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PROgre por necesidad y urgencia

El Gobierno sacó de foco el pasado y la economía y tomó una agenda ajena, con el aborto a la cabeza, que choca con las bases de formación del Presidente. El riesgo cero de la pared a la derecha.
Por 03/03/2018 13:47

Hasta Mauricio Macri puede ser progresista. Hasta el líder de Cambiemos puede ser feminista. Hasta Macri puede apoderarse, con enorme facilidad, de una agenda que le es ajena cuando hace falta y los problemas se acumulan. Como ya lo hicieron otros presidentes, antes que él. Con los fierros del Estado, con las encuestas en la mano, después de meses de dilapidar capital, a la defensiva en el terreno de la política y de la economía, hasta un apellido ilustre y saturado de sentido puede sorprender.

Quedó demostrado en apenas una semana con dos movimientos. La disposición de los altos mandos de Cambiemos a discutir un tema con el que no están de acuerdo, la despenalización del aborto. Y el discurso de apertura de sesiones del Presidente ante la Asamblea Legislativa. Mucho con muy poco. Porque a Macri y a su equipo lo ayuda muchísimo -como a cualquiera- que sus detractores y detractoras lo subestimen.

El relato oficial dice que la decisión se tomó el jueves 22 de febrero, en Casa Rosada, cuando Marcos Peña recibió a los jefes de Cambiemos con Emilio Monzó a la cabeza. Una mayoría de legisladores oficialistas, casi todos en contra de despenalizar el aborto, decidieron ir contra sus principios.

Los argumentos iban todos en el mismo sentido.

-¿Qué hacemos con este tema? Se viene y tenemos que tomar posición.

-Tenemos minoría. Y no podemos clausurar un debate durante 12 años, como hicieron antes.

Hasta Nicolás Massot, férreo militante de la tradición más conservadora, consideró conveniente llevar a discutir el tema. Según le dijo a Letra P, uno de los funcionarios que está todo el día junto al Presidente, la decisión se tomó recién ahí y no fue una orden de Peña ni una recomendación de Jaime Durán Barba.

 

 

Tres días antes, un acto de mujeres convocadas por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito había llegado hasta la puerta del Congreso. Un día antes, con otro mensaje, Hugo Moyano había colmado la avenida 9 de Julio en contra del Gobierno. Dos meses largos llevaba el oficialismo a la defensiva en todos los planos, con caída en la imagen del Presidente y problemas en la economía que venían acompañados por el flanco débil del conflicto de intereses y los casos de funcionarios públicos enredados en historias que no pueden explicar. Todo eso coronado en las últimas semanas por el nombre de Mauricio Macri coreado de la peor manera, en las canchas de fútbol y -también- en los espacios públicos.

EL FASTASMA QUE NO ASUSTA. El discurso de Macri en el Congreso con énfasis en la agenda de género -que profanó toda su vida con fallidos o declaraciones de principios- terminó de trazar una línea divisoria que complace en Casa Rosada. Es el comienzo de una “nueva etapa”, como lo dijo el Presidente en su mensaje de 40 minutos y como lo difunde a través de las redes oficiales el equipo de Cambiemos.

 

 

El Gobierno recupera la iniciativa con temas muy vigentes de la demanda social, deja a su antecesora y al Papa Francisco en el lugar de lo viejo, desarma la grieta, elude la confrontación ideológica -y entre clases sociales- para plantear una agenda de futuro, colmada de problemas cotidianos que aquejan a la sociedad. En muchos de esos temas, el Estado no trae la solución pero tampoco genera el problema. Marche una comisión en busca de los responsables de la obesidad infantil y los accidentes de tránsito. Algo más, quizás fundamental, Macri deja de hablar del pasado. Porque sabe que sus votantes ya no se asustan con el fantasma kirchnerista y porque entra en el tercer año de su mandato, sin soluciones a los problemas que -decía el candidato- se resolvían en un día. Tiene lógica y, sin embargo, también sorprende.

La feligresía oficialista tiene motivos para entusiasmarse; más difícil, es que se entusiasmen los agnósticos que viven de un sueldo en pesos que se achica.

MAURICIO FEMINISTA. A una semana del 8M, Macri hizo propios algunos de los tips del feminismo que estaban disponibles como demanda, después de ocho años de Cristina Fernández de Kirchner en el poder, con escasos o nulos avances en la materia. Aunque molesta a los inquilinos de Balcarce 50, el primero en recomendar la despenalización del aborto, en plena campaña de 2015, fue Durán Barba y casi mata de un susto a los laderos del entonces candidato.

