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Duahldista de cuna, ultra cristinista después, la senadora platense sería una rareza en un tribunal más técnico que político. El puente Salvai. Los negocios familiares. El Plan V para acumular poder.
Por y 30/12/2016 13:23

Lo demostró con creces en su primer año al frente de la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Como escribió Letra P en una columna publicada el pasado 22 de diciembre, María Eugenia Vidal, lejos de abatatarse frente a las asperezas del territorio político más volcánico del país, va por todo. Lo hace bajo la premisa nietszcheana de que la única manera de preservar el poder conquistado es trabajando sin pausa para aumentarlo. Y lo hace, además, con lógica peronista: salta –atropella, si lo cree necesario- las vallas que le obstruyen el camino, aunque eso desmienta el discurso institucionalista que aupó a Cambiemos al control de la tríada Nación-Ciudad-Provincia. El acoso a la procuradora María del Carmen Falbo para que le cediera el despacho a Julio Conte Grand, un jurista de la más pura cepa PRO, fue una muestra de pragmatismo brutal. Más: la gobernadora construye como el peronismo, pero también con el peronismo, como dejó en evidencia en el acuerdo con intendentes del PJ para la aprobación de su Presupuesto 2017 y en el pacto de gobernabilidad –y acaso algo más- con un sector del PJ más ortodoxo que exhibió, sin indicios de pudores, en su reciente visita al distrito de José C. Paz. Pues bien, todos esos datos y todos esos rasgos del estilo Vidal podrían condensarse en su próxima jugada, acaso la más audaz: sentar en la silla vacía que hay en la Suprema Corte bonaerense a la senadora nacional María Laura Leguizamón, abogada platense con larga carrera parlamentaria como representante del Partido Justicialista pero sin antecedentes de desempeño en el Poder Judicial ni pergaminos académicos o profesionales en el campo del Derecho.

 

EL MÁS MENTADO
En la Corte y en todos los rincones donde se juntan abogados, jueces y demás miembros del mundillo judicial bonaerense para cuchichear, el nombre que pagaba menos como candidato a ocupar la silla vacía del máximo tribunal de la Provincia es del asesor general de Gobierno, Marcelo López Mesa, designado en ese cargo por la gobernadora Vidal para cubrir el hueco que dejó Gustavo Ferrari al saltar al Ministerio de Justicia. Reconocido jurista, el ex juez de Chubut –que había hecho sus primeras experiencias justamente en la Asesoría bonaerense- se alistó rápido como soldado de la gobernadora: "Me llevó una hora y media decidir acompañar a Vidal", dijo. Reconocido jurista -en 2013, fue designado en España miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, por ejemplo-, para muchos era el postulante cantado. Pero, según pudo saber Letra P, la jefa del Ejecutivo quiere a una mujer que acompañe a la solitaria Hilda Kogan en una Corte de hombres.

 

El artículo 27 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Provincia (Nº 5827) establece que el máximo tribunal bonaerense “se compondrá de siete (7) miembros”. Hoy, está compuesto por seis: el actual presidente,  Luis Genoud; la vice, Hilda Kogan, y los ministros Héctor Negri, Julio Pettigiani, Eduardo de Lázzari y Daniel Soria. El séptimo asiento está disponible.

Según pudo saber Letra P, la gobernadora, en su impulso por ocupar espacios institucionales de relevancia con funcionarios de su riñón –logró colocar al diputado Manuel Mosca en la presidencia de la Cámara baja- o surgidos de acuerdos políticos de recíproca conveniencia –le entregó al peronismo la conducción de la Defensoría del Pueblo en el marco del pacto con intendentes del Grupo Esmeralda a cambio de los votos que necesitaba para parir la ley de recursos y gastos del próximo ejercicio- pretende cubrir esa vacante. Y quiere hacerlo con una mujer, de manera de atenuar un poco la disparidad de género que exhibe ahora el tribunal.

En algún momento del año, el nombre de Leguizamón corrió por los pasillos del palacio que muestra su fachada sobre la avenida 13 de La Plata, le dijo una alta fuente de la Corte a este medio. Pero le aclaró, lacónica: “Nadie le dio demasiada importancia a esa versión”. Y advirtió: “Sería una designación sorpresiva”.

¿Por qué?

