LA QUINTA PATA

Javier Milei salva, con ayuda de la casta, el corazón de su plan

El ajuste, a buen resguardo. ¿Pero qué ajuste? Golpe de autoridad para mostrarle al Círculo Rojo. El futuro de la motosierra y el dilema de las jubilaciones.

El entonces diputado Javier Milei posteó en octubre de 2022 en la exred Twitter una pregunta y una respuesta: "¿Cómo se hace para esconder a un elefante? Se lo rodea de una cantidad enorme de elefantes". Hoy, ya presidente, vuelve sobre esa idea con su proyecto de ley ómnibus, cuya masividad hace difícil entender cuál es el paquidermo que hay que observar en medio de la manada para entender su estrategia. ¿Será que al final un sector de la casta ayuda al Gobierno a salvar el corazón de su radical programa de reformas en el Congreso?

Así, ¿cuál es "el" elefante, el corazón del plan?

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Cuando termine de pasar por la Cámara de Diputados, el paquetazo reformado por la oposición dialoguista enfrentará un camino más empinado en el Senado, cuyos cirujanos plásticos amagan con desfigurar al paciente. Mientras, lo que se observa de su tránsito permite separar lo central de lo accesorio de acuerdo con la visión oficial.

El corazón, el cerebro, el hígado y los riñones son los órganos vitales del ser humano. Pero este tiene también un alma.

Alma, corazón y vida

Cosas tan importantes como la vida –de una administración que aún está en su infancia– se juegan en el destino del proyecto de Bases y Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos.

Por un lado, el hallazgo por parte de un gobierno endeble, sin bancadas suficientes, base territorial, experiencia y hasta cuadros para llenar el organigrama del Estado, de una fórmula de gobernabilidad que le permita despejar el runrún que recorre el espinel político. "Al Gobierno le dicen Semana Santa; no se sabe si cae en marzo o en abril". Condenable punto de vista,

En segundo lugar, terminar de conquistar el respaldo de los círculos rojos local e internacional, así como el del Fondo Monetario Internacional (FMI), que saludan el empeño de ajustar y desregular de una vez la endemoniada macro argentina, pero que descreen que un outsider consiga lo que no lograron antecesores de mayor espalda política.

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Los dos elementos mencionados constituyen el alma del megaproyecto, cosa de la que, a su vez, depende –dice el Presidente– que en algún momento lleguen inversiones que pongan en marcha una economía que en lo inmediato solo promete inflación elevadísima –del orden del 250%– y recesión, la que tocaría un piso de -4% en el primer semestre, antes de que la baja base de comparación dejada por la sequía de 2023 permita maquillar los números.

Conciente de los costos sociales del ajuste –que pagará en popularidad y en zozobras cotidianas–, Milei quiere mostrar un éxito político –algún avance en Diputados– ante la huelga de la CGT, episodio que encara con ínfulas guerreristas. Esa protesta, cree, incuba la reorganización política del peronismo y la unificación de protestas hasta ahora aisladas.

Ante esos escollos que se descuentan, las febriles negociaciones con la oposición government-friendly en Diputados han implicado concesiones, pero han tenido como línea roja no comprometer el corazón del plan: sus objetivos fiscales.

El elefante tan buscado

En las oficinas gubernamentales se agradece el respaldo de esa parte de la casta política para "mejorar" el texto, sector al que, claro, ya no se le aplica ese mote ni se lo acusa de perseguir coimas. Esos fueron fuegos de artificio de una administración que, armada con un escarbadientes, trató de acotar el universo de lo modificable.

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Si de órganos vitales se trata, la delegación de facultades es el cerebro de un plan de reformas al que se pretende imprimirle una velocidad –y una desenvoltura– que no se corresponde con los tiempos legislativos. Cerca de Milei admiten que se asumió de entrada que dichas facultades serían por menos de cuatro años –dos más dos, con prórroga a sola firma del Ejecutivo–, como establecía el proyecto inicial, algo que –cabe agregar– se habría parecido a la suma del poder público y habría expuesto al jefe de Estado y a los legisladores que lo votaran a consecuencias penales futuras.