A dos días del balotaje, el entonces alcalde porteño salió a despegarse del gurú ecuatoriano en Twitter.

 

 

Dos años después, con una economía que no arranca como había imaginado el ingeniero, que mantiene la inflación en el promedio de lo que fue el último kirchnerismo y que se endeuda para no ajustar como le exige la ortodoxia, Macri gana más de lo que pierde con esa discusión.

Con un Papa argentino, un país donde el catolicismo aún pervive con fuerza pese a todo y una mujer presidenta que se opuso a la despenalización desde el poder, hasta Macri puede ser lo nuevo. Más aún con un elenco principal de mujeres oficialistas, donde no sobran las que propician la discusión ni menos aún las que están a favor del aborto legal. Desnuda en su fe, Elisa Carrió hizo votos para prohibir la discusión y se delató como una más de las que confunden la Iglesia con el Estado y sus intereses personales -su manera de ver el mundo- con la políticas públicas.

 

 

Para las y los que opinan que más mujeres implica más democracia, tampoco sobran en puestos ejecutivos durante la era Cambiemos. La vicepresidenta Gabriela Michetti está abocada a tocar la campanita y en el gabinete del Presidente hay dos mujeres entre 22 ministros, Patricia Bullrich y Carolina Stanley. También es impactante el reinado de María Eugenia Vidal entre los hombres. Una foto difundida en la previa del discurso de apertura de sesiones en la provincia, lo dejó expuesto. Veinte hombres y una mujer, María Fernanda Inza, la secretaría de Legal y Técnica, involucrada encima en una causa por sobresueldos.

 

 

En el debate que comenzará en poco tiempo, el oficialismo participará casi como testigo, sin la necesidad de aprobar ni de rechazar un proyecto que reclama el ascendente movimiento de mujeres que desborda las calles y marca agenda cada día más. La esperanza del macrismo también está puesta en revertir la escena del último 8 de marzo, donde las consignas contra el Gobierno nacional fueron mayoría y la Policía de la Ciudad terminó con una cacería de manifestantes en las adyacencias de la Plaza de Mayo.

A LA DERECHA, LA PARED. Alguien le hizo entender al Presidente que en este tema no tiene por qué estar a la defensiva. Desactiva un frente opositor en este punto y complace al sector liberal progresista -tal vez minoritario, pero también potente- de la alianza Cambiemos. Cuenta además con una ventaja inestimable para avanzar hacia consignas que el progresismo obturó desde el Estado: a la derecha de Macri, está la pared, como graficó con precisión Rosendo Fraga. Más allá de Carrió y de la liga antiabortista, el Presidente no va a perder votos y puede incluso ganarlos a mediano plazo.   

Cambiemos buscaba hace tiempo generar debates sociales que desplacen a los problemas de la economía de los primeros planos. Con el caso Chocobar y la intención de reducir la atención a los bolivianos, las usinas amarillas habían habilitado el debatódromo con buenos resultados. Pero sin alterar creencias, en palabras de Marcos Peña. Es lo que logran con la despenalización del aborto.

Enero trajo sobre la hora datos alentadores para los despachos oficiales.

DESDE LEJOS NO SE VE. Lo más flojo del discurso de Macri pasó por la economía y el pedido de valorar el crecimiento invisible. El Presidente recibió sobre la hora datos oficiales que irrigan la ilusión de los brotes verdes. La construcción en ascenso una vez  -11 meses hacia arriba- como motor del crecimiento, el aumento del 30% en las escrituras en CABA, el crecimiento del empleo con mucho monotributo, el récord histórico de venta de autos en febrero y hasta el aumento de las exportaciones de carne, que están en su punto más alto desde 2010. Datos positivos que contrastan con otros como la caída del consumo masivo en enero -después de tres meses en que venía repuntando-, los aumentos incesantes de tarifas, las pérdidas que trae la sequía y el rojo comercial con Brasil que se sigue expandiendo, pese a que las exportaciones subieron más que las importaciones por primera vez en 13 meses.

En ese mundo de contrastes, a Marcos Peña le colma la paciencia que economistas oficialistas como Alfonso Prat Gay y Martín Lousteau sigan mirando el vaso medio vacío. De fondo, se destacan tres nudos que la era Cambiemos no logra desatar:la inflación, la deuda y el rojo comercial. Tal vez haga falta, además de una nueva etapa en la política y en el marketing, una nueva política económica, algo que no aparece disponible en las bateas del macrismo.

