PLANO CORTO. LEOPOLDO MOREAU

Adelante, un radical

Por qué Cristina eligió a un boinablanca como vocero de su peronista Unidad Ciudadana. El factor Alfonsín. El lazo irrompible con el Coti y el salvavidas de Manzano. Un Marciano en la Tierra K.

Cuando ya estaba retirado y no esperaba nada de la política, Leopoldo Moreau se convirtió una vez más en protagonista. De la mano de una mujer que militó toda la vida en la vereda de enfrente -el ancho peronismo- pero en el territorio bonaerense, donde él mismo intentó durante años -sin éxito- sentar las bases de un proyecto trascendente. El más testimonial de los radicales reapareció, con 70 años, empoderado a la vuelta de la historia por una ex presidenta que, después de arrasar en dos elecciones nacionales, decidió ir a pelear una batalla distrital en la que no tiene asegurado el triunfo.

 

Aunque en Unidad Ciudadana afirman que el ex miembro de la Coordinadora Radical no es el vocero de Cristina Kirchner, el octavo candidato a diputado nacional de una lista en la que no abundan los nombres con pasado frondoso ya fue el mensajero del cristinismo en momentos cruciales: en la noche de las PASO primero, en la denuncia contra la Gendarmería después y más tarde en la avanzada contra los responsables del escrutinio provisorio, como su correligionario Alejandro Tullio y la trasnacional española Indra.

 

“Cristina lo valora muchísimo: se conocen hace años y es una persona de consulta permanente”, le dijo a Letra P uno de los incondicionales de la jefa de Unidad Ciudadana. Hablan, se ven y cuando él tiene una idea o una sugerencia se la envía sin mediaciones. A partir del 10 de diciembre, volverá a la Cámara de Diputados para ser, ahora, una de las espadas cristinistas.

 

 

EL PUENTE CON ALFONSÍN. Apodado “El Marciano”, el ex periodista que abandonó la carrera de abogacía en el cuarto año vivió una vida intensa como militante radical, fue parte de la juventud que se inició en los años setenta y llegó al poder con Raúl Alfonsín. Sobrevivió maltrecho al naufragio alfonsinista, fue diputado y senador y un día de 2003 tuvo la mala suerte de creer que podía volar más alto con la camiseta de un partido que -con Fernando De la Rúa en la Casa Rosada- había sido herido de muerte. El veredicto lo dieron las urnas: 2,34 % en las elecciones presidenciales que ganó Néstor Kirchner y una jubilación política quizás prematura.

 

Moreau conoció de cerca a Cristina en los años noventa, cuando -entre 1995 y 2001- compartieron el Senado. Desde entonces, según coinciden a uno y otro lado, mantuvieron siempre una buena relación. Ex colaboradores del radical afirman que ese vínculo fue decisivo para recomponer la relación de Alfonsín padre con el kirchnerismo en el poder. La primera en 2004, cuando Néstor Kirchner pidió perdón en nombre del Estado por “la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia por tantas atrocidades”. Moreau aportó lo suyo para que al ex presidente que ordenó el juicio a las juntas, la Obediencia Debida y el Punto Final dejara de lado su encono con el Gobierno que recién se iniciaba.

 

Cuatro años más tarde, ya con Cristina con la banda presidencial, otra vez fue Leopoldo el que funcionó como nexo para que Alfonsín tuviera su homenaje en la Casa Rosada. En el año del conflicto con el campo y apenas seis meses antes de morir, el abogado de Chascomús fue agasajado y un busto suyo fue inaugurado en el salón de ingreso de Balcarce 50.

 

LA FAMILIA KIRCHNERISTA. La química entre los ex senadores no necesita de medidores. Sin embargo, Moreau no está solo en el seno de la familia K. El padre de su nieta, Leandro Santoro, es desde hace varios años uno de los incondicionales que recorre los estudios de televisión en defensa del proyecto que gobernó entre 2003 y 2015: se conocen desde 2002 y la relación política entre ellos permanece inalterable y crece dentro de las filas de la oposición cristinista. Por cuestiones familiares y políticas, Moreau además cultiva una cercanía creciente con otra figura clave de Unidad Ciudadana, el ex ministro de Defensa y actual candidato a diputado por Santa Fe Agustín Rossi.

 

 

 

“Él siempre tuvo mejor relación con Cristina que con Néstor por ser ella una mujer parlamentaria. Fue siempre un vínculo directo que se intensificó a partir de 2001, después de la muerte de Néstor, pero sobre todo por el giro del radicalismo en el acuerdo con (Francisco) De Narváez”, dice a Letra P Santoro, que en ese turno electoral acompañó la alianza que postuló a Ricardo Alfonsín como presidente y al empresario colombiano como gobernador. Pese que fueron competidores en las elecciones de 2003, los memoriosos recuerdan que ya ese año Moreau estuvo junto al presidente Kirchner en la inauguración de un tramo de la autopista Illia. En 2012, cuando confesó su adhesión al gobierno de turno, el partido en el que nació, se destacó y se alimentó decidió expulsarlo de sus filas.

