja también sobre la religión umbanda y las nuevas devociones populares, conoce como pocos la Tercera sección electoral, donde el cristinismo tiene su mayor fortaleza. “En la Tercera, la diferencia va a ser enorme. Si la homogeneidad kirchnerista es total, el peronismo va a recuperar lo que viene perdiendo desde 2013. Si el conurbano vota monolíticamente a favor de los Fernández, no hay Vidal que valga. Pero yo tengo mis serias dudas de que vaya a ser así. No hay que pensar que a un ciudadano de la pobreza lo llevan de las narices. Es una persona consciente de sus intereses, pero no son los mismos que tenemos nosotros”, apunta.

Por último, Ossona deja abierto un interrogante en torno a lo que pueda pasar desde agosto hasta octubre, con el resultado de las primarias ya definido. “Hay que ver cómo reacciona la provincia. Es una situación absolutamente impredecible”, advierte. Es, tal vez, la última de las grandes esperanzas del Gobierno: que se repita en 2019 lo que sucedió en 2015, cuando tres millones de personas más fueron a votar a nivel nacional y le dieron la victoria a Macri. Con otro contexto y los resultados de cuatro años de gestión que se perciben en la vida cotidiana, falta menos para saber qué lógica prevalece.