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Intendentes de Vidal suman poder en sus concejos: radiografía del conurbano PRO

Nuevos en la gestión, pasaron el primer test. Con doce bancas propias, los intendentes de Morón y Lanús dominarán el recinto. En Tres de Febrero, Pilar y Quilmes, la apuesta sigue siendo negociar.

En 2015, la cartografía política de la provincia de Buenos Aires registró un importante cambio de color que favoreció al frente Cambiemos. Muchas de estas mutaciones impactaron en importantes distritos del conurbano, como los casos de Quilmes, Pilar, Morón, Lanús y Tres de Febrero, donde los actuales intendentes se enfrentaron en 2017 no solo al primer test de su gestión, sino a revalidar la apuesta de cambio que hizo el electorado.

Si bien algunos tropezaron en las PASO -como Martiniano Molina en Quilmes y Nicolás Ducoté en Pilar, que finalmente fueron favorecidos por el viento de cola electoral que encabezó la gobernadora María Eugenia Vidal–, los intendentes de estos cinco distritos volvieron a saludar la victoria y robustecieron su presencia en cada concejo deliberante.,

De cara a la tercera apertura de sesiones en los deliberativos locales, los cinco intendentes tendrán en los próximos dos años la primera minoría en el recinto. Mientras Ramiro Tagliaferro, de Morón, y Néstor Grindetti, de Lanús, lograron quedarse con 12 escaños y podrán apelar a la votación doble del presidente del cuerpo en caso de empate; Diego Valenzuela, de Tres de Febrero, y sus pares de Pilar y Quilmes deberán aceitar las negociaciones con la oposición para lograr el avance de iniciativas importantes.

Con todo, el valor del triunfo está atravesado por la fortaleza que aún tienen los armados que derrotaron en 2015 o el crecimiento de referentes que, azuzados por la capitulación de algunos barones, van ganando terreno en el escenario político.

En esta nota, radiografía de la relación de fuerzas tras las últimas elecciones en cinco distritos del Conurbano en el que macrismo puso su bandera en 2015.

 

 


MORÓN. Junto a Grindetti de Lanús y Valenzuela de Tres de Febrero, el intendente de Morón, Ramiro Tagliaferro, integra el plantel de jefes comunales que cumplirán el rol de docentes en la Secretaría de Gobiernos Locales, una suerte de escuela para todos los dirigentes de Cambiemos que aspiren a ser candidatos a intendente en 2019. La elección de los “capacitadores” está atada a la gestión y a la performance electoral que los conductores municipales tuvieron desde su asunción en 2015.

Los resultados de las últimas elecciones le permitieron a Tagliaferro posicionarse dentro del armado de Cambiemos. Alcanzar poco más de 47 puntos no sólo fueron determinantes para ampliar la presencia oficialista en el Concejo Deliberante, sino para consolidar su rol de armador en la zona oeste del Conurbano bonaerense, sobre todo en los distritos gobernados por la oposición. 

Tras el triunfo de las PASO, el objetivo del oficialismo era ampliar la brecha y quedarse con más bancas de las que puso en juego. En octubre lo logró. El bloque de Cambiemos consiguió seis lugares y alcanzó un bloque de doce integrantes, anestesiando la posibilidad de que la oposición ponga trabas en el avance de proyectos importantes para el Ejecutivo.

La victoria de Cambiemos en Ituzaingó por parte del titular del Pami local, Gabriel Pozzuto, también le valió un reconocimiento a Tagliaferro que, como vecino del distrito, fue el encargado de la lapicera y logró ordenar la tropa que, en ese distrito gobernado por el peronista Alberto Descalzo, la integran el PRO, el Partido FE, el CC- ARI, el Movimiento Social por la República, Unión por la Libertad y la UCR.

Las aspiraciones del sabbatellismo quedaron muy lejos del posicionamiento que alcanzó el ex esposo de la gobernadora. Tras ser vencidos en 2015, luego de 16 años de conducción, a los creadores del partido Nuevo Encuentro no les alcanzaron las críticas contra los gobiernos nacional, provincial y local para lograr una performance que sirviera como trampolín para imaginar un regreso en 2019, pese a que, con 31 puntos, Hernán Sabbatella fue el segundo candidato más votado, número que le permitió conservar las ocho bancas en el deliberativo.

El tablero en el Concejo de Morón lo completa 1País que transitará los próximos dos años con cuatro integrantes, tres que responden a Sergio Massa y una a la fuerza que lidera la vecina de Castelar Margarita Stolbizer.

 

 

LANÚS. “La gobernadora me pide que ayude en la consolidación de Cambiemos en la Tercera”, dijo hace un tiempo a Letra P el intendente de Lanús, Néstor Grindetti, quien, además de aquella tarea, busca afianzarse como conductor de un distrito con una importante raíz peronista.

