Guerra en Irán: Donald Trump y Javier Milei, al cielo o al infierno
Éxito fulgurante y triunfo en las midterms o crisis en Washington. En Argentina, lupa sobre petróleo, inflación y riesgo país. Ojo: esto no es Venezuela.
Donald Trump y Javier Milei, fundidos en una apuesta a todo o nada (imagen generada con inteligencia artificial).
La decisión de Donald Trump de cumplir el viejo anhelo de Benjamín Netanyahu y atacar masivamente a Irán para provocar un cambio de régimen significaría para el republicano el cielo o el infierno en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Algo parecido podría decirse de Javier Milei, su peón latinoamericano, cuando busque la reelección el año que viene.
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El impacto de los bombardeos del fin de semana y del asesinato del líder supremo Alí Jameneí, sus allegados y familiares es el principio y no el final de una saga de alto riesgo para esa zona sensible del mundo que es Oriente Medio. Los mercados financieros operarán atentos a los hechos y con un ojo puesto en el factor clave de esta crisis: el tiempo. Allí se dirime el futuro de la política de los Estados Unidos y, de rebote, acaso también de la Argentina.
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Alí Jameneí, asesinado líder supremo de Irán.
Las noticias de que Irán cerraría en cuestión de horas el estrecho de Ormuz y cortaría así el flujo del 20% de la oferta global de petróleo se traduciría en fuertes tensiones en la apertura de las grandes bolsas. Ni hablar de si comenzara a dirigir los misiles que ya lanza sobre las enemigas monarquías sunitas del Golfo a instalaciones petroleras.
Sin indicios de desescalada –el presente furioso entrega, más bien, todo lo contrario–, el crudo podría trepar, dicen los especialistas, en los próximos días hasta 20 dólares respecto de su cierre del viernes, cuando esta crisis era sólo una hipótesis avalada por la masiva movilización de recursos militares de Estados Unidos al golfo Pérsico. La evolución de la cotización de los futuros previa a la rueda de este lunes avala esa posibilidad.
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Los futuros del crudo WTI reflejan la tensión financiera por la guerra en Oriente Medio. (Fuente: MarketWatch).
¿Una víctima dócil para Donald Trump?
La expresión crucial es "cambio de régimen". A eso apunta la ofensiva, pero eso puede resultar más fácil de decir que de hacer.
La propia frase lo explica: lo que Trump quiere erradicar no es una simple tiranía, sino un régimen teocrático extremadamente institucionalizado, con tintes totalitarios y represivos que, aun de modo decreciente –como se observa en las recurrentes protestas y en la persistente caída de la participación electoral–, conserva niveles de respaldo popular considerables.
Mourners gather at Tehran's Enghelab Square to mark the martyrdom of the Leader of the Islamic Revolution Ayatollah Seyyed Ali Khamenei. pic.twitter.com/ZtbR5Lw1Ah
La muerte de Jameneí pone el foco sobre el principal rol institucional de Irán: el del líder supremo.
Elegido de manera vitalicia –Jameneí había llegado a esa posición en 1989, tras la muerte del ayatolá Ruholá Jomeiní–, está por encima de todo el sistema: es el jefe de todas las fuerzas de seguridad, elige a los miembros del Poder Judicial y tiene la última palabra en materia de relaciones exteriores, defensa, propaganda y difusión, y desarrollo del plan nuclear.
Por debajo de él hay un presidente elegido por voto popular, encargado de la administración general del gobierno y de la economía. En Occidente se lo llamaría primer ministro. Además, claro, un parlamento unicameral –Majlis– también votado por el pueblo.
Irán, mucho más que una mera dictadura
Si el régimen no cayera y Jameneí fuera reemplazado por un nuevo líder supremo, el sucesor surgiría de la Asamblea de Expertos, un cuerpo compuesto por 88 clérigos chiitas elegido por voto popular cada ocho años.
Entre otros organismos, cumple una función clave el Consejo de Guardianes de la Revolución, a la vez Tribunal Constitucional y filtro para todas las candidaturas que se someten al voto popular. En los hechos, impone el enorme cepo del régimen islamista, que no sólo cancela la disidencia, sino que limita severamente la influencia de los grupos reformistas.
Está compuesto por 12 miembros, seis clérigos nombrados por el líder supremo y seis juristas designados por el Poder Judicial y aprobados por el parlamento.
Hay más, por supuesto, como el Consejo de Discernimiento, que arbitra en los conflictos legales entre el Majlis y el Consejo de Guardianes y asesora al líder en asuntos de política general.
El aparato de inteligencia y seguridad es igualmente denso y muy poderoso. A las Fuerzas Armadas regulares se suma la Guardia Revolucionaria, una masiva fuerza de élite encargada de preservar el régimen, responsable, además, de empresas estratégicas.
