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La opción por los peronistas

Vidal no va a la Semana Social para evitar otro reto de obispos de Bergoglio. La crisis social y el choque Gobierno-Curia. La furia católica por el avance evangélico y los contactos Alberto-Francisco.
Por 27/06/2019 15:04

Hace un año, María Eugenia Vidal vivió en Mar del Plata un mal momento en un escenario en el que jamás pensó sentirse tan incómoda. En un hecho sin precedentes, monseñor Jorge Lugones tomó el micrófono y contradijo el discurso de la gobernadora: “Están bien los verbos ‘estar’ y ‘hacer’ pero falta sentir, falta la sensibilidad social”, dijo. Lo escuchaban el presidente del Episcopado designado por el papa Francisco, Oscar Ojea, y la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. Las palabras de clausura del presidente de la Pastoral Social cortaron el aire con un cuchillo y quedaron talladas como postal de una época en la que la Iglesia Católica y el gobierno de Mauricio Macri nunca hablaron el mismo lenguaje.

 

 

Un año después, la “Semana Social” que organiza la Curia en La Feliz vuelve a empezar y ni Vidal ni Stanley serán de la partida. Así se lo dijeron a Letra P fuentes del Episcopado y lo confirmaron desde la Casa Rosada y el gobierno provincial.

Vidal y Stanley ven un cura y lloran: no estaran este año en la "Semana Social" que organiza el Episcopado en Mar del Plata.

El único representante del gobierno nacional será el secretario de Culto, Alfredo Abriani, un abogado católico que reporta a Marcos Peña y lleva adelante las “buenas relaciones formales” con los embajadores del papa pero no puede obrar milagros. Stanley viajará a Salta para el cumpleaños número 70 de su suegro, el padre de Federico Salvai, el jefe de Gabinete de Vidal. Sobre qué hará la gobernadora, no hay precisiones. Pero la ausencia de las dos mujeres que mejor se llevan con la Iglesia da cuenta de una distancia difícil de suturar.

El Episcopado vive con preocupación la crisis económica y no ve la recuperación que adivina el macrismo detrás de los números del INDEC. Mar del Plata cerrará una semana que abrió con las cifras amargas que difundió la Universidad Católica sobre el crecimiento del trabajo en negro en Argentina. Después de tres años con Mauricio Macri como presidente, de acuerdo a los datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, los asalariados que viven en la informalidad ascienden al 49,3% y, de ese total, el 75% no recibe aportes a la seguridad social.

Por sí solo, el tendal de heridos que deja la política económica del macrismo alcanza para justificar el rostro pétreo de Francisco en el gélido y único encuentro que tuvo con Macri en el Vaticano y su decisión de sobrevolar suelo patrio sin aterrizar durante la era de Cambiemos. El astuto jesuita deja entrever que en 2020 volverá a su país y, aunque no lo diga, oficialistas y opositores suponen que le gustaría ver a un peronista otra vez en la Casa Rosada.

 

 

LA OFENSIVA EVANGÉLICA. Sin embargo, hay más motivos para la tensión entre Iglesia y macrismo. Lo explican desde el Episcopado. “Una cosa es el diálogo interreligioso que promovió Bergoglio acá y acompañó el kirchnerismo desde la Secretaría de Culto. Otra cosa es darles prioridad a los evangelistas de derecha, como hace el PRO, y poner en un pie de igualdad la ayuda social que se distribuye a los dos cultos”.

De acuerdo al último estudio que hizo Fortunato Mallimaci, los católicos vienen cayendo en Argentina y pasaron de ser el 90% de la población que registró el censo de 1960 al 76% que se declaró así en un trabajo de 2008 realizado por el Conicet y cuatro universidades nacionales. Pese a su crecimiento, los evangélicos eran hace 11 años apenas el 9% de la población. De acuerdo al Gobierno, que los privilegia y parece preferirlos, hoy son el 12%. El encuentro del Presidente con la diputada electa Amalia Granata en la residencia de Olivos fue apenas el último capítulo. Por la modelo en Santa Fe, ingresaron dos evangélicos como diputados provinciales, entre ellos, el pastor Walter Ghione.

Para ver hasta qué punto llega el desagrado, no hace falta más que ver la opinión de Marcelo Figueroa, un presbítero y biblista evangélico que se para en las antípodas de Donald Trump y cuestiona al gobierno de Macri y su alianza con un Miguel Ángel Pichetto que hace ademanes de ser el Bolsonaro argentino.

 

 

Considerado entre los sectores progresistas, Figueroa se define como protestante y ecuménico, es amigo personal de Francisco, viaja varias veces por año a Roma y dirigió la versión argentina de Le Osservatore Romano que durante un año salió con Editorial Perfil.