"Siempre se entendió que se iban a hacer concesiones, pero la clave era salvar la pata fiscal de las Bases", le dijo una fuente oficial a Letra P.

Según supo este medio, el objetivo presentado al FMI de un superávit fiscal primario de 2% del producto bruto interno (PBI) es "un objetivo", pero no uno que necesariamente deba ser cumplido al pie de la letra. De hecho, el acuerdo incumplido por la administración panperonista apuntaba a un déficit de 0,9%.

En ese sentido, el Gobierno acepta que los diputados metan mano, entre un centenar de artículos, en la limitación de las emergencias, en las previstas retenciones a exportaciones de economías regionales, en el reemplazo de la fórmula de movilidad jubilatoria del panperonismo por la simple firma del mandatario y hasta en la exclusión de YPF –¿y otras companías?– de la lista de privatizaciones con las que –junto con "la plata de los jubilados"– se pretende hacer caja con miras a una dolarización que, cuando se considere superada la emergencia –¿o todo lo contrario?– volvería a la pila de las prioridades.

¿Qué será, en el contexto descripto, de las amenazas del propio Milei, de Manuel Adorni y de Toto Caputo de reemplazar las medidas de ajuste que caigan en el Congreso por otras que le duelan todavía más a la sociedad? El reconocimiento de la colaboración prestada por el PRO, la UCR y el bloque pichettista hace que el hacha de la guerra caiga al suelo… al menos hasta que aparezcan condicionamientos en el Senado.

Hay que destacar, en ese sentido, un informe reciente de la consultora Equilibra, que señaló que "es difícil que el Gobierno alcance en 2024 un superávit primario de 2% del PBI", tal como se le prometió al FMI. "Estimamos que este año se alcance un superávit primario de 0,5% del PBI, que ayudará a cumplir la meta de no asistencia del Banco Central al Tesoro", estimó. No sería poco, ¿pero será así en medio del vendaval sindical y social que se insinúa?

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Ancla se busca

En términos fiscales, la línea roja oficial es el cero, el equilibrio. O algún ahorro, aunque sea modesto. Ocurre que el ajuste del gasto no es solo un mandamiento vinculado al ordenamiento de las cuentas públicas, sino una herramienta necesaria, en la lógica oficial, para provocar en el corto plazo una recesión y una caída de ingresos y consumo tales que permitan ponerle techo a las ansias remarcadoras. Esa es la verdadera ancla del modelo.

Las negociaciones paritarias que se han cerrado hasta el momento –"cerrado" es un modo de decir: la superinflación las mantiene abiertas todo el tiempo– muestran, como anticipó desPertar, el newsletter de Letra P, una tendencia a seguir la inflación. Eso complica el ancla recesiva de Caputo y presiona sobre las expectativas de devaluación del tipo de cambio oficial para algún momento del otoño. Conviene, entonces, observar el ajuste que se impone a las provincias –causa de la moda incipiente de las cuasimonedas –, y al universo del trabajo para el Estado, al informal y al previsional.

La oposición amigable hizo desistir a Milei de su idea de reemplazar la movilidad jubilatoria del peronismo por aumentos otorgados a sola firma y habrá, en efecto, nueva fórmula. ¿Cuál?

El mantenimiento de la suma fija de 55.000 pesos que venían pagando Alberto Fernández y Sergio Massa implicó este mes, al ignorar la inflación de 25,5% de diciembre, un recorte de ese mismo tamaño en las prestaciones mínimas. Lo que se suma a un deterioro de hasta 55% desde 2017, según calculó La Nación.

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Indexar los haberes de acuerdo con la inflación no sería compatible con un programa que busca, según las propias proyecciones oficiales, generar este año un ahorro de 0,4% del PBI en este rubro. Si la inflación comenzara en algún momento a reducirse, las erogaciones de la seguridad social experimentarían, al basarse en lo ocurrido inmediatamente antes, ganancias reales sostenidas. Spoiler: eso no ocurrirá.

Seria Fantastic

Sería fantástico que no perdieran siempre los mismos.

Toto Caputo y el plan de ajuste
Karina Milei, Patricia Bullrich, Javier Milei y Luis Petri

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