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Atrás del relato de Peña se esconde una profunda preocupación en Cambiemos

La insistencia del jefe de Gabinete en relativizar la crisis no condice con lo que se vive fuera del núcleo duro de la Casa Rosada. Las críticas no se agotan en la UCR. Dos pesos pesados, en alerta.
Por 03/07/2018 11:24

El Gobierno vive en estado de deliberación permanente. Una fuerte turbulencia hacia adentro y hacia afuera de la alianza que administra el país desde 2015 con Mauricio Macri como máximo líder. Con el argumento de que “la confianza del mundo” está depositada en el Presidente y en el rumbo económico, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, gasta en los medios un relato que no niega la crisis pero vislumbra una luz al final del túnel, encendida por la promesa de reducir el déficit fiscal y bajar la inflación al amparo de los términos dispuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI). La Casa Rosada pone sobre la mesa ese discurso de optimismo para calmar a propios y ajenos, pero ni el mercado ni dirigentes importantes de pura cepa PRO rubrican esa visión. La multiplicidad de recetas con efecto efímero que aplica la administración central en el intento de escapar a la tormenta económica produce una profunda y creciente preocupación en Cambiemos, según pudo reconstruir Letra P.

“El rumbo del Gobierno ha sido respaldado por las economías más importantes del mundo. Es inédita la confianza que genera Mauricio Macri. Sabemos que estamos atravesando una dificultad importante, pero el rumbo es el correcto”, señaló el funcionario en declaraciones a radio Mitre.

Dirigentes macristas que no forman parte del núcleo duro de la Casa Rosada, pero orbitan en el segundo cordón del partido gobernante, mascullan quejas. En la mesa política del oficialismo, el nivel de alerta subió notoriamente. Esa intranquilidad crece en las dos principales fortalezas del PRO: la gobernación bonaerense y la Jefatura de Gobierno portaña, que, en esta coyuntura, como en todas en su historial político, se funden en un solo centro de poder que piensa y actúa de igual manera.

 

 

María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta ofrecen sus ajustes y sus equipos económicos se encerraron el fin de semana para determinar cómo impactaría en sus cuentas fiscales el traspaso de servicios públicos a sus distritos. Está claro que la Nación quiere, bajo la premisa de reducir el déficit fiscal, disminuir el desembolso que hace en la Provincia y la Ciudad para garantizar los servicios de agua y luz. Incluso, la Casa Rosada puso sobre la mesa la posibilidad de traspasar el servicio de transporte pasajeros. Larreta entró en shock.

Los dos gobernantes PRO ven un problema político hacia dentro del gabinete nacional, atravesado por tensiones y visiones encontradas en torno a cómo resolver la cuestión energética, disminuir la inflación y negociar con los gobernadores y el PJ el Presupuesto 2019. En el medio, un jefe de Gabinete acosado por otros sectores del Gobierno pero sostenido por el propio Macri. En la mesa política no cambió mucho tras la turbulencia cambiaria: Peña sigue siendo hoy el hombre de mayor confianza del Presidente.

Al mismo tiempo, como publicó este medio, Macri no termina de arbitrar las tensiones internas y ocasiona, involuntariamente, un déficit de conducción. De eso hablan, sottovoce, por empresarios y por la elite del poder macrista que no milita en el núcleo central de Balcarce 50. Esta concentración de poder en Peña y sus vices, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, harto cuestionada puertas adentro del PRO, empieza a recibir críticas de los aliados que integran Cambiemos y del peronismo, que también ve cómo el Gobierno les pide “responsabilidad” y su apoyo en Diputados y el Senado para sancionar un presupuesto que le garantice al mercado y los inversores que la Argentina va a cumplir las metas fiscales que pactó con el FMI, como esperanza final para diluir el escenario de crisis.

 

 

Larreta y Vidal tejen con el peronismo. Por un lado, representan a la Casa Rosada cuando se reúnen con Miguel Pichetto y Sergio Massa y piden poner el hombro para afrontar la crisis. “Va a haber un acompañamiento responsable”, lanzó Peña en Mitre para sumarles presión a los mandatarios provinciales. Como señaló Letra P, es la misión que se le encomendó al ministro Rogelio Frigerio. El titular de la cartera de Interior busca convencer a los gobernadores de asumir una parte del ajuste con recortes en trasferencias y obra pública. Sin embargo, en la misma entrevista, el ministro coordinador planteó un escenario sin el acompañamiento de las provincias: “Y, si no, estamos confiados que lo vamos a lograr (reducir déficit fiscal) porque ese compromiso que asumimos no tiene marcha atrás”. 