 

Moreau y Santoro son las cabezas visibles de un grupo minúsculo de radicales que decidieron no abrazarse a la cruzada de Mauricio Macri y se acercaron al kirchnerismo. Junto con otro radical alfonsinista, el bancario Sergio Palazzo, y el ex funcionario cristinista Gustavo López, compartieron en 2016 un acto homenaje a Hipólito Yrigoyen en Atlanta que tuvo a la ex presidenta como estrella principal. Es un radicalismo que se vistió de kirchnerista cuando se apagaba el proyecto del Frente para la Victoria en el poder.

 

 

 

EL COTI, MANZANO, CRISTINA. Vecino de San Isidro desde su infancia, Moreau es parte de una generación de políticos que ocupó los primeros planos durante la presidencia de Alfonsín y los años del menemismo. Junto con Jesús Rodríguez, Federico Storani y Enrique “Coti” Nosiglia, fueron las caras del radicalismo antimenemista que confluyó después en la apuesta inviable de la Alianza UCR-Frepaso. Aunque mantiene el diálogo con todos, hoy sólo él se para por afuera de Cambiemos, la nueva alianza de gobierno.

 

De los tres, fue con Nosiglia con el que tuvo siempre más encontronazos, desde el momento mismo en que el ex ministro del Interior de Alfonsín apostó toda la vida a ganador en San Isidro, alineado en cada elección a la dinastía Posse. Ni eso ni las diferencias de estilo impidieron jamás que Moreau mandara uno de sus hombres de confianza a las oficinas de Nosiglia, en Callao y Corrientes, para retirar los palcos de cortesía cada vez que Boca recibía a River en La Bombonera. La hermandad futbolera -dicen cerca de Moreau- no lo llevó jamás a integrarse al pelotón de tres mil afiliados radicales que responden a Coti y votan en las elecciones xeneizes -desde 2011- a favor de otro radical, el binguero Daniel Angelici.

 

La debacle de la UCR en 2001 y su candidatura en 2003 dejaron a Moreau a la intemperie del poder por primera vez, lejos de los recursos partidarios que administraba cuando el MODESO, su histórica corriente política, pesaba dentro del radicalismo. Fue entonces cuando se refugió en la Fundación Espacio Progresista, un sello que se mantiene inalterable a través de los años y a partir del cual garantiza la financiación para sus movimientos políticos.

 

En política, fue parte de los alfonsinistas que acompañaron en segundo plano el experimento del radicalismo K y llegó a estar muy cerca de Julio Cobos. Algo más: el aislamiento al que fue condenado lo llevó a levantar el teléfono para llamar a otro político de su generación, con el que durante los años noventa se había enfrentado con una guerra de acusaciones, José Luis Manzano. Moreau se convirtió en gerente de Relaciones Públicas del Grupo América, el conglomerado de Daniel Vila y el ex ministro del Interior de Carlos Menem. Desde un espacio consolidado y además dueños de la cableoperadora Supercanal, los empresarios mendocinos persisten en su histórica rivalidad con Clarín, aunque con un poder de fuego incomparable. Después de una resistencia inicial, Manzano y Moreau jugaron en las adyacencias del kirchnerismo en la batalla que libró a partir de 2008 con el Grupo. Uno desde la mesa de 6 7 8 y otro desde las sombras, los dos apostaron entonces a que la Ley de Medios desmembrara al multimedios que acaba de quedarse con Telecom en el gigante más importante de las telecomunicaciones de la Argentina.

 

Los detractores del candidato de Unidad Ciudadana lo mencionaban como un apéndice de Manzano y lo señalaban incluso como el artífice del acuerdo de Ricardo Alfonsín con De Narváez, por entonces todavía accionista del Grupo América. Consultado para esta nota en tres oportunidades, Moreau eligió el silencio.

 

 

 

“Nunca trabajó para América, trabajó más para el Grupo Uno, la empresa del interior. Su relación es con José Luis. Necesitaba trabajo y él se lo dio”, le dijo a Letra P una de las autoridades del Grupo Vila Manzano. “Lo hizo porque tenía que subsistir; se había divorciado y estaba afuera de la política. Leopoldo era un empleado destacado pero no era socio. En política, siempre fueron el agua y el aceite”, afirma un amigo de Moreau.

 

El “Marciano” y “Chupete” acostumbraban reunirse en el Palacio Duhau para conversar sobre proyectos en común. De una de esas charlas, surgió hace más de diez años la iniciativa que convirtió a Moreau en delegado de los mendocinos en la asociación de cableoperadoras: llegó a ocupar el sillón de pro-secretario de la Asociación Argentina de Televisión por Cable, donde Clarín convive en tensa armonía con los representantes de Manzano y de otro sobreviviente del menemismo reciclado en empresario de medios, Alberto Pierri, el dueño de Telecentro.

 

Hoy Moreau sigue ocupando un lugar en la escena mediática. Invitado habitual de los programas de televisión que respaldan a Cristina Kirchner, además sostiene desde 2013 un espacio los sábados en la radio, donde combina el periodismo y la política: “El Puente”, en la AM 750, propiedad del jefe del PJ porteño, Víctor Santa María. Desde diciembre, cuando regrese a la Cámara de Diputados, dejará de hablar como mero comentarista de la política y volverá a asumir un lugar similar al que tuvo como opositor durante la década menemista.

 

Santiago Santurio, diputado de La Liberad Avanza. 
Juliana Santillán criticó al kirchnerismo por los incidentes en el Congreso

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