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Socios X el fútbol

Con la AFA hegemonizada por Boca y el PRO, Scioli negocia con el Gobierno la presidencia en la comisión de Deportes para impulsar el viejo sueño de Macri: la privatización de las entidades deportivas.
Por 25/02/2018 11:23

Mauricio Macri no está dispuesto a volver a perder la discusión sobre las sociedades anónimas en el fútbol argentino. “Vamos a ir despacio pero decididos”, dice uno de los principales operadores del Gobierno en el asunto. Sostienen que tiene que salir este año, el año del Mundial. “Estamos convenciendo a empresarios de que será bueno invertir y muchos dirigentes aceptan que es una salida posible para algunos clubes. Pero no imponemos nada, los que no quieran seguirán como están”, agrega. Un proyecto de ley intentará avanzar en el Congreso este año. Lo tiene en sus manos Emilio Monzó, el presidente de la Cámara de Diputados. Lo trabajó una mesa chica encabezada por Fernando De Andreis, secretario general de la Presidencia, y Fernando Marín, ex gerenciador de Racing y actual asesor presidencial con cargo de subsecretario en Deportes. Y en el Gobierno dicen que ya tienen a un viejo y paradójico aliado de Macri en el tema, un diputado del Frente para la Victoria (FPV): Daniel Scioli, que busca controlar la Comisión de Deportes.

Hubo dos reuniones, la última fue el miércoles, confirmadas a Letra P tanto por fuentes oficiales y del entorno de Scioli. El diputado que ingresó al Congreso en la lista de Unidad Ciudadana se juntó con el secretario de Deportes, Carlos Mac Allister, con una negociación en el medio: el bloque macrista lo apoyará para que sea el próximo presidente de la comisión, algo que se definirá una vez que se inicien las sesiones ordinarias, y Scioli trabajará para que las sociedades anónimas en el fútbol sean ley.

Esa es la carta que juega el macrismo. La AFA, en cuyos estatutos no están contempladas las sociedades anónimas, no está por encima de una ley nacional. Scioli, rival directo de Macri en las últimas elecciones presidenciales, puede decir que fue un adelantado en verlo. A fines de los noventa, cuando era diputado por el PJ menemista, presentó un proyecto de Sociedades Anónimas Deportivas. Si Scioli era quien agitaba ese plan en el Congreso, Macri lo hacía en el fútbol, como presidente de Boca. Ninguno pudo romper la resistencia de los dirigentes. Pero los tiempos cambiaron.

“Si cree que el bloque lo va a acompañar se equivoca. Estamos en contra”, bramaba por estas horas un hombre del FPV. “Hasta Cristina ya dijo que si algo así llegara al Senado hay que rechazarlo”, agregaba. Pero la desconfianza por los movimientos de Scioli no son nuevos. Se trató de uno de los diputados ausentes a la hora de votar la reforma previsional, en diciembre pasado. Su idea ahora es recluirse en la Comisión de Deportes, una agenda que le permitió hacer carrera en la política.

 

EL FACTOR MOYANO

En el camino para tomar el control de la AFA, el macrismo encontró a Hugo Moyano como un aliado. Se trató de una necesidad mutua. El yerno de Moyano, Claudio “Chiqui” Tapia, sumaba votos entre los dirigentes del Ascenso. El Gobierno aportaba todas las herramientas de poder. Pero la ruptura de Moyano con Macri, que esta semana se expresó en un multitudinario acto en la 9 de Julio, abre un interrogante para todo ese armado.  

Moyano no sólo es el presidente de Independiente y el vicepresidente segundo de la AFA. Es también el suegro de Tapia. Hay lealtades filiales, pero también políticas. “No creo que mi yerno Tapia se deje influenciar, pero a veces las influencias no son directas. Puede ser que el máximo responsable ni se entere que lo están influenciando”, dijo Moyano en Radio 10 después de la movilización.

La semana anterior, Tapia se reunió con Macri. La foto pareció una forma de ambos de separar los tantos. Una cosa es Moyano, otra cosa es Tapia. Pero en la AFA ven una grieta para los planes oficiales si el titular de Independiente decide tirar del mantel de la mesa. Porque nadie sabe ahí cómo y para quién responderá Tapia.

 

HIT TRIBUNERO. En toda avanzada del macrismo sobre el fútbol podría estar el germen de un hit futbolero de verano. El grito lo estrenó San Lorenzo, que tiene viejas cuentas pendientes con Macri, en particular su rechazo cuando era jefe de Gobierno a la vuelta del club a Boedo. Dicen que el cantito, en pleno partido contra Boca, fue producto de un malentendido: su versión original era “ponelo a Macri, la puta que te parió”. Otras voces lo reescribieron hasta imponer el “Mauricio Macri”, más directo.

 

 

El 26 de junio de 2011, a las 22.16, Macri lanzó uno de esos tuits que, leído en perspectiva, sería mejor olvidar para el equipo presidencial: “El fútbol expresa mucho de lo que le pasa al país”. La frase la cerraba un olvidado “^A”, la firma de lo que se suponía era el comunity manager de la cuenta del que todavía era jefe de Gobierno de la Ciudad, el más importante dirigente de la oposición. Significaba que lo había dicho –lo estaba diciendo- en alguna entrevista, aunque a ningún editor se le ocurrió que podía ser un título. Ese día no era un día más para Macri, tampoco para el fútbol argentino: era el día del descenso de River. Una alegría para su yo ciudadano, como le gusta partirse, pero a la vez inconfesable para sus aspiraciones políticas.