Por otro lado, los gobernadores PRO discuten con diputados, senadores y otros mandatarios provinciales el esquema de quita de subsidios animado por la Nación e instrumentado por la vicejefatura de Gabinete y el Ministerio de Hacienda. Rodríguez Larreta y Vidal hacen cuentas para garantizarle a Macri el ajuste que pide, pero también reclaman que los demás gobernadores hagan lo propio. Mientras el cordobés Juan Schiaretti presiona para que la Ciudad y la Provincia dejen de estar financiadas por “todos los argentinos”, el binomio PRO que gobierna esos distritos responde con un axioma clave para esta discusión: “Si pone uno, ponen todos”.

En la intimidad de una reunión con colaboradores cercanos, un encumbrado dirigente PRO usó la metáfora de "la jeringa". “No pueden estar todos corriéndose de la jeringa. Pero tampoco puede ser que vengan con la jeringa y no expliquen nada. Si hay que hacer un ajuste y tenemos que poner el hombro, que lo expliquen y conversemos. Ahí sí lo ponemos, sabiendo que va a doler pero que es la única y la mejor opción”, se explayó el funcionario nacional.

Al calor del pedido a gobernadores, el ministro Nicolás Dujovne planteó un ultimátum para el ajuste en los ministerios con el objetivo de la disminución del déficit fiscal. El titular de Hacienda y Coordinación blanqueó ante el gabinete que cada ministro debe implementar un proceso de austeridad extrema hasta definir los pormenores del Presupuesto 2019.

 

 

En la Ciudad y la Provincia coinciden en reafirmar el rumbo económico y Larreta y Vidal, alineados pero críticos con la estrategia nacional, defenderán públicamente el método elegido para salir de la crisis. Sin embargo, piden “señales” no sólo para el mercado, sino también para el electorado. “Hay que explicar. Se vienen meses complicados, va a haber recesión, la inflación y el precio de las tarifas van a dañar la economía del hogar, pero lo que viene va a ser mejor. No hay nadie diciendo esto y es un error”, bufan en la Jefatura de Gobierno.

En Uspallata 3160 y en la gobernación bonaerense olfatean el malestar social. “No es tan claro el escenario como hace tres meses. Pasamos de la algarabía y pensar en la triple reelección a trabajar para cuidar lo propio y atravesar la crisis”, reconoce un funcionario bonaerense.

Rodríguez Larreta aprovecha cada charla privada para reafirmar el rumbo y defender a Macri, pero tiene sus reparos sobre el gabinete. Junto a Vidal, animó y celebró los recientes cambios en Producción y Energía. Siempre correcto y alejado de la polémica, en una reunión de gabinete únicamente atinó a marcar que algunos ministros nacionales “subestimaron” la crisis. Algunos lo leyeron como una crítica a Francisco Cabrera, con quien jamás se entendió en la Ciudad. No obstante, ni Vidal ni Larreta tuvieron la decisión final. El alejamiento de “Pancho” y Juan José Aranguren fue orquestado por Macri, apalancado por la presión del Círculo Rojo y sus aliados Alfredo Cornejo y Elisa Carrió.

El jefe de Gobierno porteño se involucra lo necesario y no se moverá de la Ciudad. Se lo dejo claro a Ernesto Sanz. Días atrás lo recibió en Pizza Cero, su búnker predilecto. El radical hizo suyo el reclamo del partido a nivel nacional y cuestionó a la Casa Rosada y, en especial, a Peña. En rigor, le pidió a Rodríguez Larreta mayor involucramiento en el Gobierno nacional. El alcalde corrió el eje de la discusión e insistió con que su “negocio” es municipalizar la gestión, como lo hace desde el año 2015. Esa coraza le permitió salir mejor parado de la turbulencia económica, que lo golpeó en las encuestas, pero en menor escala que a Macri y a Vidal. En tanto, la gobernadora bonaerense activó una serie de medidas económicas para protegerse de la crisis y, en cierto punto, para despegarse de los desaciertos de Balcarce 50.