  1. Por el perfil de la candidata.
  2. Por el perfil de la Corte bonaerense.
  1. Leguizamón es miembro de una tradicional familia peronista de la capital bonaerense. Fue muy duhaldista en los noventas, se mudó al kirchnerismo cuando en 2005 se quebró la alianza estratégica que llevó a Néstor Kirchner a la Casa Rosada y terminó trabando una relación muy cercana con Cristina Fernández cuando coincidieron en el Congreso. Fue diputada nacional (1993/97 y 2007-11), legisladora porteña (2000-03) y senadora nacional (2003-07 y 2011 hasta la actualidad). Es abogada por la Universidad Nacional de La Plata, pero su campo de actuación no es el Derecho. Es, claramente, la política, con especialización en la tarea legislativa.

 

 

  1. La Corte bonaerense no es, como la de la Nación, un tribunal que funcione con la lógica de la política. Es, más bien, un cuerpo colegiado de rasgos técnicos y burocráticos. Sus miembros tienen, por supuesto, orígenes políticos. Hay radicales. Hay peronistas. Pero esas filiaciones se desdibujan en la dinámica cotidiana. De hecho, no hay bloques que permitan descubrir un patrón estable en las votaciones. Se imponen, en cada decisión, criterios coyunturales surgidos de corrientes de pensamiento jurídico.

En ese escenario, Leguizamón no aparece como una alternativa que le permitiría a la gobernadora Vidal quebrar una ecuación o equilibrar alguna relación de fuerzas determinada, contraria a sus intereses. “No ha demostrado tampoco este gobierno una vocación de influir políticamente sobre la Corte”, reconoció la fuente. “Quien cubra la vacante, tendrá apenas un séptimo de la torta”, graficó.

“Sería una designación sorpresiva”, insistió.

 

PLAN CANJE
En nota aparte (ver “Peña lo niega, pero…”), Letra P informa que el procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Balbín, podría ser la próxima víctima de la guadaña del presidente Mauricio Macri. El hombre, que ejerce funciones similares al del fiscal de Estado bonaerense, intentaría irse con trabajo asegurado. Y uno mucho mejor, incluso: estaría pidiendo, para calmar la angustia de su inminente salida, que la gobernadora Vidal lo proponga para la Corte provincial. Pero la jugada parece condenada al fracaso.

 

¿De dónde surge, entonces, el Plan Leguizamón?

¿Qué tiene que ver la duhaldista devenida ultra cristinista con la macrista Vidal?

¿Por qué a la gobernadora se le ocurriría promover, para la Corte tan técnica y tan poco política de la Provincia, a una militante de carrera parlamentaria y nula experiencia en el campo del Derecho?

  1. Hay un puente sólido que une a Vidal con Leguizamón: Federico Salvai. El jefe de Gabinete de la Provincia es el funcionario de mayor confianza de la gobernadora. Pero antes, mucho antes, fue director de Comunicación del Consejo Provincial del Menor con Leguizamón al frente de ese organismo. Y después, asesor y jefe de despacho de la actual senadora en su paso por la Legislatura porteña.
  2. Leguizamón es, además, una NyC bonaerense. En un gobierno provincial con abrumadora mayoría de funcionarios trasplantados de la Ciudad de Buenos Ares, no es ése un rasgo menor a la hora de elegir un postulante para la Corte. Y a la ex vicejefa del Gobierno porteño lo que le sobran son, justamente, porteños. Y lo que le escasean son, precisamente, bonaerenses.
  3. El esposo de Leguizamón es Marcelo Felgueiras, un empresario que se integró al mundo de negocios PRO después de ser un mimado de CFK, a quien llegó cruzando otro puente: el que unía a su mujer con la entonces presidenta. Por ejemplo, en 2011 compró el 30% del Banco Finansur, la pata financiera del mega empresario K Cristóbal López.
  4. Leguizamón es peronista de cuna duhaldista. Y Eduardo Duhalde patrocina el grupo de veteranos barones del GBA que crearon esa suerte de task force PRO friendly que acogió a la gobernadora en el acto peronista-macrista que armó el ponchero Mario Ishii en su comarca del oeste del GBA.


La fuente presentó otra hipótesis: que Vidal espera a que se produzca una segunda vacante que genere una sensación de necesidad y urgencia para avanzar en nombramientos. “Sobran los candidatos a la jubilación y los que han dicho, en conversaciones informales, que estarían listos para retirarse”, aportó. Y volvió a insistir: la de Leguizamón “sería una designación sorpresiva”.

El punto es que María Eugenia Vidal ha sido, desde que se lanzó a la conquista de la llanura bonaerense, una sorpresa en sí misma. El 16 de junio de 2014, este portal contó 43 asistentes en un acto que encabezó en un local de Berisso. Hoy, construye su propia superestructura de poder en la Provincia.

