ES EL BOLSILLO

La economía y los riesgos del operativo reelección

Javier Milei celebra la calma financiera, pero la inflación se retoba y pone en duda sus promesas. Además, la actividad y el consumo no repuntan. ¿Así hay 2027?

Las ventajas que le dan a Javier Milei trabajar sin obstáculos en su reelección, el avance de su reforma laboral y la considerable aprobación que siguen marcando las encuestas auguran para él un año ideal para encarar el decisivo 2027. Sin embargo, una economía que Toto Caputo no logra levantar podría convertirse en su mayor enemigo.

La moderación de la lengua del Presidente es cosa de la campaña que terminó y el alineamiento perruno con Donald Trump y la obsesión por imitar sus modos más antidemocráticos mueven a preocupación, Mientras, volvieron la "batalla cultural", el macartismo y la discriminación, el acoso injustificado a periodistas, la humillación a empresarios –en este ítem, con Paolo Rocca como enemigo designado –los ingenieros del caos nunca fueron más osados– y la política como mero espectáculo. Todo marcha acorde al plan.

Sin embargo, la calma de un dólar –que parece un traje dos talles más chico que el que necesitaría la economía real– y la reducción del riesgo país a un nivel que pone en la mira el objetivo de volver al mercado internacional de deuda no remueven el obstáculo que supone un nivel de actividad y un consumo fríos.

Los crecientes índices de morosidad son muestras de qué es lo que duele en la carne de muchas familias argentinas.

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Ahí radica la gran amenaza de 2026 al plan político que, supone la Casa Rosada, debería culminar con éxito en octubre-noviembre de 2027, cuando nacería, ahí sí y definitivamente, una Argentina sin marcha atrás.

Un triunfo a mano y una mochila a futuro

Los pronósticos en torno a la reforma laboral oscilan entre su aprobación resonante en el Congreso y la posibilidad, mucho menor, de que el peronismo y la CGT consigan los votos necesarios para patearla para más adelante. El primer escenario –se insiste: el más probable en el inicio de este mes de sesiones extraordinarias– sería una demostración fenomenal de fuerza política para la extrema derecha gobernante.

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La reforma en ciernes es tan dañina para los trabajadores que hasta sus impulsores de siempre afirman, ellos sabrán si con verdad o con engaño, que no son los responsables de su redacción.

"Hace más de 50 años que escribo sobre este tema y hay otros profesionales que también lo hacen. Mucha gente puede haber aportado ideas, pero la responsabilidad de la redacción, de los contenidos y del texto final corresponde al Gobierno, en lo que hace a la iniciativa, y a los legisladores, en la etapa en la que se está tratando. No somos el padre de la criatura", dijo Daniel Funes de Rioja, exlíder de la UIA y socio de un estudio jurídico top de Buenos Aires, en una entrevista con Ámbito.

En el Gobierno no pueden decir públicamente lo que en verdad piensan: los instigadores del texto lo dejan solo en la pelea y le sacan el culo a la jeringa.

Será que el texto no favorece, como fingen, a las mayorías. El mismo está destinado a tallar en piedra un estado de cosas que décadas de globalización y macro local equivocada –en el orden que prefieras– ya escribieron en la realidad. El trabajo por cuenta propia e informal, de salarios pequeños e inciertos, ya ocupa a más argentinos que el de calidad, y el proyecto viene simplemente a conseguir que la sociedad renuncie a la idea de formalidad mediante el ardid de que comience a llamar "formal" lo que no lo es.

Los efectos lesivos de esa reforma decimonónica sobre el consumo y el crecimiento se verán con el tiempo. Mientras, la economía de Milei y Toto Caputo entrega otras señales capaces de moderar la felicidad política del momento.

La piedra de la inflación

La inflación, habitante punta a punta desde hace quince meses en el altiplano del dos y pico por ciento, por ahora no parece ceder, lo que aleja la promesa-compromiso de Milei de verla empezar con cero en agosto a más tardar.

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La consultora Analytica registró una desaceleración del avance de los precios de los alimentos en el tramo final de enero, pero aun así proyecta que el mes terminó con un promedio general de 2,7%. Si el INDEC ratificara un número similar, Caputo quedaría otra vez en deuda y con más peso en su mochila.

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Otras consultoras marcan el extremo bajo de la horquilla de pronósticos en 2,3%.

Como ya te conté, aunque Milei insista, manual en mano, con el carácter únicamente monetario de la inflación, lo que no le está funcionando al plan económico es un universo de otras causas. Entre ellas, una inercia hecha de del comportamiento de agentes acostumbrados reaccionar demasiado sensiblemente, los episodios de tensión cambiaria –que esta política no termina de despejar– y, sobre todo, el laissez faire oficial a la indexación de los combustibles, las prepagas, Internet y el cable, además de diversos contratos.

De hecho, febrero comienza con subas fuertes. Transporte, hasta 4,8%; cable y telefonía, entre 2,8 y 3,5%; prepagas, 2,8%; alquileres, hasta 34,6%, y luz y gas con subas diseñadas para que las tarifas se estabilicen arriba sin mayores picos estacionales. Todo eso, más los rebeldes alimentos y otros rubros, le ponen un piso a lo que viene.

