ENTREVISTA EXCLUSIVA

Mano a mano con Maximiliano Pullaro: semblanza de un convencido

El gobernador de Santa Fe recibió a Letra P en su despacho. Los presidentes que admira, el regalo que luce y el único portarretrato que decora su escritorio.

Maximiliano Pullaro recibe puntualmente a Letra P. Opta por la mesa de reuniones por sobre el living y el escritorio que posee en su amplio despacho del primer piso de la Sede de Gobierno en Rosario, con vista a la Plaza San Martín. Se sienta en la cabecera e invita a los cuatro periodistas –el autor de esta nota, Facundo Borrego, Pablo Fornero y David Narciso– a hacer lo mismo.

El equipo periodístico lo sorprende mientras analiza con uno de sus asesores más cercanos el paro anunciado por los gremios docentes. El tema lo enoja, pero no conmueve su postura. Confía en su percepción de lo que pasa en la calle. Cuenta que el último fin de semana participó de cuatro fiestas municipales, "donde me metí entre la gente, sin custodia" y tuvo un solo reclamo: "Era un asistente escolar enojado porque no lo alcanzaba a él también el incentivo docente", una de las políticas que aplicó para desalentar el ausentismo en las aulas, criticada por los sindicatos.

El gobernador de Santa Fe se lanza, sin que se lo pidan, a explicar la postura del gobierno y lo hace sin titubear. Son dos rasgos suyos que sobresaldrán a lo largo de toda la charla: Pullaro se toma el tiempo de explicar, da respuestas largas teñidas del convencimiento que le brinda la construcción obsesiva de indicadores. No es un líder que se deje guiar fácilmente por la intuición, prefiere datos concretos. Una herencia de su formación como Licenciado en Ciencia Política de la que, a diferencia de otras -como explicará en la charla-, no reniega.

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La tapa del diario El Litoral del día posterior a ganar las elecciones decora el despacho de Maximiliano Pullaro. // Foto: Farid Dumat Kelzi

La tapa del diario El Litoral del día posterior a ganar las elecciones decora el despacho de Maximiliano Pullaro. // Foto: Farid Dumat Kelzi

El convencimiento de Maximiliano Pullaro

El despacho del gobernador tiene objetos por todos los rincones que, más allá de dar una pista sobre los principios que lo movilizan, denotan que se adueñó del espacio y pasa mucho tiempo allí. “Nunca he padecido cargos públicos”, cuenta. Incluso, como en un ejercicio masoquista, reconoce que disfrutó más ser ministro de Seguridad porque era “quilombo tras quilombo”. “Si ocupás un lugar de responsabilidad, te tenés que levantar contento, tenés que llegar temprano e irte tarde porque querés hacer más cosas. Si estoy en mi casa, me desespero”.

Algo de ese rápido aquerenciamiento en el Sillón del Brigadier que mostró Pullaro surge de la íntima convicción de que nadie se lo regaló: “No soy de los que más oportunidades tuvo, yo me las tuve que arreglar”, sostiene, al lado de un cuadro con la tapa del diario El Litoral del día posterior a ser electo. Ser gobernador es para él una de esas pocas oportunidades y se muestra decidido a aprovecharla para dejar una huella, así implique navegar en aguas turbulentas: “Si no se entra en tensión, no se reforma el Estado y las cosas siguen igual”.

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El busto de Raúl Alfonsin y el bastón de gobernador de Maximiliano Pullaro. // Foto: Farid Dumat Kelzi

El busto de Raúl Alfonsin y el bastón de gobernador de Maximiliano Pullaro. // Foto: Farid Dumat Kelzi

Pullaro dice estar "híper concentrado" en la gestión y corrido de las discusiones políticas, al menos en el ámbito público. Esas cuestiones las descansa en el frente Unidos para Cambiar Santa Fe, cuya expresión más cabal está en la Legislatura. Allí quiere que se discutan, por ejemplo, la reforma constitucional o la renovación de la Corte Suprema. Tampoco se metió -otra vez, al menos en la pública- en la interna del PRO en la que se terminó imponiendo Gisela Scaglia. Sin embargo, se refiere a la galvense como “la mejor vicegobernadora del país”. No habla de los temas, pero se puede intuir qué opina.

Seguridad, la piedra de toque de la gestión en Santa Fe

Hay temas que a Pullaro lo encienden. Educación, producción, economía. Cuenta, por ejemplo, que recibe reportes diarios del ministro de Economía, Pablo Olivares, sobre el estado de las cuentas públicas. Algo similar sucede con Gustavo Puccini, ministro de Desarrollo Productivo. Sin embargo, hay un área que destaca: seguridad. El gobernador sabe que el legado de su gobierno depende de lo mucho o poco que logre pacificar las calles y del trabajo que realice su ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni.

