19N SEGUNDA VUELTA

Sergio Massa tocó la fibra peronista del cordobesismo, le habló a Martín Llaryora y aisló a Schiaretti

El ministro-candidato encabezó un acto multitudinario en la capital provincial. Unidad nacional y promesa de trabajo conjunto con el gobernador electo. Tributo a De la Sota.

Sergio Massa le devolvió la liturgia a un peronismo de Córdoba que alguna vez recomendó chupines y zapatos de vestir a su dirigencia para imitar la estética del recién fundado Cambiemos de Mauricio Macri. Durante la ola amarilla, el cordobesismo se debatía entre el apego a las tradiciones y el suceso antikirchnerista en la provincia. Poco cambió desde aquel 2015 y el ballotage del 19N: el ministro-candidato movilizó este lunes a la militancia al Club General Paz Juniors, con el calculado propósito de que quedara más gente afuera que adentro. En el bastión prescindente y refractario a las mutaciones de Unión por la Patria, Massa habló a estadio lleno.

Lo hizo, pese a la prohibición que bajó Juan Schiaretti de asistir al evento “kirchnerista” a su primera línea; pese a la incomodidad de Martín Llaryora de no poder apoyar a otro peronista porque comparten ambiciones de un destino grande. Lo hizo, pese al ADN dormido del cordobesismo que protesta -por lo bajo- por la continuidad de un juego nacional que termina nutriendo a otras figuras, pero nunca a uno o una de ellos. Y, en este caso, al paleolibertario Javier Milei.

Massa le habló a ese peronismo de Córdoba de chupines y zapatos de vestir, le prometió a la audiencia escribir otra historia: con sus líderes y lideresas. En ese discurso a dos bandas, no es casual que haya dirigido un mensaje directo al gobernador electo. "El 10 de diciembre voy a llamar al gobernador Llaryora. Le voy a decir: ‘gobernador, armemos la agenda juntos, Córdoba es el corazón de la Argentina, tenemos que armar está convocatoria a la unidad nacional’”, ensayó Massa el mensaje para su escurridizo, hoy alejado, amigo.

El fundador del Frente Renovador jugó a fondo porque prometió recomponer el pasivo de la Caja de Jubilaciones. Como ya contó Letra P, ese es el agujero negro de las finanzas públicas. Cualquier gestor entiende que, si el futuro presidente cumple con esos giros, buena parte del éxito de la administración provincial está garantizada.

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Este mensaje y el largo alegato de derechos que protegerá la unidad nacional fueron mechados con la evocación permanente al legado de José Manuel de la Sota. Massa no dedicó ni un suspiro para Schiaretti, quien no paró de tirarle dardos en las redes durante el paso del ministro por territorio mediterráneo.

Con las menciones y las omisiones, el candidato presidencial reconoció sus limitaciones en esta provincia, pidió perdón al electorado esquivo, pero dejó la promesa de “pasar la página”. “Voy a ser el presidente que definitivamente abrace a Córdoba para terminar con tantos años de desencuentro", aseguró ante una militancia enardecida, pese a las tres horas de espera, el calor sofocante y el cantante de cuarteto que animó la previa.

Córdoba es Córdoba

Sin embargo, Massa olvida que el surgimiento de Milei escapó a toda lógica de la estructura partidaria y de los resortes del Estado. El tigrense enfrentará en lo inmediato los mismos problemas en este bastión que tendrá Llaryora para derribar los muros que Schiaretti y José Manuel de la Sota -el prócer del ministro- levantaron en la Córdoba siempre clave, recordada en contextos electorales.

Massa acudirá al ballotage con la esperanza de romper ese antikirchnerismo indomable, forjado desde la crisis del campo de 2008, la revuelta policial y los saqueos que libraron a su suerte a los cordobeses, la pelea por los fondos para obras y la Caja de Jubilaciones, entre otros elementos de la lista de desencuentros que marca la historia reciente. Llaryora evita el juego abierto para no traicionar esa identidad forjada a fuego. Exuda peronismo, pero algo le dice que no puede sacarse aquellos viejos “chupines” para no traicionar a su electorado.

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Los jefes convivientes conocen esa realidad que se expresó en las urnas. Ayer, eligió a Macri; hoy a Milei, a juzgar por el resultado de las PASO, las generales y las encuestas circulantes sobre el la segunda vuelta. Massa se ilusiona, pero lo cierto es que en el estadio del club General Paz Juniors logró reunir los mismos rostros dirigenciales del peronismo alineado con la Casa Rosada, con contadísimas excepciones, claro.

Serán días decisivos. Massa tocó la puerta de Llaryora, ahora resta esperar que el nuevo líder decida y permita al cordobesismo salir a jugar.

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