Si bien la fortaleza del PJ y la imputación por presunto enriquecimiento ilícito tras su supuesta participación en una sociedad offshore, según la investigación de Panama Papers, no hicieron sencillo el objetivo encomendado por Vidal, tampoco impidieron que el electorado de Lanús volviera a acompañarlo en las últimas elecciones; apoyo que allanó el camino para los próximos dos años de gestión. Para ese objetivo ya goza de suficiente confianza de la mandataria provincial, quien en la últimas elecciones no dudó en elegir a su mano derecha, Adrián Urrelli, como cabeza de lista de la seccional, región donde Grindetti y Molina son los únicos intendentes macristas.

Para la proeza legislativa que se disputó a nivel local, la estrategia electoral del ex ministro de Hacienda del Gobierno porteño fue abrir espacios para todos los sectores. Encabezando el armado local incluyó el histórico apellido Quindimil, de la mano de la nieta del ex intendente, Noelia. Un hombre de su riñón, el presidente del Concejo de Lanús, Marcelo Rivas Miera, en segundo lugar, y el tercero fue para la radical Nazarena Mesias.

Aquel armado le permitió al oficialismo fortalecer el bloque en el Concejo Deliberante, donde contará con 12 bancas para los próximos dos años, incluyendo al ex concejal massista Carlos Simino, que pegó el salto en noviembre pasado y dejó al partido con tres representantes hasta la próxima rueda electoral.

Las proyecciones de gestión para Grindetti son óptimas, teniendo en cuenta la diáspora peronista, que llegó dividido a las elecciones y así se mostrará en el recinto. Habrá tres espacios de tres integrantes cada uno. Uno que responde al ex intendente Darío Díaz Pérez, otro referenciado en el ex ministro de Justicia Julián Álvarez, quien perdió la elección en 2015, y el tercero con el ex diputado nacional Edgardo Depetris, cabeza de la lista de Unidad Ciudadana en 2017.

 

 

QUILMES. Tras la derrota de las PASO, Cambiemos puso a disposición de la administración que conduce Martiniano Molina toda la maquinaria oficial para revertir aquellos resultados. Pese a las fisuras en el armado local y una gestión muy cuestionada, la jugada surtió efecto. La renovación del Concejo le devolvió al intendente la primera minoría, herramienta que podría ayudarlo a sacudir las presiones internas y externas.

La apuesta que Cambiemos hizo en 2015 con la candidatura de Molina en Quilmes se opacó con los magros resultados que el cocinero ha conseguido en su gestión. Aquellas intenciones de presentarlo como la cara nueva de la política y posicionarlo como uno de los referentes del oficialismo en la Tercera sección electoral se desdibujan por una administración que no logra levantar cabeza y arrastra problemas sin resolver, como el conflicto en la recolección de residuos, un tema que no solo hace mella en la gestión de servicios públicos.

Mientras en los gobiernos nacional y provincial hubo una avanzada en contra del nepotismo, en Quilmes, Martiniano mejoró el lugar y el rol que ocupa su hermano Tomás, quien abandonó la secretaría general y tomó el mando de la Secretaría de Gobierno, desde donde chequea las decisiones políticas y económicas del intendente.

El desenlace de los guarismos electorales permitió que el oficialismo local se quedara con la primera minoría al lograr diez bancas sobre 24, posición – sin embargo – que lo obliga a esmerarse en las negociaciones con el resto de las bancadas. En la mira están las manos de los dos concejales radicales que responden al diputado provincial Fernando Pérez, ex secretario de Gobierno de la administración de Molina, quien, tras su salida del gabinete, separó a sus alfiles de la bancada de Cambiemos.

Con Pérez fuera del armado del oficialismo, la presencia radical se la arroga el director provincial de Formación Docente, Ariel Domene, ex secretario de Cultura y Educación del municipio. Si bien el ahora funcionario bonaerense carece de armado territorial, su posición en la administración vidalista lo ubica en un lugar de peso, lo que permitió, por ejemplo, que su esposa, Daniela Conversano, tuviera un lugar en la lista y hoy ocupe una banca en el Concejo.

En las negociaciones también juegan los votos de los dos massistas, quienes en los últimos debates acompañaron al oficialismo, anticipando un posible salto. El año pasado, Molina amplió su tropa al sumar al presidente del bloque renovador, Gastón Fragueiro, quien, tras su pase, creó un monobloque desde donde respalda la gestión municipal.