 

PROgre por necesidad y urgencia

El Gobierno sacó de foco el pasado y la economía y tomó una agenda ajena, con el aborto a la cabeza, que choca con las bases de formación del Presidente. El riesgo cero de la pared a la derecha.

Hasta Mauricio Macri puede ser progresista. Hasta el líder de Cambiemos puede ser feminista. Hasta Macri puede apoderarse, con enorme facilidad, de una agenda que le es ajena cuando hace falta y los problemas se acumulan. Como ya lo hicieron otros presidentes, antes que él. Con los fierros del Estado, con las encuestas en la mano, después de meses de dilapidar capital, a la defensiva en el terreno de la política y de la economía, hasta un apellido ilustre y saturado de sentido puede sorprender.

Quedó demostrado en apenas una semana con dos movimientos. La disposición de los altos mandos de Cambiemos a discutir un tema con el que no están de acuerdo, la despenalización del aborto. Y el discurso de apertura de sesiones del Presidente ante la Asamblea Legislativa. Mucho con muy poco. Porque a Macri y a su equipo lo ayuda muchísimo -como a cualquiera- que sus detractores y detractoras lo subestimen.

El relato oficial dice que la decisión se tomó el jueves 22 de febrero, en Casa Rosada, cuando Marcos Peña recibió a los jefes de Cambiemos con Emilio Monzó a la cabeza. Una mayoría de legisladores oficialistas, casi todos en contra de despenalizar el aborto, decidieron ir contra sus principios.

Los argumentos iban todos en el mismo sentido.

-¿Qué hacemos con este tema? Se viene y tenemos que tomar posición.

-Tenemos minoría. Y no podemos clausurar un debate durante 12 años, como hicieron antes.

Hasta Nicolás Massot, férreo militante de la tradición más conservadora, consideró conveniente llevar a discutir el tema. Según le dijo a Letra P, uno de los funcionarios que está todo el día junto al Presidente, la decisión se tomó recién ahí y no fue una orden de Peña ni una recomendación de Jaime Durán Barba.

 

 

Tres días antes, un acto de mujeres convocadas por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito había llegado hasta la puerta del Congreso. Un día antes, con otro mensaje, Hugo Moyano había colmado la avenida 9 de Julio en contra del Gobierno. Dos meses largos llevaba el oficialismo a la defensiva en todos los planos, con caída en la imagen del Presidente y problemas en la economía que venían acompañados por el flanco débil del conflicto de intereses y los casos de funcionarios públicos enredados en historias que no pueden explicar. Todo eso coronado en las últimas semanas por el nombre de Mauricio Macri coreado de la peor manera, en las canchas de fútbol y -también- en los espacios públicos.

EL FASTASMA QUE NO ASUSTA. El discurso de Macri en el Congreso con énfasis en la agenda de género -que profanó toda su vida con fallidos o declaraciones de principios- terminó de trazar una línea divisoria que complace en Casa Rosada. Es el comienzo de una “nueva etapa”, como lo dijo el Presidente en su mensaje de 40 minutos y como lo difunde a través de las redes oficiales el equipo de Cambiemos.

 

 

El Gobierno recupera la iniciativa con temas muy vigentes de la demanda social, deja a su antecesora y al Papa Francisco en el lugar de lo viejo, desarma la grieta, elude la confrontación ideológica -y entre clases sociales- para plantear una agenda de futuro, colmada de problemas cotidianos que aquejan a la sociedad. En muchos de esos temas, el Estado no trae la solución pero tampoco genera el problema. Marche una comisión en busca de los responsables de la obesidad infantil y los accidentes de tránsito. Algo más, quizás fundamental, Macri deja de hablar del pasado. Porque sabe que sus votantes ya no se asustan con el fantasma kirchnerista y porque entra en el tercer año de su mandato, sin soluciones a los problemas que -decía el candidato- se resolvían en un día. Tiene lógica y, sin embargo, también sorprende.

La feligresía oficialista tiene motivos para entusiasmarse; más difícil, es que se entusiasmen los agnósticos que viven de un sueldo en pesos que se achica.

MAURICIO FEMINISTA. A una semana del 8M, Macri hizo propios algunos de los tips del feminismo que estaban disponibles como demanda, después de ocho años de Cristina Fernández de Kirchner en el poder, con escasos o nulos avances en la materia. Aunque molesta a los inquilinos de Balcarce 50, el primero en recomendar la despenalización del aborto, en plena campaña de 2015, fue Durán Barba y casi mata de un susto a los laderos del entonces candidato.

