La noche de las PASO del 13 de agosto se vivió con una alegría agridulce en el búnker del frente Unidad Porteña (UP), que albergó al kirchnerismo, el Partido Justicialista y la centroizquierda en la Ciudad de Buenos Aires. Se celebró la vuelta al segundo lugar, pero el PJ detectó una novedad: las internas fortalecieron al espacio, al mismo tiempo que disminuyeron el apoyo a la lista “oficial” del peronismo. Se leyó como un castigo.
Un porcentaje de votos que históricamente, según los mapas comunales, quedaban en la opción del PJ y el kirchnerismo duro decidieron enviar una señal categórica e inclinarse por la boleta de Guillermo Moreno y Gustavo Vera. Si faltaba una razón para aumenta la resistencia a estos dos candidatos por parte de los integrantes de la lista PJ – K, el conteo de sufragios fue ese factor. Para la alegría de muchos, esa boleta no alcanzó el mínimo suficiente y no competirá en octubre. Sin embargo, la nómina bautizada Unidad Ciudadana pagó caro la desperonización y el ensayo de una campaña lavada, calcada a la de Cristina Fernández de Kirchner en la provincia de Buenos Aires.
Ante ese marco, Unidad Porteña se encuentra en un dilema: cómo mantener esa desperonización sin herir susceptibilidades y, además, pescar apoyos en el progresismo, que en agosto fue esquivo al kirchnerismo. La búsqueda es retener el voto híper K (voto 678, como le dicen en sorna) sin que ello prive de sumar respaldo de sectores que preferirían no caer en el mote de “kirchneristas”. Este planteo presenta un dilema: ¿Qué hacer con la figura de CFK? Para algunos es necesario hacer campaña contraponiendo su gestión con la de Mauricio Macri, otros no quieren ni nombrarla.
Será trabajo del primer candidato a diputado nacional por la Ciudad, Daniel Filmus, perforar esa discusión e ir en busca del progresismo. El ex ministro de Educación porta el physique du rôle apropiado para pescar en ese electorado y su trabajo en el Eje Rivadavia (comunas 5 y 6) será clave. Por otra parte, todavía los estrategas comunicacionales esperan que haga el simpático vídeo que se titula “Conociendo a…”, que ya filmaron Gabriela Cerruti, María Rosa Muiños y Mariano Recalde y en el que se presentan respondiendo preguntas personales y políticas. Las recomendaciones del catalán Antoni Gutiérrez Rubí, mezcladas con algunos aportes esporádicos de Alejandra Rafuls, encabezan los pedidos de los dos jefes de campaña, Víctor Santa María y Juan Manuel Olmos.
En la pelea por crecer en el corredor central que cruza la ciudad, Filmus chocará con Martín Lousteau, que buscará aumentar sus chances en la zona donde se aloja el histórico voto radical y donde, como en todas las comunas, arrasó la postulante de la alianza oficialista Vamos Juntos, Elisa Carrió.
El líder de Evolución salió a cruzar al kirchnerismo sin medias tintas: ahora busca polarizar con “el pasado” en la lucha por el segundo lugar en el distrito. El giro discursivo de “Guga” fue motivo de análisis de la mesa de campaña de Unidad Porteña. Ante este tema sí hubo unanimidad: los candidatos kirchneristas y peronistas no responderán a los cuestionamientos del economista. Al igual que en agosto, serán indiferentes a sus planteos. Es una táctica harto conocida en época de elecciones: desconociendo al otro, intentan ubicarse en soledad en ese ansiado segundo lugar.
A LA CAZA DEL “VOTO PROGRE”. Unidad Porteña trabajará para ampliar la base de votos de cara al 22 de octubre. Los temores por la dispersión se agotan en un planteo matemático: el 20% que cosecharon las tres listas de UP se mantendría firme, a pesar del llamado de atención en torno al apoyo que recibió la lista de Moreno y las críticas hacia el kirchnerismo que siempre han vertido las agrupaciones Seamos Libres y Patria Grande, que presentaron la lista Ahora Buenos Aires en agosto. “Enojados o no, esos son votos nuestros. No tienen otra opción en la Ciudad. Se quedan acá”, explican desde la mesa de campaña kirchnerista.
