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Descafeinada, CFK gambeteó la campaña y les habló a los desencantados

La ex presidenta usó la presentación de su libro para convocar al diálogo. Dio un discurso breve y no lanzó su candidatura pero dejó señales. Conciliadora, pidió "no enojarnos". La fuerza militante.
Por 10/05/2019 0:08

Las caras conocidas de intendentes, diputados, senadores, ex funcionarios y ex gobernadores remitían a tiempos del kirchnerismo en la Casa Rosada. Los cánticos de los invitados rememoraron los patios militantes y la atención mediática emuló las tan criticadas cadenas nacionales. Pero sobre el escenario de la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro, Cristina Fernández de Kirchner no se pareció mucho a la que era cuando estaba al frente del Poder Ejecutivo. Lejos del tono beligerante y de los retos, la ex presidenta usó la presentación de su libro "Sinceramente" para convocar a un "nuevo contrato social", y, sin dar definiciones claras sobre su futuro ni hacer alusión alguna a su candidatura, dejó señales poderosas en su espíritu conciliador.

Fueron apenas 35 minutos, en los que Cristina se abocó específicamente a hacer la presentación de su libro, cuando los mil asistentes que colmaron la sala y las más de 30 mil personas que escuchaban bajo la lluvia afuera de La Rural esperaban un discurso largo y una bajada de línea política que al menos insinuara una candidatura presidencial.   

 

 

El "Cristina presidenta" que aturdió el interior y las afueras del predio no la hizo recalcular. A las 20.39, cuando la ex presidenta agradeció a los presentes y se despidió, más de un dirigente quedó absorto. "No estamos acostumbrados a esto, pensamos que iba a durar tres horas", dijo un diputado. Otro de los asistentes agradeció que la ex presidenta se hubiera concentrado "más en el tono que en la bajada de línea ideológica" que colma la paciencia ciudadana.

"Lo importante es el mensaje. Hay que convocar a todos. Cuando el 10 de diciembre haya que empezar a gobernar este país se va a necesitar mucho diálogo. La señal fuerte está afuera, hay 40 mil personas", celebró el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez. Con La Rural copada, el kirchnerismo sintió el retorno de la mística, que no solo se limitó a la presencia física sino a los números del rating que arrojo la televisión, que los voceros de la ex presidenta anunciaban en 36 puntos, sumando canales de aire y señales de cable, a los que se agregaron cientos de miles de usuarios visualizando en redes sociales.

 

 

Un boom editorial y mediático, que Cristina disfrutó desde el escenario, al lado de la presidenta de la Fundación El Libro, María Teresa Carbano, y del director en Argentina de Penguin Random House Grupo EditorialJuan Ignacio Boido, que la precedieron en el uso de la palabra. Puesta en modo autora, la ex presidenta repasó las etapas de la escritura del libro y dio, con esa introducción, la primera señal política al revelar que el impulso para lanzarse a la aventura editorial se lo había dado su ex jefe de Gabinete Alberto Fernández.

 

 

Reconciliado con la ex presidenta a fines de 2017 tras diez años de distanciamiento, Fernández ocupó este jueves un lugar privilegiado en la sala. Fue el único político que tuvo un asiento reservado a su nombre en la primera fila, al lado de Estela de Carlotto, mientras los demás dirigentes no pasaron del límite de la tercera. Con la mención a Fernández y su lugar en la sala, Cristina lo enarboló como su jefe de campaña y dejó claro que las palabras de su ex jefe de Gabinete son las suyas. 

"A la Argentina le hace falta calmar ánimos y empezar a construir sin peleas. El mensaje fue en ese sentido. Cristina dijo que no podemos vivir en un país de todos contra todos. Fue muy reflexiva, tratando de convocar a todos a generar un nuevo contrato social que determine qué país queremos", explicó Fernández una vez terminado el acto, mientras la militancia abandonaba lentamente Palermo, envuelta en cantos de aliento a la ex presidenta, que salió a saludar a los que no pudieron ingresar a la sala pero evitó dar un discurso.

 

 

La alusión al consenso social también dejó otro indicio. El ex ministro Carlos Tomada recordó que lo mismo había hecho Cristina en 2007, cuando lanzó su candidatura presidencial en el Teatro Argentino de La Plata. Siempre con el libro como excusa y sin hablar de cuestiones electorales, la ex presidenta dijo que "va a ser necesario algo más" que enunciados de acuerdos y llamó a construir "algo diferente". "Vamos a necesitar un contrato de todos los argentinos",  dijo, en una referencia elíptica al llamado al consenso del presidente Mauricio Macri. En la platea hubo invitados que dieron cuenta de la apertura cristinista. En La Rural estuvieron desde Felipe Solá hasta los ex massistas Daniel Arroyo y Fernando Asencio, Victoria Donda, Fernando "Pino" Solanas y Magdalena Odarda hasta el empresario Daniel Vila, que dio la sorpresa de la noche entre los presentes.