Pese a que comparten el rechazo a la despenalización del aborto y respaldan la ola celeste, las críticas de la Iglesia apuntan a los nexos del macrismo con los evangélicos y al financiamiento por parte de sectores de la derecha dura norteamericana que toma la doctrina de Billy Graham -fallecido en 2018- y reverencian al argentino Luis Palau.

Entre los discípulos de ese sector ubican a Cynthia Hotton, diplomática de carrera que trabaja en la Cancillería, es aliada ahora del candidato ex carapintada Juan José Gómez Centurión y dice haberse reunido tres veces en el último tiempo con el halcón republicano y estratega de campaña de Trump, Steve Bannon.

En el Vaticano, Francisco tiene un sensor que detecta los movimientos de esos especímenes en América Latina, con el “filósofo” Olavo de Carvalho -el asesor que para muchos más influye en Bolsonaro- y  el pastor Jorge Sennewald en Argentina.

 

Puntero de Dios. El evangélico Sennewald se jactó de apretar a Macri y a Vidal en la mismísima Casa Rosada por la educación sexual.

 

FRANCISCO Y ALBERTO. En enero de 2018, Alberto Fernández pensó en viajar a Chile para ver al papa. El ex jefe de Gabinete venía de una experiencia amarga en la provincia de Buenos Aires como jefe de campaña de Florencio Randazzo y buscaba un mensaje que le alumbrara el camino. Antes de subirse a un avión, consultó a uno de sus amigos con contactos con la Iglesia. “Lo vas a ver cinco minutos entre la multitud, mejor escribile”, le aconsejó Guillermo Oliveri, el ex secretario de Culto de Néstor y Cristina Kirchner. Alberto lo hizo y al día siguiente recibió un correo electrónico de "Su Santidad". El jesuita le decía que, después de su paso por Chile, iniciaría un retiro de 15 días y que, una vez finalizado, lo esperaría en Roma para una charla mano a mano, cuando él quisiera. En un mensaje afectuoso, que incluía la coincidencia de compartir el odontólogo, Francisco lo invitaba a viajar. El encuentro se concretó el 26 de enero en el Vaticano. Fernández, que apenas un mes antes había recuperado su contacto con CFK después una década, le informó a la ex presidenta.

En agosto de 2018, el ahora candidato a presidente volvió a viajar junto a Celso Amorim, ex canciller de Lula, y el ex ministro chileno Carlos Ominami.


 

 

PERONISMO JESUITA. De inmejorable relación con CFK durante sus últimos dos años como presidenta, Francisco deja trascender que le gustaría el retorno del peronismo al poder. Quienes lo conocen afirman que debe estar complacido de ver a a la senadora dando un paso al costado, sin resignar poder. Y sostienen que ve con buenos ojos incluso el regreso de Sergio Massa a un lugar accesorio, dentro del espacio mayoritario de la oposición.

En contraste con los choques habituales que la enfrentan a Macri, el vínculo de la cúpula de la Iglesia con el Frente de Todos hoy está colmado de coincidencias.

Es temprano para afirmarlo, pero algo parece claro: en contraste con los choques habituales que la enfrentan a Macri, el vínculo de la cúpula de la Iglesia con el Frente de Todos hoy está colmado de coincidencias. Sólo el tema de la interrupción voluntaria del embarazo figura como eje de una eventual tensión. Aunque las listas del espacio opositor tengan preeminencia de “pañuelos verdes”, la ex presidenta que obturó el debate durante su gobierno repite en cada oportunidad que tiene que la convocatoria incluye a los “pañuelos celestes”.

Fernández tenía previsto visitar a monseñor Ojea hace unas semanas, el mismo día en que debió internarse en el Sanatorio Otamendi por una “inflamación pleural”. Tal vez reciba información del Vaticano en las próximas horas. De diálogo permanente con las espadas de Francisco en el cristinismo, el peronista Aldo Carreras está una vez más en el Vaticano. Viajó para participar de la misa que preside este jueves "Su Santidad" por el 50 aniversario del matrimonio del laico Guzmán Carriquiry Lecour con su esposa, Lídice María Gómez Mango.

De origen militante en Guardia de Hierro como Bergoglio, en 2017, el profesor Carreras fue el encargado de avisarle a Ojea que iba a ser el presidente del Episcopado más parecido al pensamiento del jesuita. Desde entonces, Ojea tiene un vínculo de lo más directo con Carreras, que suele trasladarle los pareceres que el Papa le confiesa en Santa Marta, durante sus habituales visitas, en las que suelen compartir la misa. Tal vez a su regreso, el ex secretario de Población de Carlos Menem traiga un mensaje para el PJ opositor a Macri.