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El sable del Brigadier, el regalo de las fuerzas policiales que más luce Maximiliano Pullaro. // Foto: Farid Dumat Kelzi

El sable del Brigadier, el regalo de las fuerzas policiales que más luce Maximiliano Pullaro. // Foto: Farid Dumat Kelzi

El objeto que más protagonismo tiene en su despacho es un regalo que recibió en su etapa como ministro: el sable del Brigadier General Estanislao López. Se lo obsequió la fuerza policial y él lo luce, orgulloso y exultante, en cada una de las oficinas que le toca ocupar. Es un testimonio de su alianza con la institución policial de la provincia. Siente que lo respaldan, que le responden. Considera que están haciendo las cosas bien y lo valora. No por nada se refieren a él como “jefe”. No le disgusta.

Valora ese respaldo porque siente habérselo ganado estando encima y a la par del trabajo policial. Destaca haber recorrido las 19 unidades regionales y que con todos los policías, al menos una vez, habló. Se reúne dos veces por semana -martes y sábados, en Rosario y en Santa Fe- con las autoridades de la fuerza para diagramar el trabajo. Recibe dos reportes por día de novedades. Ante la mínima consulta, abre su computadora y muestra informes y mapas cargados de datos. Festeja la merma en la mayoría de los indicadores pero, cauteloso, lo hace en privado.

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Un busto de Arturo Illia y la única foto que tiene Maximiliano Pullaro en su despacho, junto a Felipe Michlig. // Foto: Farid Dumat Kelzi

Un busto de Arturo Illia y la única foto que tiene Maximiliano Pullaro en su despacho, junto a Felipe Michlig. // Foto: Farid Dumat Kelzi

La esperanza del partido centenario

Los detalles que revelan su corazón radical afloran en el despacho. Apenas se flanquea la puerta de ingreso, custodiada por un retrato del Brigadier, se puede ver un pequeño busto de Raúl Alfonsín junto al bastón de gobernador. Del caudillo de Chascomús también tiene una caricatura encuadrada, donde surfea una ola democrática. No es el único presidente boina blanca que tiene su lugar: en su escritorio lo acompaña otro busto tamaño escritorio, el de Arturo Illia.

Algunos están presentes en el bronce, otros en las cosas: en su escritorio, sobre los papeles del trabajo diario, el gobernador tiene “Perspectiva: Una bitácora digital sobre gestión y política”, el libro que escribió Miguel Lifschitz pocos meses antes de asumir al frente de la Casa Gris y confiarle a Pullaro el Ministerio de Seguridad. Es la única referencia a una figura que no es radical en todo el despacho y a quien él considera "el mejor gobernador de la historia de Santa Fe".

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El libro de Miguel Lifschitz que Maximiliano Pullaro tiene sobre su escritorio. // Foto: Farid Dumat Kelzi

El libro de Miguel Lifschitz que Maximiliano Pullaro tiene sobre su escritorio. // Foto: Farid Dumat Kelzi

Tras 60 años en los que se repartió entre ser oposición o socio minoritario del oficialismo, el radicalismo santafesino volvió a ser gobierno en 2023 de la mano de Pullaro, quien representa la esperanza de un proyecto de poder que reina en el partido centenario. Una esperanza criada en los comités que el gobernador trajinó en su época de militante y apadrinada por los caudillos más importantes: “Felipe influye mucho sobre mí”, reconocerá en la charla, refiriéndose al senador Felipe Michlig. Una foto con él es el único portarretrato que hay en su escritorio.

Pullaro, que asumió la expectativa que generaba su figura a nivel provincial, evita representar esa esperanza para el radicalismo nacional. No se siente cómodo en la rosca grande ni le está encima a los temas nacionales. “A mí me llaman para esas cosas y siento que pierdo horas”. Sin embargo, el beneficio de inventario brilla por su ausencia y hay destinos de los que es muy difícil escapar. El gobernador lo siente: “Cuando voy a una reunión de gobernadores y hablo, siento que todos se callan. No es por mí, es porque represento a Santa Fe”.

El gobernador Maximiliano Pullaro en su despacho. // Foto: Farid Dumat Kelzi
El gobernador durante la charla de 90 minutos con periodistas de Letra P. // Foto: Farid Dumat Kelzi

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