En la vereda opositora están, además, una concejal del GEN y los peronistas. Mientras por fuera del Concejo Deliberante el liderazgo de ese espacio es disputado entre el ex intendente FranciscoBarba” Gutiérrez, la diputada nacional de La Cámpora Mayra Mendoza y el ex jefe de Gabinete de la Nación Aníbal Fernández, en el recinto la variopinta posición la representan nueve ediles.

Unidad Ciudadana quedó formada por siete concejales y los restantes integran monobloques. La bancada más importante, si bien se muestra muy adversa al oficialismo y presenta proyectos en ese sentido, no ha logrado unificar criterios para materializar su posición contraria al Gobierno. Esta situación, por ejemplo, quedó evidenciada en el voto dividido a la hora de evaluar el proyecto de transferencia del Servicio Alimentario Escolar. 

 

 

PILAR. Tras las elecciones primarias, la gestión de Nicolás Ducoté también quedó en la mira de Cambiemos al caer ante la propuesta de Unidad Ciudadana, que llegó dividida en cuatro. Los resultados de la denominada “gran encuesta”, que marcaron el estado de situación del territorio gobernado hasta el 2015 por Humberto Zúccaro, fueron revertidos en octubre, cuando Cambiemos logró dar vuelta la elección.

El propio Ducoté había señalado a principios del 2017 que los primeros meses de gestión no habían sido fácil. “Nos costó este primer año, pero ahora que arrancamos, no nos para nadie. Vamos a hacer más de lo que nunca se hizo”, señaló en el inicio de sesiones del año pasado, a tono con las críticas de la oposición y tras el portazo de un edil, Daniel Liberé, que se sumó al  escándalo con los massistas por la presidencia del Concejo Deliberante.

Aquella fuga dejó al oficialismo con cinco concejales, dos de ellos radicales, y lo obligó a depender de acuerdos circunstanciales para avanzar con proyectos importantes para el Ejecutivo.

Hace poco tiempo, Ducoté evaluó que, en comparación con 2016, “2017 fue un mejor año” y que los resultados “se vieron reflejados en las elecciones”. Los guarismos, si bien le dieron una ventaja de seis puntos sobre el kirchnerismo, ubicándose como primera minoría en el Concejo, la división de bancas fue la misma que la segunda fuerza. Cinco para Cambiemos, cinco para Unidad Ciudadana y dos para el Frente Renovador.

Las elecciones, además, reconfiguraron a la oposición. El peronismo, atado a la derrota de 2015, llegó disperso. La interna en la que se midieron cuatro candidatos favoreció a Federico Achaval, concejal que no sólo dejó fuera de carrera a José Molina, sino que ya se anotó para disputarle el sillón a Ducoté en 2019. También, a los referentes que integran el espacio el Frente Renovador, que, luego de que les fuera arrebatada la titularidad del Concejo Deliberante, se distanciaron del oficialismo y adoptaron un perfil más crítico.

 

 

TRES DE FEBRERO. Aunque necesitará negociar con la oposición en el Concejo Deliberante, Diego Valenzuela no sólo logró imponerse en las elecciones, sino que su crecimiento permitió que Cambiemos se posicione como la primera minoría en el recinto, lugar que hasta diciembre ostentaba el peronismo.

Cuestionado en el último tiempo por ser parte de la tropa de intendentes vidalista que atendieron el pedido de ajuste de la gobernadora firmando despidos y por los problemas de inseguridad, el periodista tiene en su currículum haber concluido con 24 años de conducción peronista en manos del histórico Hugo Curto.

En los primeros dos años de mandato, el intendente construyó su gestión buscando diferenciarse de su predecesor y respondiendo a las demandas y pedidos de la gobernadora, configurándose como uno de los mejores alumnos. Fue uno de los primeros en anunciar que acataría el pedido de achique de gastos y el que lideró la columna de vidalistas que se sumaron a la medida anti nepotismo.   

Con la sombra de Curto siempre presente – primero con su esposa en el recinto, Marta Burgos de Curto, y ahora con su nieto, Hugo Sebastián Curto,- Valenzuela pudo repetir la hazaña de 2015 y crecer en representantes. De seis bancas en el deliberativo, ahora cuenta con diez de 24. Los peronistas, que ya habían sido derrotados en 2013 por el Frente Renovador, si bien perdieron la primera minoría, también crecieron. Pasaron de siete lugares a ocho. El resto, para 1País. Entre otros representantes está Martín Jofre, la figura más importante del massismo en el distrito.    

Aunque el número de ediles es más significativo que el que lo acompañó en los primeros dos años de gestión, hasta diciembre el oficialismo contaba con la voluntad de cinco concejales amigables con la gestión de Valenzuela -como la versátil Marcela “La Tigresa” Acuña-, aliados cuyo consenso se extrañará a partir de la nueva relación de fuerzas.