Si Macri todavía piensa aquello que dijo en 2011, debería estar preocupado de que su nombre y apellido baje desde algunas tribunas seguido de una puteada. “Son insultos de cancha, no muestran un clima social”, se tranquilizan en la Casa Rosada. Pero es un debate todavía sin conclusión.

 

 

El grito, además, se viralizó en la cancha de All Boys y en el Palacio Ducó, cuando la hinchada de Huracán lo entonó en medio de un apagón. Con timidez también se escuchó en otros estadios. Y con mucha fuerza sonó el domingo pasado en River. Ahí quizá se juega otra cosa: además de la bronca exclusiva por un arbitraje, es la disputa por una hegemonía.

Nunca antes, como ocurre ahora con Boca, un solo club había logrado la suma del poder. Ni siquiera durante el menemismo, cuando desde la quinta de Olivos se sugerían técnicos y jugadores para River y la Selección. El periodista Alejandro Fabbri hizo la enumeración hace unos días. Es de Boca el presidente de la AFA (Claudio Tapia), es de Boca el vicepresidente más poderoso en la historia de la AFA (Daniel Angelici), es de Boca el presidente del Tribunal de Disciplina de la AFA (Fernando Mitjans), es de Boca el presidente del Tribunal de Ética de la AFA (Raúl Pleé), es de Boca el presidente del Tribunal de Apelaciones de la AFA (Héctor Latorraga) y es de Boca el CEO de la Superliga (Mariano Elizondo). Es de Boca el presidente de la Nación.

 

 

Y si Boca domina, es porque domina Macri. Porque tampoco nunca antes un club estuvo colonizado tanto tiempo por una fuerza política. El fútbol es un espacio para la transversalidad: kirchneristas, macristas, radicales, peronistas, socialistas e indescifrables conviven en comisiones directivas. El PRO controla Boca desde hace quince años sin fisuras, salvo por el mandato de Jorge Amor Ameal, que heredó a partir de la muerte de Pedro Pompilio.

El fútbol fue el feedlot del macrismo político. Por eso en cada uno de sus escándalos rebota una pelota. En la causa por escuchas ilegales, aparecía el espía Ciro James conchabado en Boca bajo el comando de Jorge “Fino” Palacios. En las investigaciones sobre Gustavo Arribas, actual titular de la AFI, hubo que seguir la ruta de las transferencias de fútbolistas y las triangulaciones con Uruguay. Y en la más reciente, la del renunciado subsecretario general de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan, la clave es Francisco “Paco” Casal, patrón del fútbol uruguayo, además de que el ex funcionario todavía es vocal de River.

 

Scioli-Angelici: la suma del poder de Boca y el PRO en el fútbol argentino.

Pero es ingenuo pensar que el armado que Macri desplegó sobre el fútbol tiene como objetivo central favorecer los intereses de Boca, aunque el presidente alimente esa idea con almuerzos junto a Guillermo Barros Schelotto. No es hinchismo, es plan de negocios. El desembarco de las sociedades anónimas en el fútbol es una obsesión que acompaña a Macri desde los inicios de los noventa, cuando intentó comprar Deportivo Español por 15 millones de dólares. La asamblea de socios lo rechazó. Dos años después daría un paso trascendental para su biografía, se convertiría en presidente de Boca. Desde es lugar, militó el fútbol empresa, pero perdió.

Desde que asumió, Macri fue desmalenzando cada obstáculo que se interpusiera a su plan. Liquidó Fútbol para Todos para darle las transmisiones a las empresas privadas. Intervino la AFA para tenerla bajo su control. Retaceó dineros y movió a la Inspección General de Justicia (IGJ) cuando algo no salió como pretendía. Y se sacó de encima a un hombre con juego propio como Marcelo Tinelli. Ahora va por el Congreso. “Hicieron una campaña en contra de la injerencia en el fútbol y este Gobierno ha intervenido quizá mucho más que el anterior”, dijo el año pasado el presidente de San Lorenzo, Matías Lammens.

Esa injerencia es también la que genera la reacción de los hinchas. Ven que los hilos del fútbol salen desde el domicilio de Balcarce 50. Y a veces a los hilos no hace falta moverlos para ejercer el poder. Eso piensan en River por estos días. Pero el fútbol tiene lógicas propias. Las políticas privatistas de Menem no pudieron extenderse al fútbol. El kirchnerismo repartió dinero con el Fútbol para Todos, pero nunca terminó de hacer pie en ese terreno movedizo. Tinelli no pudo convertir sus picos de rating en votos: se tragó un 38-38. Y Macri, que en dos años avanzó sobre áreas que parecen más sensibles, sabe que todavía no ganó el partido. El fútbol da popularidad y es tierra fértil para los negocios, muchas veces oscuros. Pero también expone y puede ser indomable. La dinámica de lo impensado no sólo ocurre sólo en la cancha.