El secuestro de Nicolás Maduro, tutela en Venezuela y amenaza al mundo: ¿quién para al presidente de EE.UU.? A izquierda y derecha, la resistencia nace en casa.
Imagen generada con inteligencia artificial (ChatGPT).
El modo –y los modos– con que Donald Trump se ha erigido casi en un emperador global suma resentimientos en todo el mundo, desde Venezuela y América Latina en general hasta China y Europa. Sin embargo, su exhibición impúdica del poder de Estados Unidos, incluso militar, no encuentra quién pueda contenerlo. ¿De dónde podría provenir un límite que parece urgente?
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El tema es de suma importancia para la Argentina. Si Javier Milei decidió de arranque que el país se convirtiera en el primer Estado vasallo de Donald I, se hace inevitable comenzar a seguir el detalle de la política doméstica de la metrópoli.
Así, hay que poner la mira en las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, en las que se renovarán las 435 bancas de la Cámara de Representantes y un tercio de las del Senado.
"Tienen que ganar las elecciones de mitad de mandato, porque si no (los demócratas) van a encontrar un motivo para destituirme", arengó el último martes el presidente a una audiencia de dirigentes republicanos.
Donald Trump, el dictador anunciado
Dos hechos aparecen como relevantes.
Uno, la caída de su imagen y de la aprobación a su gestión en las encuestas. El sitio RealClearPolitics indica, en su tradicional compendio de sondeos nacionales, que la popularidad del jefe de la Casa Blanca es negativa en prácticamente todos los casos, por rangos que, en un extremo, llegan a los 18 puntos porcentuales.
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Dos, el surgimiento de rechazos encarnizados, tanto por izquierda como por derecha, en reacción a sus decisiones recientes, cada vez más intrépidas y ajenas a las reglas de juego conocidas y a la propia legalidad internacional y estadounidense.
Trump había advertido en la campaña, sin que eso disuadiera a la mayoría del electorado, que iba a gobernar "como un dictador desde el día uno". Hay que decir que está cumpliendo su promesa.
Su política avasallante en todos los frentes busca restaurar lo que él entiende como el interés nacional de los Estados Unidos y de su heterogénea base de votantes, todos conservadores, sí, pero que incluye a la vez a trabajadores afectados por la globalización y las importaciones desde China, y a la flor y nata del empresariado financiero, tecnológico, industrial y de servicios.
Lo demás pasa por su decisión de perseguir ese objetivo con los peores modos imperiales que se recuerden en las últimas décadas.
Donald Trump contra el mundo
Las reacciones por izquierda son esperables, pero no dejan de nutrir de banderas al Partido Demócrata, incluso confundido como está y cruzado por una grieta ideológica que se ensanchó tras el arribo de Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York.
Primero, el debut proteccionista, con aranceles urbi et orbi, afectó a sectores de la economía y amenazó con desatar presiones inflacionarias que han sido contenidas.
Tariffs
Donald Trump cumplió en el inicio de su segundo mandato con la promesa de aplicar enormes aranceles punitivos a casi todos los países, lo que forzó negociaciones bilaterales que permitieron revertirlos o suavizarlos en muchos casos.
Luego causó polémica interna con el otorgamiento de un swap para salir al rescate de Milei, ayudarlo a evitar un default y una devaluación inflacionaria en la previa de las elecciones de octubre. El argentino, como se sabe, evitó el abismo, ganó y le aseguró al Tesoro estadounidense una ganancia millonaria por un puente fugaz de dólares, lo que aplacó esas críticas.
Hay que señalar que lo que esa movida implicó en términos de intromisión en un proceso electoral de otro país, replicado más agresivamente poco después en el caso de Honduras, no fue lo que más escandalizó al establishment político norteamericano.
Estados Unidos y el nuevo desorden internacional
Lo más serio llegó con la presentación de una Estrategia de Seguridad Nacional que consagra una tutela brutal sobre América Latina, la agresión militar a Venezuela, los bombardeos a presuntas "narcolanchas" –que dejaron unos 115 muertos y constituyen verdaderos crímenes de guerra–, el secuestro de Nicolás Maduro para someterlo a juicio en Nueva York y la imposición a ese país de una tutela que sólo se justifica por la apropiación del petróleo.
Los demócratas y no pocos republicanos del Capitolio resintieron que el presidente se haya arrogado poderes de guerra sin el debido aval legislativo, y los más progresistas también denunciaron la violación de la legalidad internacional.
En paralelo, los críticos observan impactados cómo extiende sus amenazas guerreristas a Cuba, Colombia, México y hasta Canadá y la OTAN y la Unión Europea (UE), a la que pone en vilo cada día con su promesa de capturar el territorio danés de Groenlandia. Esto último, desde ya, liquidaría la Alianza Atlántica.
En una entrevista que concedió a The New York Times, dijo en relación con los poderes globales que se arroga que, "sólo hay un límite: mi propia moral, mi propia mente. Eso es lo único que puede detenerme".
El bullying es la manifestación buscada de esas políticas, que no se detuvo en la burla pública al dictador venezolano depuesto, sino que alcanzó a Emmanuel Macron, a quien no sólo imitó sardónicamente, sino que le atribuyó un diálogo que debió quedar en reserva y que expuso su aparente sumisión a Donald I.
Así se ha burlado, reído y mofado de Emmanuel Macron, Donald Trump, con esta imitación: "Lo que quieras Donald, pero no se lo digas a la gente, te lo ruego".