Atrás del relato de Peña se esconde una profunda preocupación en Cambiemos

La insistencia del jefe de Gabinete en relativizar la crisis no condice con lo que se vive fuera del núcleo duro de la Casa Rosada. Las críticas no se agotan en la UCR. Dos pesos pesados, en alerta.

El Gobierno vive en estado de deliberación permanente. Una fuerte turbulencia hacia adentro y hacia afuera de la alianza que administra el país desde 2015 con Mauricio Macri como máximo líder. Con el argumento de que “la confianza del mundo” está depositada en el Presidente y en el rumbo económico, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, gasta en los medios un relato que no niega la crisis pero vislumbra una luz al final del túnel, encendida por la promesa de reducir el déficit fiscal y bajar la inflación al amparo de los términos dispuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI). La Casa Rosada pone sobre la mesa ese discurso de optimismo para calmar a propios y ajenos, pero ni el mercado ni dirigentes importantes de pura cepa PRO rubrican esa visión. La multiplicidad de recetas con efecto efímero que aplica la administración central en el intento de escapar a la tormenta económica produce una profunda y creciente preocupación en Cambiemos, según pudo reconstruir Letra P.

“El rumbo del Gobierno ha sido respaldado por las economías más importantes del mundo. Es inédita la confianza que genera Mauricio Macri. Sabemos que estamos atravesando una dificultad importante, pero el rumbo es el correcto”, señaló el funcionario en declaraciones a radio Mitre.

Dirigentes macristas que no forman parte del núcleo duro de la Casa Rosada, pero orbitan en el segundo cordón del partido gobernante, mascullan quejas. En la mesa política del oficialismo, el nivel de alerta subió notoriamente. Esa intranquilidad crece en las dos principales fortalezas del PRO: la gobernación bonaerense y la Jefatura de Gobierno portaña, que, en esta coyuntura, como en todas en su historial político, se funden en un solo centro de poder que piensa y actúa de igual manera.

 

 

María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta ofrecen sus ajustes y sus equipos económicos se encerraron el fin de semana para determinar cómo impactaría en sus cuentas fiscales el traspaso de servicios públicos a sus distritos. Está claro que la Nación quiere, bajo la premisa de reducir el déficit fiscal, disminuir el desembolso que hace en la Provincia y la Ciudad para garantizar los servicios de agua y luz. Incluso, la Casa Rosada puso sobre la mesa la posibilidad de traspasar el servicio de transporte pasajeros. Larreta entró en shock.

Los dos gobernantes PRO ven un problema político hacia dentro del gabinete nacional, atravesado por tensiones y visiones encontradas en torno a cómo resolver la cuestión energética, disminuir la inflación y negociar con los gobernadores y el PJ el Presupuesto 2019. En el medio, un jefe de Gabinete acosado por otros sectores del Gobierno pero sostenido por el propio Macri. En la mesa política no cambió mucho tras la turbulencia cambiaria: Peña sigue siendo hoy el hombre de mayor confianza del Presidente.

Al mismo tiempo, como publicó este medio, Macri no termina de arbitrar las tensiones internas y ocasiona, involuntariamente, un déficit de conducción. De eso hablan, sottovoce, por empresarios y por la elite del poder macrista que no milita en el núcleo central de Balcarce 50. Esta concentración de poder en Peña y sus vices, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, harto cuestionada puertas adentro del PRO, empieza a recibir críticas de los aliados que integran Cambiemos y del peronismo, que también ve cómo el Gobierno les pide “responsabilidad” y su apoyo en Diputados y el Senado para sancionar un presupuesto que le garantice al mercado y los inversores que la Argentina va a cumplir las metas fiscales que pactó con el FMI, como esperanza final para diluir el escenario de crisis.

 

 

Larreta y Vidal tejen con el peronismo. Por un lado, representan a la Casa Rosada cuando se reúnen con Miguel Pichetto y Sergio Massa y piden poner el hombro para afrontar la crisis. “Va a haber un acompañamiento responsable”, lanzó Peña en Mitre para sumarles presión a los mandatarios provinciales. Como señaló Letra P, es la misión que se le encomendó al ministro Rogelio Frigerio. El titular de la cartera de Interior busca convencer a los gobernadores de asumir una parte del ajuste con recortes en trasferencias y obra pública. Sin embargo, en la misma entrevista, el ministro coordinador planteó un escenario sin el acompañamiento de las provincias: “Y, si no, estamos confiados que lo vamos a lograr (reducir déficit fiscal) porque ese compromiso que asumimos no tiene marcha atrás”. 