Vidal estudia proponer a María Laura Leguizamón para la Corte

Duahldista de cuna, ultra cristinista después, la senadora platense sería una rareza en un tribunal más técnico que político. El puente Salvai. Los negocios familiares. El Plan V para acumular poder.

Lo demostró con creces en su primer año al frente de la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Como escribió Letra P en una columna publicada el pasado 22 de diciembre, María Eugenia Vidal, lejos de abatatarse frente a las asperezas del territorio político más volcánico del país, va por todo. Lo hace bajo la premisa nietszcheana de que la única manera de preservar el poder conquistado es trabajando sin pausa para aumentarlo. Y lo hace, además, con lógica peronista: salta –atropella, si lo cree necesario- las vallas que le obstruyen el camino, aunque eso desmienta el discurso institucionalista que aupó a Cambiemos al control de la tríada Nación-Ciudad-Provincia. El acoso a la procuradora María del Carmen Falbo para que le cediera el despacho a Julio Conte Grand, un jurista de la más pura cepa PRO, fue una muestra de pragmatismo brutal. Más: la gobernadora construye como el peronismo, pero también con el peronismo, como dejó en evidencia en el acuerdo con intendentes del PJ para la aprobación de su Presupuesto 2017 y en el pacto de gobernabilidad –y acaso algo más- con un sector del PJ más ortodoxo que exhibió, sin indicios de pudores, en su reciente visita al distrito de José C. Paz. Pues bien, todos esos datos y todos esos rasgos del estilo Vidal podrían condensarse en su próxima jugada, acaso la más audaz: sentar en la silla vacía que hay en la Suprema Corte bonaerense a la senadora nacional María Laura Leguizamón, abogada platense con larga carrera parlamentaria como representante del Partido Justicialista pero sin antecedentes de desempeño en el Poder Judicial ni pergaminos académicos o profesionales en el campo del Derecho.

 

EL MÁS MENTADO
En la Corte y en todos los rincones donde se juntan abogados, jueces y demás miembros del mundillo judicial bonaerense para cuchichear, el nombre que pagaba menos como candidato a ocupar la silla vacía del máximo tribunal de la Provincia es del asesor general de Gobierno, Marcelo López Mesa, designado en ese cargo por la gobernadora Vidal para cubrir el hueco que dejó Gustavo Ferrari al saltar al Ministerio de Justicia. Reconocido jurista, el ex juez de Chubut –que había hecho sus primeras experiencias justamente en la Asesoría bonaerense- se alistó rápido como soldado de la gobernadora: "Me llevó una hora y media decidir acompañar a Vidal", dijo. Reconocido jurista -en 2013, fue designado en España miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, por ejemplo-, para muchos era el postulante cantado. Pero, según pudo saber Letra P, la jefa del Ejecutivo quiere a una mujer que acompañe a la solitaria Hilda Kogan en una Corte de hombres.

 

El artículo 27 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Provincia (Nº 5827) establece que el máximo tribunal bonaerense “se compondrá de siete (7) miembros”. Hoy, está compuesto por seis: el actual presidente,  Luis Genoud; la vice, Hilda Kogan, y los ministros Héctor Negri, Julio Pettigiani, Eduardo de Lázzari y Daniel Soria. El séptimo asiento está disponible.

Según pudo saber Letra P, la gobernadora, en su impulso por ocupar espacios institucionales de relevancia con funcionarios de su riñón –logró colocar al diputado Manuel Mosca en la presidencia de la Cámara baja- o surgidos de acuerdos políticos de recíproca conveniencia –le entregó al peronismo la conducción de la Defensoría del Pueblo en el marco del pacto con intendentes del Grupo Esmeralda a cambio de los votos que necesitaba para parir la ley de recursos y gastos del próximo ejercicio- pretende cubrir esa vacante. Y quiere hacerlo con una mujer, de manera de atenuar un poco la disparidad de género que exhibe ahora el tribunal.

En algún momento del año, el nombre de Leguizamón corrió por los pasillos del palacio que muestra su fachada sobre la avenida 13 de La Plata, le dijo una alta fuente de la Corte a este medio. Pero le aclaró, lacónica: “Nadie le dio demasiada importancia a esa versión”. Y advirtió: “Sería una designación sorpresiva”.

¿Por qué?

