NUEVO DESORDEN MUNDIAL

Javier Milei apuesta por Donald Trump: ¿pleno a perdedor?

El jefe de la Casa Blanca embiste contra el mundo y el libertario aísla a la Argentina. China atrae a Occidente. El caramelo envenenado de la "nueva ONU".

Con su alineamiento incondicional a los Estados Unidos de Donald Trump, que hacen todo lo posible por apurar el triunfo de China en la disputa por la hegemonía global, la Argentina de Javier Milei, más que integrarse al mundo, se aísla como protectorado de una potencia que se va quedando sola.

Trump ataca, China gana (también en Argentina)

El comienzo de la guerra de Trump contra el mundo, para dividirlo entre "estadounidenses" y "chinos" –amigos y enemigos– fue arancelario. Castigó a casi todos los países y el Estado vasallo argentino terminó "beneficiado" con un arancel extra de "tan solo" el 10%, que se eleva al 50% para el acero y el aluminio.

Con China arrancó en un 34%, cifra que, represalias de ida y de vuelta mediante, bajó al 10%, pero que se sostiene en aquel promedio cuando se consideran otros gravámenes.

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En marzo pasado, justo antes de Liberation Day, el déficit comercial de Estados Unidos con el mundo había alcanzado un récord de 140.500 millones de dólares, mientras que para diciembre había caído a 98.400 millones. El cierre abrupto del mercado norteamericano no afectó demasiado a Pekín, que cerró 2025 con el mayor superávit comercial de su historia –1,19 billones de dólares, 20% por encima del de 2024– merced a una agresiva política de exportar a decenas de mercados lo que dejó de colocar a los Estados Unidos.

Argentina, mientras, acepta condicionamientos, deja en el aire proyectos de inversión importantes de China, no cancela el swap de monedas sólo porque no puede y no deja de comprarle a ese país. De hecho, si en 2024 Brasil había sido el principal origen de las importaciones realizadas por nuestro país, el año pasado, el de la guerra comercial, China recuperó el primer lugar.

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Mientras, Toto Caputo debió explicarle a Miguel Ángel Pichetto –más proteccionista y más trumpista– por qué permitirá el ingreso de un cupo de automóviles eléctricos e híbridos de ese país.

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Sin embargo, no dejó claros los motivos del viaje a Pekín de referentes parlamentarios de la extrema derecha –puros e impuros– encabezados por la diputada Juliana Santillán, que se realizó por invitación del régimen chino y que hasta incluyó una visita, se descuenta que amable, a la sede del Partido Comunista.

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Los sentidos del acuerdo con la UE

Si ni siquiera Estados Unidos con su potencia productiva y Trump con sus aranceles alcanzan para frenar a un tren bala comercial lanzado a toda velocidad, ¿qué le queda a la Argentina? Así, el alineamiento automático mileísta parece disfuncional respecto de la tendencia histórica.

Una excepción notable a esto fue la firma, el sábado en Paraguay, del tratado de libre comercio(TLC) Mercosur-Unión Europea (UE). El Presidente se lo arrogó como un mérito propio, una viveza comprensible pero falaz.

El entendimiento fue negociado, con intermitencias, durante 26 años y en su conflictivo tramo final tuvo un rol descollante de Luiz Inácio Lula da Silva, según reconoció en su discurso el anfitrión, Santiago Peña. Los dignatarios sudamericanos y europeos aplaudieron, menos Milei, que contribuyó a deteriorar más la relación con el mejor y más importante de los amigos de la Argentina.

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Aplausos para Lula en el Mercosur, menos de Javier Milei.

Aplausos para Lula en el Mercosur, menos de Javier Milei.

Lo interesante es el sentido que se le da al TLC, más allá de sus aspectos comerciales, a la vez una promesa y un desafío de adecuación exigente para la Argentina.

Para "los 27" y los Estados miembros del Mercosur es un modo de encontrar alternativas en un momento en el que Trump se empeña en cerrar el de los Estados Unidos; para la Argentina y sólo para ella, es una apuesta conceptual al libre comercio sin mayores salvaguardas, por lo que se observa, más allá de este pacto, en la política económica cotidiana.

La guerra –¿virtual?– de Donald Trump a Europa

La asociación con la UE, por otro lado, supone algunas espinas cuando la metrópoli espera solamente alineamiento en su Protectorado del Río de la Plata.

El berretín de Trump por comprar o conquistar Groenlandia –parte de Dinamarca– parece a punto de romper la alianza transatlántica que vertebra la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Así, logró el sábado que prácticamente todos los habitantes de esa isla congelada salieran a las calles a vocear que "no están en venta" y que prefieren la tutela danesa antes que convertirse en estadounidenses. "Make America Go Away", gritaron. MAGA.

Ante la negativa de la UE a humillarse completamente –por ahora, al menos–, Trump anunció la imposición desde el 1 de febrero de aranceles del 10% –adicionales al 15% que ya había aplicado en abril, al lanzar su guerra comercial– a todos los productos de ocho países: Dinamarca, Alemania, Francia, Noruega, Suecia, Países Bajos y Finlandia, además del extracomunitario y hasta ayer nomás aliado "especial", el Reino Unido. Es más, si no ceden, el 1 de junio el arancel punitivo escalará al 25%.

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La OTAN agoniza y Rusia mira con simpatía lo que pasa en lo que considera su patio trasero –Ucrania y, en general, toda Europa del Este– e incluso más allá.