Cuando el electroencefalograma de la actividad deje de dar plano, llegaría también el turno de los salarios –más pisados que nunca por voluntad oficial y debilidad negociadora de los trabajadores en un contexto cuasirrecesivo– y de la recomposición de márgenes de ganancia en diversos sectores.

La inflación, mucho menor que el desastre dejado por Alberto Fernández y Sergio Massa, empeorado por Milei y Caputo en su debut, es la principal acechanza al proyecto reeleccionista por constituir el mandato excluyente que el Presidente recibió de la sociedad en noviembre del 23.

El ancla del salario

La derrota de los salarios –decidida desde el Palacio de Hacienda y con ejecución en la Secretaría de Trabajo– explica en buena medida la era de hielo del consumo y la debilidad de la actividad.

Más allá de la anomalía estadística de lo que se reporta sobre los ingresos de los trabajadores en negro, supuestamente enriquecidos, la realidad gambetea el "terrorismo matemático" oficial: lo que no se tunea, sigue por debajo –o muy por debajo– del debut de Milei.

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El Gobierno pretende que los salarios sean un ancla contra la inflación, pero más bien logra que sean un ancla –pesada– para el crecimiento.

El año pasado terminó con un aumento del PBI cercano al 4%, producto de un arrastre estadístico que se fue pinchando hacia el final. Hoy, la economía crece apenas marginalmente o, directamente, no crece, tal como sugieren los pobres resultados de la recaudación tributaria de enero, con caídas superiores al 7% de la percepción de IVA y Ganancias.

Susurros en el Círculo Rojo

Tanto es así que al lado de Milei y Toto Caputo, Domingo Cavallo –quien ha regresado definitivamente del oprobio y se hace escuchar otra vez– corre al Gobierno el lado ciego.

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El padre del "uno a uno" de la triste figura ponderó el inicio de una política consistente de acumulación de reservas, que pidió complementar con reformas como la laboral. Sin embargo, reclamó tasas de interés menores –en otros términos, que Toto Caputo afloje de una vez con la bicicleta financiera y con la apreciación artificial del peso –, el fin del cepo, que el dólar sea declarado moneda de uso legal junto al peso –idea que bien podría rondar la cabeza de Milei– y, sobre todo, que se trabaje para que este año sea de "fuerte reactivación del mercado interno sin que tienda a aumentar sostenidamente la tasa de inflación, que a lo largo de 2025 osciló alrededor del 2% mensual". O sea, no que baje; que no aumente.

"El manejo tipo inflation targeting a la peruana o la dolarización completa de la economía con desaparición completa del Banco Central, como la proponía el presidente Milei en la campaña electoral, sólo será posible una vez que el Banco Central haya acumulado reservas propias en un porcentaje del PBI parecido al que representa la base monetaria", añade.

Hay ideas que ciertos segmentos del Círculo Rojo, que se sienten representados por el economista cordobés, no se sacan de la cabeza. El capital, como se sabe, es cobarde y por ahora sólo las susurra.

Lo mismo cabe decir de la reactivación. Esos sectores le recuerdan a Milei que no le conviene perderse en posteos autocelebratorios por logros en materia de indicadores financieros, que, por importantes que sean, no le aseguran el paraíso.

En algún momento los ciudadanos lo respaldaron en 2023 y en 2025, a pesar de los sacrificios que se les prometía y que se les impusieron, podrían demandar la quimera de vivir un poco mejor.

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La pregunta es si este modelo, que será plebiscitado el año que viene, es capaz de satisfacer esa aspiración.

Con candor, el Informe de política monetaria emitido en diciembre por el Banco Central señala que "dado que el Presupuesto Nacional 2026 fue aprobado sin la derogación de la ley de financiamiento educativo universitario ni de la ley de emergencia en discapacidad, será necesario recortar otros gastos, en particular aquellos cuyo ajuste no es automático, por un monto cercano a 0,5% del PBI. Dentro de los rubros entre los cuales se podría concentrar el ajuste se encuentran los salarios, los subsidios, los planes sociales y los bienes y servicios. Asimismo, en caso de aprobarse el proyecto de ley de Modernización Laboral, los recursos destinados al financiamiento de la seguridad social podrían reducirse".

De tocar el gasto tributario que subsidia a grandes empresas, ni hablar. El ajuste perpetuo seguirá cayendo sobre los que menos tienen y, confesión de parte, la reducción de los aportes patronales a la ANSES achicaría el gasto social y/o previsional. Pese a eso, el opoficialismo proveerá "las herramientas" que se le piden.

Así las cosas, ¿es tan seguro lo que pasará en 2027? Insólitamente, la oposición realmente existente, ensimismada en sus dogmas y pequeñeces, no la ve.

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

Javier Milei, en Wall Street: mercados, allá vamos.
Silencio: INDEC intervenido.

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