Su equipo de comunicación no deja de postear imágenes que muestran la isla de Groenlandia pintada con los colores de los Estados Unidos. Luego, el propio jefe de la Casa Blanca sorprendió al publicar una presunta captura de Wikipedia que lo presenta como "presidente interino de Venezuela".
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Donald Trump publicó en cu cuenta de Truth Social una imagen que lo presenta como presidente de Venezuela.
Humillar es una forma de confundir, cambiar las reglas y someter, un modo de preludiar los avances de hecho, naturalizarlos y minimizar las consecuencias para el perpetrador.
La cepa de líderes internacionales de extrema derecha que se referencian en Trump, desde Milei a Jair Bolsonaro y otros extravagantes, le impone definitivamente al análisis político incluir la psicología como ciencia auxiliar.
Los principales líderes del mundo miran el espectáculo en estado de shock. La reacción y el límite probablemente vengan desde dentro de los Estados Unidos. Si no, es posible que no los haya.
Por un lado, la cuestión de Groenlandia preocupa por igual a los establishments de demócratas y republicanos. Los segundos, en buena medida, aún callan, pero están igualmente inquietos ante la posibilidad de que el presidente haga estallar todo un orden internacional en el que han creído y por el que han trabajado, lo que, en algún momento, podría dejar solo a Estados Unidos ante desafíos de Rusia y de China.
En segundo lugar, comienzan a pasar factura las consecuencias de la dura política antiinmigratoria.
Trump reclutó a 12.000 nuevos agentes para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), más que duplicando su número inicial, para lanzarlos a la caza de inmigrantes en más de 30 estados y, más recientemente, en ciudades donde las mayorías sociales los deploran. Llamativamente, acuden a esos operativos con ropa militar, armas de guerra y encapuchados, esto último abiertamente ilegal.
Estados Unidos: el crimen que gatilló la furia
El mejor ejemplo de esto se acaba de dar en Minneapolis, estado de Minnesota (norte), donde el agente del ICE Jonathan Ross mató de tres tiros a la ciudadana estadounidense Renee Nicole Good, una mujer de 37 años y madre de tres niños, que se retiraba con su camioneta tras tratar de entorpecer un operativo.
Trump y sus funcionarios protegieron al asesino y mintieron que actuó "en defensa propia" porque, supuestamente, Good había intentado atropellarlo. No fue así, aunque Ross permanece en libertad. La farsa recordó lo dicho en Argentina por Patricia Bullrich, quien trató de explicar, contra toda evidencia, que una niña no había sido gaseada por un policía en una manifestación y que la cápsula que dañó para siempre la vida del fotógrafo Pablo Grillo había sido disparada como indica el protocolo, hacia arriba a 45 grados, y no directamente como un proyectil de intención homicida.
Esto, claro, fue mucho para la izquierda política, pero también para amplios sectores sociales, que protagonizaron en los últimos días manifestaciones masivas de repudio a Trump, el ICE y las políticas migratorias en Minneapolis, Nueva York y muchas otras ciudades. Pero también lo es para muchos conservadores respetuosos de la ley.
Impactan, en ese sentido, los videos que proliferan en las redes, que muestran a los hombres del ICE repudiados en las calles y los comercios, insultados por ciudadanos comunes, filmados con teléfonos celulares en sus operativos y hasta en situaciones ridículas, patinando y cayendo sobre la nieve mientras personas que los rodean los filman, se ríen y festejan.
Un agente de ICE se baja corriendo para cazar a alguno y se hace mierda contra el asfalto al resbalarse en el hielo. Los festejos y celebraciones de la gente alrededor explica muchísimo de lo que está pasando. pic.twitter.com/mYYsUGdRMf
Lo anterior es esperable en ese sector de la cultura, pero la política de la intimidación comienza a erosionarse. Esto, expresado en actos de abierta desobediencia, tendrá, con alta probabilidad, impacto electoral en estados importantes.
When you have about 20,000 armed, masked men who refuse to identify themselves driving around the country in unmarked vehicles, randomly asking people at gunpoint what kind of American they are, it is just a matter of time until everything spirals out of control. pic.twitter.com/KcACIo9ruw
Si el caso de la valiente Renee Good sensibilizó transversalmente a los Estados Unidos, el modo en que escaló la disputa entre Trump y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, pega con mayor fuerza en el sector más politizado e, incluso, más conservador en lo económico.
El Departamento de Justicia, a cargo de la trumpista Pam Bondi, ha iniciado una investigación contra Powell por la ejecución de un presupuesto de 2500 millones de dólares destinado a modernizar y remodelar la sede de la Fed. En los hechos, pretende convertir el caso en uno por corrupción y elevarlo a un gran jurado.
El titular de la autoridad monetaria, cuyo mandato terminará el próximo 15 de mayo, sorprendió el domingo a la noche con la emisión de un video en el que denuncia un apriete político para que ceda a la pretensión de la Casa Blanca de acelerar la reducción de la tasa de interés para activar más la economía.
La pelea entre presidentes y titulares de bancos centrales por el nivel de las tasas es un clásico mundial, pero este extremo socava la independencia de la Fed como una institución básica de la gobernanza financiera estadounidense y le mete ruido al mercado.
Trump tensa todas las cuerdas, pero un límite a sus ansias imperiales parece empezar a gestarse en casa. Acaso, por esa vía, sea posible por una vez decir que los Estados Unidos le harán un favor al mundo.