El discurso, despojado de toda definición sobre candidaturas, también lanzó otro dato al pasar. Entre los pocos mencionados estuvieron, además de Néstor Kirchner y Fernández, dos peronistas que están del otro lado del puente, Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, con los que Cristina pretende dialogar.  

 

 

"Cuando Néstor Kirchner asumió como presidente de todos los argentinos en medio de una crisis muy importante, en 2003, recibió 2,3 millones de planes Jefes y Jefas de hogar, que era un instrumento importante que había tenido el gobierno del doctor Duhalde y el ministro Lavagna para paliar la terrible crisis de 2001. Cuando nos tocó entregar en 2015 el gobierno, de aquellos planes había 207 mil. porque habíamos generado millones de puestos de trabajo que permitieron a esos planes poder encontrar una ocupación", dijo.

Sin apuntar directamente ni usar un tono confrontativo, como solía hacer durante su gobierno, Cristina hizo una alusión lateral a los medios al decir que “mucha gente decide en base a información incorrecta" y por eso llamó a "no enojarnos los unos con los otros", sino a "tratar de comprender, de entender" a la ciudadanía, en obvia referencia a los votantes de Cambiemos, o refractarios al kirchnerismo, a los que intenta reconquistar. Para ellos, fueron directas las alusiones al "mercado interno fuerte" y la defensa del trabajo, que terminaron en un inesperado elogio a política económica de Donald Trump. "Miren lo que está pasando en Estados Unidos, la economía vuela. Tienen el índice de desempleo más bajo de los últimos 50 años", sorprendió, mientras el antikirchnerismo insiste en pegarla a la Venezuela de Nicolás Maduro

"La gente empuja. Pero démosle tiempo a Cristina a que tome una decisión", dijo Fernández una vez finalizado el acto sin que la duda sobre su candidatura estuviera resuelta. Aunque sin definiciones, en La Rural Cristina mostró en público los cambios que su entorno viene relatando desde hace meses, revitalizó la mística y se zambulló definitivamente dentro de la campaña. 

Descafeinada, CFK gambeteó la campaña y les habló a los desencantados

La ex presidenta usó la presentación de su libro para convocar al diálogo. Dio un discurso breve y no lanzó su candidatura pero dejó señales. Conciliadora, pidió "no enojarnos". La fuerza militante.

Las caras conocidas de intendentes, diputados, senadores, ex funcionarios y ex gobernadores remitían a tiempos del kirchnerismo en la Casa Rosada. Los cánticos de los invitados rememoraron los patios militantes y la atención mediática emuló las tan criticadas cadenas nacionales. Pero sobre el escenario de la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro, Cristina Fernández de Kirchner no se pareció mucho a la que era cuando estaba al frente del Poder Ejecutivo. Lejos del tono beligerante y de los retos, la ex presidenta usó la presentación de su libro "Sinceramente" para convocar a un "nuevo contrato social", y, sin dar definiciones claras sobre su futuro ni hacer alusión alguna a su candidatura, dejó señales poderosas en su espíritu conciliador.

Fueron apenas 35 minutos, en los que Cristina se abocó específicamente a hacer la presentación de su libro, cuando los mil asistentes que colmaron la sala y las más de 30 mil personas que escuchaban bajo la lluvia afuera de La Rural esperaban un discurso largo y una bajada de línea política que al menos insinuara una candidatura presidencial.   

 

 

El "Cristina presidenta" que aturdió el interior y las afueras del predio no la hizo recalcular. A las 20.39, cuando la ex presidenta agradeció a los presentes y se despidió, más de un dirigente quedó absorto. "No estamos acostumbrados a esto, pensamos que iba a durar tres horas", dijo un diputado. Otro de los asistentes agradeció que la ex presidenta se hubiera concentrado "más en el tono que en la bajada de línea ideológica" que colma la paciencia ciudadana.

"Lo importante es el mensaje. Hay que convocar a todos. Cuando el 10 de diciembre haya que empezar a gobernar este país se va a necesitar mucho diálogo. La señal fuerte está afuera, hay 40 mil personas", celebró el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez. Con La Rural copada, el kirchnerismo sintió el retorno de la mística, que no solo se limitó a la presencia física sino a los números del rating que arrojo la televisión, que los voceros de la ex presidenta anunciaban en 36 puntos, sumando canales de aire y señales de cable, a los que se agregaron cientos de miles de usuarios visualizando en redes sociales.