Por otro lado, los gobernadores PRO discuten con diputados, senadores y otros mandatarios provinciales el esquema de quita de subsidios animado por la Nación e instrumentado por la vicejefatura de Gabinete y el Ministerio de Hacienda. Rodríguez Larreta y Vidal hacen cuentas para garantizarle a Macri el ajuste que pide, pero también reclaman que los demás gobernadores hagan lo propio. Mientras el cordobés Juan Schiaretti presiona para que la Ciudad y la Provincia dejen de estar financiadas por “todos los argentinos”, el binomio PRO que gobierna esos distritos responde con un axioma clave para esta discusión: “Si pone uno, ponen todos”.

En la intimidad de una reunión con colaboradores cercanos, un encumbrado dirigente PRO usó la metáfora de "la jeringa". “No pueden estar todos corriéndose de la jeringa. Pero tampoco puede ser que vengan con la jeringa y no expliquen nada. Si hay que hacer un ajuste y tenemos que poner el hombro, que lo expliquen y conversemos. Ahí sí lo ponemos, sabiendo que va a doler pero que es la única y la mejor opción”, se explayó el funcionario nacional.

Al calor del pedido a gobernadores, el ministro Nicolás Dujovne planteó un ultimátum para el ajuste en los ministerios con el objetivo de la disminución del déficit fiscal. El titular de Hacienda y Coordinación blanqueó ante el gabinete que cada ministro debe implementar un proceso de austeridad extrema hasta definir los pormenores del Presupuesto 2019.

 

 

En la Ciudad y la Provincia coinciden en reafirmar el rumbo económico y Larreta y Vidal, alineados pero críticos con la estrategia nacional, defenderán públicamente el método elegido para salir de la crisis. Sin embargo, piden “señales” no sólo para el mercado, sino también para el electorado. “Hay que explicar. Se vienen meses complicados, va a haber recesión, la inflación y el precio de las tarifas van a dañar la economía del hogar, pero lo que viene va a ser mejor. No hay nadie diciendo esto y es un error”, bufan en la Jefatura de Gobierno.

En Uspallata 3160 y en la gobernación bonaerense olfatean el malestar social. “No es tan claro el escenario como hace tres meses. Pasamos de la algarabía y pensar en la triple reelección a trabajar para cuidar lo propio y atravesar la crisis”, reconoce un funcionario bonaerense.

Rodríguez Larreta aprovecha cada charla privada para reafirmar el rumbo y defender a Macri, pero tiene sus reparos sobre el gabinete. Junto a Vidal, animó y celebró los recientes cambios en Producción y Energía. Siempre correcto y alejado de la polémica, en una reunión de gabinete únicamente atinó a marcar que algunos ministros nacionales “subestimaron” la crisis. Algunos lo leyeron como una crítica a Francisco Cabrera, con quien jamás se entendió en la Ciudad. No obstante, ni Vidal ni Larreta tuvieron la decisión final. El alejamiento de “Pancho” y Juan José Aranguren fue orquestado por Macri, apalancado por la presión del Círculo Rojo y sus aliados Alfredo Cornejo y Elisa Carrió.

El jefe de Gobierno porteño se involucra lo necesario y no se moverá de la Ciudad. Se lo dejo claro a Ernesto Sanz. Días atrás lo recibió en Pizza Cero, su búnker predilecto. El radical hizo suyo el reclamo del partido a nivel nacional y cuestionó a la Casa Rosada y, en especial, a Peña. En rigor, le pidió a Rodríguez Larreta mayor involucramiento en el Gobierno nacional. El alcalde corrió el eje de la discusión e insistió con que su “negocio” es municipalizar la gestión, como lo hace desde el año 2015. Esa coraza le permitió salir mejor parado de la turbulencia económica, que lo golpeó en las encuestas, pero en menor escala que a Macri y a Vidal. En tanto, la gobernadora bonaerense activó una serie de medidas económicas para protegerse de la crisis y, en cierto punto, para despegarse de los desaciertos de Balcarce 50.