PLANO CORTO. el péndulo de Cambiemos

Con los votos de octubre, Macri se olvidó de diciembre

El Gobierno niega la Historia con ajuste y represión y dilapida crédito electoral. La furia y la ausencia del Presidente. El gobierno de Marcos Peña. La bipolaridad del peronismo.

Esta vez, Mauricio Macri no puede culpar a los operadores judiciales del Gobierno por la explosiva idea de sacar por decreto la reforma previsional como frutilla del postre represivo que preparó Patricia Bullrich el jueves 14 de diciembre. Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, el bombardero que dispara con sus denuncias hacia la escribanía de Comodoro Py, le desaconsejó en persona echarle trotyl al fuego. Ex Cardenal Newman y autor de la audaz iniciativa de violar la Constitución y designar dos jueces de la Corte Suprema en los primeros días de Cambiemos en el poder, “Pepín” no tuvo nada que ver con ese decreto que todavía está sobre el despacho presidencial. Por lo menos, eso es lo que dijo el jueves, cuando se iba de Casa Rosada, a personas de su confianza con tres palabras que no dejaban lugar a dudas: “Ni en pedo”.

 

Fuentes cercanas al oficialismo aseguraron a Letra P que la idea del decreto fue del team leader de Cambiemos, el único que no lo firmó, pero el que más lo impulsaba.

 

Ante situaciones imprevistas, Macri se delata lejos del empresario exitoso que llegó al poder y avanza a paso firme contra los pronósticos de sus detractores. Oscila entre la duda, la ausencia y la mano dura en todas las líneas. Después de las elecciones y el anuncio del reformismo permanente, la estantería oficial no para de venirse abajo. La crisis por el ajuste a los jubilados lo devolvió al lugar incómodo en que lo puso el desastre del ARA San Juan, el de un presidente que intenta intervenir en el tema, pide precisiones y amaga demasiado con un mensaje que nunca llega, enredado en la impotencia.

 

 

El jueves volvió a pasarle. Dejó el Gobierno a cargo de Marcos Peña, que dio una conferencia de prensa en la que avaló la zona liberada del Congreso que armó Patricia Bullrich para que fuerzas de seguridad actuaran al margen de cualquier ley y conveniencia. Alrededor de las 18, Macri se fue rumbo a la residencia de Olivos y dejó activa la bomba del decreto presidencial entre sus ministros con el jefe de Gabinete como vértice de la pirámide de poder amarillo. Según publicó Infobae, atrás suyo salieron camarógrafos de Presidencia con la hipotética misión de grabar un mensaje de Macri a la población que tampoco se concretó.

 

Elisa Carrió, el paro de la CGT y la avalancha de impugnaciones judiciales llevaron al Gobierno a intentar, por última vez en el Congreso, el lunes que viene.

 

Está claro desde el minuto uno: la reforma jubilatoria es lo único innegociable en la cabeza del Presidente, la llave maestra del ajuste con la que apuesta a ahorrar un mínimo de 80.000 millones de pesos en base al recorte de los haberes y pensiones de 17 millones de personas. Lo repite José Torello, otro de los ex Newman que exhibe un acceso permanente a Macri como su jefe de asesores. Como sucedió incluso con gobiernos anteriores, el aval circunstancial de los votos que plebiscitaron a Cambiemos en las elecciones legislativas empieza a revelarse como un arma de doble filo. Entre las víctimas de Cambiemos, no sólo está el peronismo: también están sus votantes.

 

 


JUGAR CON FUEGO. Con los votos de octubre, Macri se olvidó de diciembre y minimizó, justo en el mes más caliente, el fantasma de una crisis que, cuando asumió, era su principal preocupación y la de su gobierno.

 

El Presidente cree que tiene las manos libres para hacer lo que entiende conveniente, a partir de la negociación con un PJ institucional que también delata su crisis: no puede hacer cumplir en Diputados lo que convalida en la mesa que le tiende el Gobierno. La imagen del salteño Pablo Kosiner, a cargo de la bancada de Argentina Federal, escoltado por Mario Negri y Nicolás Massot es elocuente. Los diputados que responden a los gobernadores se exhiben cautivos del oficialismo. Kosiner le dijo a Letra P, el miércoles pasado, que la Argentina era otra, muy distinta a la de hace 20 días, y que su bloque no iba a acompañar la reforma previsional. Lo mismo dijo Diego Bossio, hasta entonces, el más decidido a rechazar una propuesta de Macri que le pega directo en el mayor capital político que cosechó de la mano de Cristina Kirchner desde la jefatura de la Anses. El jueves actuaron en consecuencia, apremiados por un rechazo que perciben en la calle, y el viernes volvieron a darle sí al Gobierno. Demasiada fragilidad para ser oposición.

 

 

Después de la rebelión, la concesión: rodeado por Cabiemos, el diputado Kosiner anuncia apoyo a la reforma.