 

 

Un boom editorial y mediático, que Cristina disfrutó desde el escenario, al lado de la presidenta de la Fundación El Libro, María Teresa Carbano, y del director en Argentina de Penguin Random House Grupo EditorialJuan Ignacio Boido, que la precedieron en el uso de la palabra. Puesta en modo autora, la ex presidenta repasó las etapas de la escritura del libro y dio, con esa introducción, la primera señal política al revelar que el impulso para lanzarse a la aventura editorial se lo había dado su ex jefe de Gabinete Alberto Fernández.

 

 

Reconciliado con la ex presidenta a fines de 2017 tras diez años de distanciamiento, Fernández ocupó este jueves un lugar privilegiado en la sala. Fue el único político que tuvo un asiento reservado a su nombre en la primera fila, al lado de Estela de Carlotto, mientras los demás dirigentes no pasaron del límite de la tercera. Con la mención a Fernández y su lugar en la sala, Cristina lo enarboló como su jefe de campaña y dejó claro que las palabras de su ex jefe de Gabinete son las suyas. 

"A la Argentina le hace falta calmar ánimos y empezar a construir sin peleas. El mensaje fue en ese sentido. Cristina dijo que no podemos vivir en un país de todos contra todos. Fue muy reflexiva, tratando de convocar a todos a generar un nuevo contrato social que determine qué país queremos", explicó Fernández una vez terminado el acto, mientras la militancia abandonaba lentamente Palermo, envuelta en cantos de aliento a la ex presidenta, que salió a saludar a los que no pudieron ingresar a la sala pero evitó dar un discurso.

 

 

La alusión al consenso social también dejó otro indicio. El ex ministro Carlos Tomada recordó que lo mismo había hecho Cristina en 2007, cuando lanzó su candidatura presidencial en el Teatro Argentino de La Plata. Siempre con el libro como excusa y sin hablar de cuestiones electorales, la ex presidenta dijo que "va a ser necesario algo más" que enunciados de acuerdos y llamó a construir "algo diferente". "Vamos a necesitar un contrato de todos los argentinos",  dijo, en una referencia elíptica al llamado al consenso del presidente Mauricio Macri. En la platea hubo invitados que dieron cuenta de la apertura cristinista. En La Rural estuvieron desde Felipe Solá hasta los ex massistas Daniel Arroyo y Fernando Asencio, Victoria Donda, Fernando "Pino" Solanas y Magdalena Odarda hasta el empresario Daniel Vila, que dio la sorpresa de la noche entre los presentes.

El discurso, despojado de toda definición sobre candidaturas, también lanzó otro dato al pasar. Entre los pocos mencionados estuvieron, además de Néstor Kirchner y Fernández, dos peronistas que están del otro lado del puente, Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, con los que Cristina pretende dialogar.  

 

 

"Cuando Néstor Kirchner asumió como presidente de todos los argentinos en medio de una crisis muy importante, en 2003, recibió 2,3 millones de planes Jefes y Jefas de hogar, que era un instrumento importante que había tenido el gobierno del doctor Duhalde y el ministro Lavagna para paliar la terrible crisis de 2001. Cuando nos tocó entregar en 2015 el gobierno, de aquellos planes había 207 mil. porque habíamos generado millones de puestos de trabajo que permitieron a esos planes poder encontrar una ocupación", dijo.

Sin apuntar directamente ni usar un tono confrontativo, como solía hacer durante su gobierno, Cristina hizo una alusión lateral a los medios al decir que “mucha gente decide en base a información incorrecta" y por eso llamó a "no enojarnos los unos con los otros", sino a "tratar de comprender, de entender" a la ciudadanía, en obvia referencia a los votantes de Cambiemos, o refractarios al kirchnerismo, a los que intenta reconquistar. Para ellos, fueron directas las alusiones al "mercado interno fuerte" y la defensa del trabajo, que terminaron en un inesperado elogio a política económica de Donald Trump. "Miren lo que está pasando en Estados Unidos, la economía vuela. Tienen el índice de desempleo más bajo de los últimos 50 años", sorprendió, mientras el antikirchnerismo insiste en pegarla a la Venezuela de Nicolás Maduro

"La gente empuja. Pero démosle tiempo a Cristina a que tome una decisión", dijo Fernández una vez finalizado el acto sin que la duda sobre su candidatura estuviera resuelta. Aunque sin definiciones, en La Rural Cristina mostró en público los cambios que su entorno viene relatando desde hace meses, revitalizó la mística y se zambulló definitivamente dentro de la campaña.