Para apelar al voto “progre”, advierten, trabajarán en base a un discurso económico, calcado de la nacionalización de la campaña de agosto. Ideas cristalizadas en frases como “así no vamos bien” o “es hora de dejar de mirar la tv y mirar la heladera” y con el argumento acerca de que la “única oposición real al ajuste” la representan los candidatos de UP. Sin embargo, la estrategia para seducir al progresismo (también se ilusionan con pescar en la izquierda) pasará por cuestionamientos en torno al “avasallamiento institucional” que, según analizan, comete el Gobierno nacional. Bajo esa lógica se mandó a imprimir el último volante de campaña, que porta la leyenda “Autoritarismo vs Democracia”.
Para engrosar esta teoría citarán casos como el juicio político al camarista Eduardo Freiler en el Consejo de la Magistratura, el rol de las fuerzas de seguridad durante las protestas sociales en la administración de Cambiemos y la “persecución” a dirigentes sindicales.
El último tema preocupa fundamentalmente a Víctor Santa María, el plenipotenciario presidente del PJ porteño y una de las cabezas centrales del armado de UP. Cortados los lazos con el gobierno de Macri, aún confía en su buen vínculo con Horacio Rodríguez Larreta, que le tiró un salvavidas político cuando el conflicto por el polémico Consejo de la Propiedad Horizontal, adelantado en exclusiva por Letra P, cruzaba los límites de la Ciudad y se instalaba en los medios nacionales. Además, comenzó a cerrar filas puertas adentro y retomó el diálogo con dos peronistas de antaño: Carlos Alfonso Tomada y Andrés “el Centauro” Rodríguez.
OBJETIVO OCTUBRE. A nivel números, Unidad Porteña se ilusiona con perforar los 20 puntos y subir entre dos y tres unidades. De máxima, sistema D’hont mediante, aspiran a conseguir ocho legisladores porteños y cuatro diputados nacionales. En el imaginario posible el resultado podría arrojar una banca menos en cada categoría.
Ante este desafío, se profundizará el trabajo en el sur de la Ciudad, donde el kirchnerismo ha cosechado buenos resultados cada dos años. Serán vitales las bajadas de los candidatos a legisladores porteños, en especial de Recalde y Muiños, conocedores del terreno. El diseño de las visitas a esa zona del distrito es coordinado por la mesa chica territorial que integran Silvia Gotero, Flavio Turné, Javier Andrade y Santa María. Luego la propuesta se debate ante la mesa territorial general en la que participan todas las organizaciones que trabajan bajo el paraguas del Frente para la Victoria desde hace años.
Pero es la mesa de campaña la que fija los parámetros discursivos y políticos del ejercicio proselitista de cara a octubre. La integran los primeros ocho legisladores y los primeros seis candidatos a diputados nacionales, pero la voz cantante la llevan Santa María y Juan Manuel Olmos, que volvió a encontrar consenso interno y le confiaron plenamente el armado político tras la vuelta al segundo lugar en las PASO.
DESPERONIZAR SIN ENOJAR. La campaña peronista soft que ensayó Unidad Porteña en las PASO abrió una grieta. De un lado, quienes se montaron convencidos a ese método de proselitismo que copiaron de CFK y, del otro, quienes miraron con desconfianza todo el proceso.
Los miembros del comité de campaña no fueron los únicos que notaron la situación, como quedó evidenciado con el “desvío” de votos hacia el ex secretario de Comercio del kirchnerismo. En UP saben que mantendrán a esos votantes porque integran el voto duro K, pero trabajarán para dejar tranquilos a los “enojados”, bautizados como el “voto 678”.
En ese sentido, desfilarán por los barrios y las unidades básicas para convencer a las bases de que la campaña no se desperonizó, sino que el PJ no es sólo la marcha inmortalizada por Hugo Del Carril y la simbología peronista. Cinco días antes de las elecciones de octubre se rememora el Día de la Lealtad. A priori, parecería que el acto será para alquilar balcones.
A propósito: ¿en qué estado viene la negociación por la formación del interbloque Unidad Porteña? Un grupo de ediles quiere avanzar, pero otros ya pone reparos en torno al futuro y el resultado electoral. Una derrota de CFK en provincia sería una catástrofe para está búsqueda de unidad, argumentan. Las diferencias ya comenzaron en los comicios de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde hubo división entre los miembros de Unidad Porteña que militaron por la re-elección del decano Glenn Postolski y quienes se inclinaron por Carolina Mera.