La llamada Policía de la Moral, que vela por el cumplimiento de las normas religiosas en materia de relaciones entre hombres y mujeres y de indumentaria femenina en la vía pública, y los voluntarios basij, incluso más brutales en esas faenas, son elementos particularmente irritantes para amplios sectores sociales.
El belicoso Trump 2.0 dijo que bombardeará masivamente, junto a Israel, y que cuando esa fase cese, dependerá de los propios iraníes volver a alzarse contra el régimen para deponerlo. La última revuelta, sólo la última, desatada entre diciembre y enero, dejó un saldo no precisado de miles de muertes por la represión.
Embed - ATAQUE IRAN | El mensaje íntegro de TRUMP tras los bombardeos masivos de EEUU e Israel | EL PAÍS
Se supone que el régimen quedará ahora menguado en su capacidad de poner orden a su gusto. ¿Qué lo reemplazaría?
El caso de Venezuela –con bombardeos y el secuestro de Nicolás Maduro– resulta paradigmático: Estados Unidos no planea poner tropas en el terreno y, más bien, pretende pactar una transición con elementos disidentes –moderados o por lo menos pragmáticos, a lo Delcy Rodríguez – de los regímenes atacados. En ese sentido, Irán no parece Venezuela.
Se vuelve, así, a la crucial cuestión de los resultados y el tiempo. Una pacificación rápida –aunque frágil– como en Venezuela le daría a Trump el lustre de terminar con una teocracia sanguinaria y represiva de la disidencia, las mujeres y las personas homosexuales, entre otras categorías.
Asimismo, el de imponer la pax americanaen Oriente Medio, a gusto de Israel y en detrimento también de China, que hasta ahora tenía en Irán al tercer proveedor de petróleo, por nada menos que 15% de sus importaciones totales. Con todo, ese escenario sencillo no puede descontarse como el más probable y, en el otro extremo, la disolución y hasta la guerra civil no resultan descartables.
Si la crisis perdurara y la disrupción del mercado petrolero se extendiera, las consecuencias económicas y políticas para Estados Unidos y el mundo podrían ser fuertes. No por nada ni Barack Obama ni Joe Biden dieron el paso hacia la guerra abierta con Irán y trataron a Netanyahu casi como a un paria.
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La ex candidata presidencial demócrata Kamala Harris expresó la postura duramente crítica de su partido a la guerra en curso con Irán.
El escenario de pesadilla de Donald Trump
Un petróleo sostenidamente caro supondría inflación en alza, tasas de interés más altas, mayor desempleo y desaceleración económica –eventualmente, recesión–. ¿Resolverá antes el entuerto Donald Trump o será ese el escenario que domine las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que –él mismo lo ha dicho– un empoderamiento del Partido Demócrata podría significarle la apertura de un juicio político?
Nadie defiende en Estados Unidos a ese "Estado canalla" que es la República Islámica de Irán, empeñado en un programa nuclear que promete –a esta altura, prometía– destruir a Israel; que ha financiado y armado a milicias adictas desde Gaza hasta el Líbano, Yemen y otros lugares, y que ha sido señalado –con alta probabilidad de razón– por los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires y la sede de la AMIA, en 1992 y 1994. Sin embargo, Washington arde y la nueva guerra de Trump causa revuelo. ¿Que pasaría si otro misil causara estragos como el israelí que mató a 118 niñas en una escuela del sur de Irán?
Los demócratas y algunos republicanos recuerdan que el presidente debe pedirle permiso al Congreso si no ya para emprender esa guerra, para sostenerla. Trump no sabe ni contesta y el ruido político está garantizado, sobre todo conforme el conflicto se extienda en el tiempo.
El escenario de pesadilla de Javier Milei
Si la economía norteamericana estornuda, la argentina contrae neumonía.
A corto plazo, precios altos de la energía mejorarían la rentabilidad de Vaca Muerta y, si el escenario, se prolongara, favorecerían los proyectos de inversión en crudo y gas. Sin embargo, una crisis duradera tendría efectos inevitablemente inflacionarios en nuestro país, además de alejar el rebote de la actividad que, aun sin guerra, no se sabe de dónde podría salir.
A la vez, tasas más altas en Estados Unidos significarían una salida masiva de los capitales de los mercados emergentes, presiones sobre el peso y dificultades acaso insalvables para reducir el riesgo argentino a niveles compatibles con la refinanciación de vencimientos de deuda mediante mecanismos de mercado.
Si el cisne negro de la crisis larga se concretara, 2027 quedaría demasiado cerca y, acaso, sorprendentemente comprometido para el Milei empoderado de los últimos meses.