A dos días del balotaje, el entonces alcalde porteño salió a despegarse del gurú ecuatoriano en Twitter.

 

 

Dos años después, con una economía que no arranca como había imaginado el ingeniero, que mantiene la inflación en el promedio de lo que fue el último kirchnerismo y que se endeuda para no ajustar como le exige la ortodoxia, Macri gana más de lo que pierde con esa discusión.

Con un Papa argentino, un país donde el catolicismo aún pervive con fuerza pese a todo y una mujer presidenta que se opuso a la despenalización desde el poder, hasta Macri puede ser lo nuevo. Más aún con un elenco principal de mujeres oficialistas, donde no sobran las que propician la discusión ni menos aún las que están a favor del aborto legal. Desnuda en su fe, Elisa Carrió hizo votos para prohibir la discusión y se delató como una más de las que confunden la Iglesia con el Estado y sus intereses personales -su manera de ver el mundo- con la políticas públicas.

 

 

Para las y los que opinan que más mujeres implica más democracia, tampoco sobran en puestos ejecutivos durante la era Cambiemos. La vicepresidenta Gabriela Michetti está abocada a tocar la campanita y en el gabinete del Presidente hay dos mujeres entre 22 ministros, Patricia Bullrich y Carolina Stanley. También es impactante el reinado de María Eugenia Vidal entre los hombres. Una foto difundida en la previa del discurso de apertura de sesiones en la provincia, lo dejó expuesto. Veinte hombres y una mujer, María Fernanda Inza, la secretaría de Legal y Técnica, involucrada encima en una causa por sobresueldos.

 

 

En el debate que comenzará en poco tiempo, el oficialismo participará casi como testigo, sin la necesidad de aprobar ni de rechazar un proyecto que reclama el ascendente movimiento de mujeres que desborda las calles y marca agenda cada día más. La esperanza del macrismo también está puesta en revertir la escena del último 8 de marzo, donde las consignas contra el Gobierno nacional fueron mayoría y la Policía de la Ciudad terminó con una cacería de manifestantes en las adyacencias de la Plaza de Mayo.

A LA DERECHA, LA PARED. Alguien le hizo entender al Presidente que en este tema no tiene por qué estar a la defensiva. Desactiva un frente opositor en este punto y complace al sector liberal progresista -tal vez minoritario, pero también potente- de la alianza Cambiemos. Cuenta además con una ventaja inestimable para avanzar hacia consignas que el progresismo obturó desde el Estado: a la derecha de Macri, está la pared, como graficó con precisión Rosendo Fraga. Más allá de Carrió y de la liga antiabortista, el Presidente no va a perder votos y puede incluso ganarlos a mediano plazo.   

Cambiemos buscaba hace tiempo generar debates sociales que desplacen a los problemas de la economía de los primeros planos. Con el caso Chocobar y la intención de reducir la atención a los bolivianos, las usinas amarillas habían habilitado el debatódromo con buenos resultados. Pero sin alterar creencias, en palabras de Marcos Peña. Es lo que logran con la despenalización del aborto.

Enero trajo sobre la hora datos alentadores para los despachos oficiales.

DESDE LEJOS NO SE VE. Lo más flojo del discurso de Macri pasó por la economía y el pedido de valorar el crecimiento invisible. El Presidente recibió sobre la hora datos oficiales que irrigan la ilusión de los brotes verdes. La construcción en ascenso una vez  -11 meses hacia arriba- como motor del crecimiento, el aumento del 30% en las escrituras en CABA, el crecimiento del empleo con mucho monotributo, el récord histórico de venta de autos en febrero y hasta el aumento de las exportaciones de carne, que están en su punto más alto desde 2010. Datos positivos que contrastan con otros como la caída del consumo masivo en enero -después de tres meses en que venía repuntando-, los aumentos incesantes de tarifas, las pérdidas que trae la sequía y el rojo comercial con Brasil que se sigue expandiendo, pese a que las exportaciones subieron más que las importaciones por primera vez en 13 meses.

En ese mundo de contrastes, a Marcos Peña le colma la paciencia que economistas oficialistas como Alfonso Prat Gay y Martín Lousteau sigan mirando el vaso medio vacío. De fondo, se destacan tres nudos que la era Cambiemos no logra desatar:la inflación, la deuda y el rojo comercial. Tal vez haga falta, además de una nueva etapa en la política y en el marketing, una nueva política económica, algo que no aparece disponible en las bateas del macrismo.