Lo de Caballo Loco es una torpeza geopolítica gigante que hace que los propios republicanos que lo sostienen o lo toleran se pregunten en manos de quién han caído.

Argentina, en tanto, ya no puede fingir que su alineamiento es con "las democracias del mundo libre". No, lo suyo sólo es con los Estados Unidos y ni siquiera con cualesquiera: sólo con los de Donald Trump.

Canadá abre un sendero sorprendente

Ante la presión, esas democracias comienzan a realizar el viraje menos esperado: desde Washington –exaliado y, aunque en el futuro corrija el rumbo, ya uno poco confiable– hacia Pekín.

Canadá ha sido tradicionalmente una extensión de la política exterior de Estados Unidos, pero las sanciones arancelarias, los ataques por el presunto ingreso transfronterizo de drogas, la humillante "propuesta" de que se convierta en el estado 51 de la Unión y ninguneos repetidos llevaron el fin de semana a China al premier Mark Carney.

Allí no sólo firmó ambiciosos acuerdos comerciales con Xi Jinping, sino que habló de "alianza estratégica" y hasta de "cooperación en seguridad".

El estadounidense dijo no molestarse por eso, pero debería reparar en que la propia UE ya fantasea con un giro similar.

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Mark Carney visitó a Xi Jinping en Pekín.

Mark Carney visitó a Xi Jinping en Pekín.

Donald Trump y un mimo de mil millones de dólares

Trump pretende pegarle un tiro al precario multilateralismo encarnado por las Naciones Unidas, para lo que busca crear una nueva organización: el Board of Peace (Junta de la Paz).

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Milei fue invitado como "miembro fundador" y tanto él como sus funcionarios festejaron el reconocimiento, que se hizo extensivo a otros jefes de Estado o de Gobierno, como el propio Lula da Silva, y a los de Alemania, Francia, Italia, Australia, Canadá, Turquía, Jordania, Qatar, India y Pakistán, entre otros. Estarían hasta enemigos actuales de Trump y países como los dos últimos, que viven en un estado de guerra latente.

La Junta será para Trump una especie de ONU a medida.

Como ya le pasó con el entusiasmo por Ucrania, también en este punto a Milei se le desinflan la euforia y el ego. Benjamín Netanyahu se opone a la Junta, cuyo primer objeto de atención será la paz en Gaza. Denuncia no haber sido consultado, teme la influencia que los países musulmanes convidados puedan ejercer a favor de Hamás y, sobre todo, no acepta la actuación de ningún organismo que se adjudique poder de decisión en la Franja.

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¿Ablandarán al ultraderechista israelí las amenazas trumpistas contra Irán, que, de modo imprudente, incluyeron, en los últimos días de revuelta, arengas para que los iraníes "salgan a las calles y tomen las instituciones" porque "la ayuda está en camino". Ahora, miles de asesinados después, Trump dice que la represión está amainando y, parece, la ayuda ya no es tan segura.

Sean cuales sean los temas de interés de la "nueva ONU", los mandatarios invitados deberán desembolsar mil millones de dólares para convertir a sus países en miembros permanentes, aporte que, claro, administrará Donald I.

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El emperrador Donald Trump (imagen generada con inteligencia artificial).

El emperrador Donald Trump (imagen generada con inteligencia artificial).

¿El Presidente gastará divisas que no tiene para comprar esa certeza de tiempo compartido?

La política de Estados Unidos es la verdadera política (argentina)

La política de la metrópoli también es un asunto externo para Milei. En ese sentido, debería prestar atención a las cacerías de inmigrantes y de ciudadanos estadounidenses emprendidas por igual por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y por la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) en Minnesota y otros estados.

Esas tropas federales se pasean encapuchadas por la calles, con ropa de camuflaje y armas de guerra. Irrumpen en negocios y viviendas, exigen documentos en la vía pública y hacen detenciones al voleo y por perfil racial. Los críticos dicen que sus procedimientos y su estética los asemejan a los nazis. ¿Exageran?

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Las brigadas antiinmigrantes de Donald Trump.

Las brigadas antiinmigrantes de Donald Trump.

"El ICE planea construir nuevos gulags para más de 80.000 personas. En Fort Bliss, el centro de detención más grande del país, ya hemos visto a personas expuestas a condiciones brutales, incluidos el abuso sexual, el hacinamiento y la alimentación inadecuada", denunció Amnistía Internacional.

Esa crisis, que ha puesto a la capital del mencionado estado en una situación de virtual desobediencia civil, se suma a las penurias de un costo de vida que no baja y que las guerras arancelarias del presidente no mejoran; a iniciativas "populistas" como ponerles tope a los intereses de las tarjetas de crédito o impedir que fondos de inversión adquieran viviendas familiares, y al desafío al esperado fallo de la Corte Suprema sobre los poderes presidenciales en materia arancelaria han dejado al Partido Demócrata en pie de guerra. También, a cada vez más legisladores republicanos.

Las encuestas muestran a Trump en caída libre, sobre todo entre el decisivo electorado independiente. La última, de CNN, esboza para él un escenario de alto riesgo ante las elecciones de mitad de mandato de noviembre.

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¿También en eso la política exterior de Milei será una apuesta a perdedor?

Donald Trump.
Donald Trump y Xi Jinping.

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