 

 

Puertas adentro del Gobierno, cuando el ala política falla, aparece un rostro más descarnado del macrismo. En diciembre, a dos años exactos de haber asumido el poder, el Presidente decidió acelerar con una reforma guionada por el FMI. Todo cambia y siempre surgen novedades, pero la memoria de generaciones enteras no se altera tan fácil. Macri está arriesgando, en una semana un capital político que le costó conseguir y es producto no sólo del hartazgo de una parte de la sociedad con el peronismo. También, de 15 años de inversiones para moldear su personalidad política. En modo temerario, el Presidente y su equipo juegan con fuego y ponen en riesgo la oportunidad única en la historia argentina: una derecha que llega al poder a través de los votos y sin identidad prestada.

 

 

 

ENTRE EL PERONISMO Y CARRIÓ. Con la traición de los gobernadores que denuncian desde la Casa Rosada, dentro del Gobierno quedaron golpeados nuevamente Rogelio Frigerio y Emilio Monzó, dos incondicionales de una negociación con el PJ que puede fallar, sobre todo cuando lo que quiere Macri pega en asalariados o jubilados. Pasó con el Impuesto a las Ganancias en 2016 y volvió a pasar ahora. La diferencia está en que los votos y el Círculo Rojo conducen al Presidente hacia el ajuste a una velocidad que hace dudar de la religión gradualista. El despliegue represivo que la ex ministra de Fernando De la Rúa desplegó en el Congreso sólo es comparable al de los días finales de la Alianza UCR-Frepaso. Al ajuste, le sumaron la militarización del Congreso y una artillería desmedida que sólo logró expandir a nivel de la base de la sociedad una percepción incómoda para el gobierno: se meten con los jubilados.

 

 

 

Astillada en diferencias de todo tipo, esta vez la oposición se movió bien. La confluencia de las organizaciones sociales con un sector del sindicalismo opositor en la calle encontró eco en la Cámara de Diputados. Por segunda vez en dos años, el Gobierno logró unir a todos con una medida en contra de los sectores más desfavorecidos. La foto de los abrazos entre lo que hasta ayer parecían el agua y el aceite enfureció al Presidente y entusiasmó al antimacrismo. El Gobierno –que llegó justo a la votación- no hizo más que agigantar su derrota con las balas y los gases. Insistirá por todas las vías, la duda es con qué método: si el de 2016, más negociador o el de 2017, vestido de uniforme y a los tiros. La forma hace el fondo: Cambiemos quiere recuperar en 2018 lo que concedió con inversión social desde que llegó al poder y con la reparación histórica que Carlos Melconián desaconsejó. Ahora Macri se arrepiente y busca ahorrar una cifra similar a la que se comprometió a dar. Si fracasa el ajuste, también se cae el pacto fiscal y María Eugenia Vidal pierde lo que parecía haber logrado: la resurrección del Fondo del Conurbano para alambrar la provincia de Buenos Aires con una lona amarilla.

 

El rol de Carrió es un contrapeso tan indudable como impredecible. Opositora irreductible al kirchnerismo, Macri la lleva a un sacrificio inédito: levantar la mano para votar leyes que recuerdan a las de Carlos Menem. Cuando la jefa de la Coalición Cívica se sale del nicho de la denuncia para impugnar el rumbo económico o político del macrismo, lastima más que nunca. Mientras los gobernadores del PJ van mansos a poner la cabeza en la guillotina del ajuste, la oficialista Lilita se desmarca rápido con uno o dos mensajes en Twitter. Después, Macri la convence y el círculo vuelve a empezar. Carrió no tenía otro destino que la soledad hasta que se subió al portaviones de Peña y Jaime Durán Barba. Hasta cuando viajará cómoda sigue siendo una pregunta vital.

 

 

Todos unidos. La foto que sacó al Presidente.

 

LA VACA. Pese a que se comprometieron a darle la llave al ajuste el lunes, los gobernadores y el peronismo institucional confirmaron el jueves que el seguidismo a Cambiemos no sólo los puede llevar a perder elecciones: también les puede costar caro antes sus propios electorados.

 

Al lado de Miguel Ángel Pichetto, el abanderado del peronismo de la conciliación, empiezan a advertir con preocupación que el Gobierno pierde la percepción de la calle. “Hay bronca abajo. A los gobernadores los obligaron a firmar. Estos son más impiadosos que el kirchnerismo”, se quejó un dirigente del interior ante Letra P.

 

Aunque desde el Gobierno y el antiperonismo los señalan como los culpables de todas las crisis, en el PJ entienden la historia de manera antagónica: son los que pueden gobernar la crisis que generan otros. Después de quemarse con leche varias veces, el peronismo ve una vaca y llora: con las imágenes de estos días, vuelven a comparar a Cambiemos con la alianza UCR-Frepaso y con las experiencias previas del radicalismo en el poder. ¿Hasta dónde es capaz de acompañar el ensayo de Cambiemos? Eso tampoco está claro. Pero Pichetto hizo un llamado el miércoles pasado en el brindis de la revista Movimiento 21 en el Palais de Rouge para estar a la altura de “la historia de gobierno” del PJ. “El país no aguanta más un esquema amateur. No se puede improvisar más. El peronismo, si es opción de poder en 2019, cuando gane las elecciones, o en 2023, no puede improvisar. Tiene que tener un plan para llevar adelante porque las dificultades están creciendo”.

 

Mauricio Macri y Patricia Bullrich. 
Patricia Bullrich y Cristian Ritondo

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