  1. Por el perfil de la candidata.
  2. Por el perfil de la Corte bonaerense.
  1. Leguizamón es miembro de una tradicional familia peronista de la capital bonaerense. Fue muy duhaldista en los noventas, se mudó al kirchnerismo cuando en 2005 se quebró la alianza estratégica que llevó a Néstor Kirchner a la Casa Rosada y terminó trabando una relación muy cercana con Cristina Fernández cuando coincidieron en el Congreso. Fue diputada nacional (1993/97 y 2007-11), legisladora porteña (2000-03) y senadora nacional (2003-07 y 2011 hasta la actualidad). Es abogada por la Universidad Nacional de La Plata, pero su campo de actuación no es el Derecho. Es, claramente, la política, con especialización en la tarea legislativa.

 

 

  1. La Corte bonaerense no es, como la de la Nación, un tribunal que funcione con la lógica de la política. Es, más bien, un cuerpo colegiado de rasgos técnicos y burocráticos. Sus miembros tienen, por supuesto, orígenes políticos. Hay radicales. Hay peronistas. Pero esas filiaciones se desdibujan en la dinámica cotidiana. De hecho, no hay bloques que permitan descubrir un patrón estable en las votaciones. Se imponen, en cada decisión, criterios coyunturales surgidos de corrientes de pensamiento jurídico.

En ese escenario, Leguizamón no aparece como una alternativa que le permitiría a la gobernadora Vidal quebrar una ecuación o equilibrar alguna relación de fuerzas determinada, contraria a sus intereses. “No ha demostrado tampoco este gobierno una vocación de influir políticamente sobre la Corte”, reconoció la fuente. “Quien cubra la vacante, tendrá apenas un séptimo de la torta”, graficó.

“Sería una designación sorpresiva”, insistió.

 

PLAN CANJE
En nota aparte (ver “Peña lo niega, pero…”), Letra P informa que el procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Balbín, podría ser la próxima víctima de la guadaña del presidente Mauricio Macri. El hombre, que ejerce funciones similares al del fiscal de Estado bonaerense, intentaría irse con trabajo asegurado. Y uno mucho mejor, incluso: estaría pidiendo, para calmar la angustia de su inminente salida, que la gobernadora Vidal lo proponga para la Corte provincial. Pero la jugada parece condenada al fracaso.

 

¿De dónde surge, entonces, el Plan Leguizamón?

¿Qué tiene que ver la duhaldista devenida ultra cristinista con la macrista Vidal?

¿Por qué a la gobernadora se le ocurriría promover, para la Corte tan técnica y tan poco política de la Provincia, a una militante de carrera parlamentaria y nula experiencia en el campo del Derecho?

  1. Hay un puente sólido que une a Vidal con Leguizamón: Federico Salvai. El jefe de Gabinete de la Provincia es el funcionario de mayor confianza de la gobernadora. Pero antes, mucho antes, fue director de Comunicación del Consejo Provincial del Menor con Leguizamón al frente de ese organismo. Y después, asesor y jefe de despacho de la actual senadora en su paso por la Legislatura porteña.
  2. Leguizamón es, además, una NyC bonaerense. En un gobierno provincial con abrumadora mayoría de funcionarios trasplantados de la Ciudad de Buenos Ares, no es ése un rasgo menor a la hora de elegir un postulante para la Corte. Y a la ex vicejefa del Gobierno porteño lo que le sobran son, justamente, porteños. Y lo que le escasean son, precisamente, bonaerenses.
  3. El esposo de Leguizamón es Marcelo Felgueiras, un empresario que se integró al mundo de negocios PRO después de ser un mimado de CFK, a quien llegó cruzando otro puente: el que unía a su mujer con la entonces presidenta. Por ejemplo, en 2011 compró el 30% del Banco Finansur, la pata financiera del mega empresario K Cristóbal López.
  4. Leguizamón es peronista de cuna duhaldista. Y Eduardo Duhalde patrocina el grupo de veteranos barones del GBA que crearon esa suerte de task force PRO friendly que acogió a la gobernadora en el acto peronista-macrista que armó el ponchero Mario Ishii en su comarca del oeste del GBA.


La fuente presentó otra hipótesis: que Vidal espera a que se produzca una segunda vacante que genere una sensación de necesidad y urgencia para avanzar en nombramientos. “Sobran los candidatos a la jubilación y los que han dicho, en conversaciones informales, que estarían listos para retirarse”, aportó. Y volvió a insistir: la de Leguizamón “sería una designación sorpresiva”.

El punto es que María Eugenia Vidal ha sido, desde que se lanzó a la conquista de la llanura bonaerense, una sorpresa en sí misma. El 16 de junio de 2014, este portal contó 43 asistentes en un acto que encabezó en un local de Berisso. Hoy, construye su propia superestructura de poder en la Provincia.