NORTE GRANDE

Salta: Gustavo Sáenz arranca su segundo tiempo y apuesta al núcleo duro para resetear la gestión

Con la economía en recesión, el gobernador pone una dupla clave en el centro del tablero para sostener un gabinete en mutación. Quiénes son Camacho y Dib Ashur.

En pleno cierre del año, el gobernador Gustavo Sáenz atraviesa uno de los reacomodamientos más profundos de su gestión en Salta. Con todas las renuncias de su equipo puestas a disposición, la aprobación de la nueva Ley de Ministerios y el anuncio de la reducción de 48 a 30 secretarías, su gobierno entró en un proceso acelerado de negociación política.

La danza de nombres, que espera cerrarse en estos días cuando se presente el nuevo gabinete, empezó a confirmarse con Sergio Camacho, quien será el próximo jefe de Gabinete, a cargo del control de obras, la coordinación política y una estructura convertida en superministerio.

Mientras, en los últimos días, se dijo que Roberto Dib Ashur no tenía garantizada la continuidad al frente de Economía. “Nadie me dijo que me quedo, pero tampoco que me voy”, dijo el propio ministro. Finalmente, todo indica que seguirá y junto a Camacho continuará conformando la dupla central en la gestión saencista.

La Salta que viene

La combinación de recesión, fragmentación política provincial y un gabinete que busca recomponerse define el clima con el que deberán encarar un nuevo año que no se presenta sencillo. La provincia ya perdió 6.500 empleos formales en 2025 y más de 10.000 desde fines de 2023. El comercio, la gastronomía, el turismo y la construcción exhiben pérdidas consecutivas y la recaudación no compensa la inflación.

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El propio oficialismo reconoce, puertas adentro, que el margen es mínimo, a pesar de defender públicamente el equilibrio fiscal. Salta deberá administrar un presupuesto que ronda los cuatro billones de pesos, pero con la presión de intendentes por fondos que la Nación ya no envía, un retroceso en obra pública y un sistema de salud y educación “en estado de contingencia”, según informes legislativos.

Ahora, Camacho y Dib Ashur asumirán funciones decisivas en un contexto en el que el gobierno salteño necesita “más política y más gestión”, pero con menos recursos y más conflictos. Este martes, Camacho fue el vocero oficial tras la reunión de gabinete provincial que encabezó Sáenz. El funcionario subrayó que "Salta es una provincia previsible", pero señaló que debe "acomodarse a las situaciones con la dinámica lógica que vive la sociedad y del contexto económico nacional".

Embed - Sáenz encabezó una reunión de gabinete para fijar prioridades y planificar metas de gestión

El futuro ministro coordinador salteño agregó que los cambios en el gabinete saencista comenzarán a implementarse en breve. "El próximo lunes asumirán algunos de los nuevos funcionarios”, adelantó.

La dupla fuerte de Gustavo Sáenz

Sergio Camacho es ingeniero civil. Ocupó diversos cargos en la gestión pública: ministro de la Producción de Salta, interventor del Teleférico, coordinador de las Secretarías de Turismo y de Desarrollo Social y coordinador general durante la intervención de la municipalidad de Tartagal. A cargo de la cartera de Infraestructura, ahora se pondrá el traje de jefe de Gabinete.

En la actividad privada está vinculado a la elaboración de proyectos, dirección, construcción y asesoramiento en obras de ingeniería y arquitectura. Con la llegada de Sáenz al poder, se transformó en uno de los operadores políticos más importantes del oficialismo, lo que lo lleva a administrar la relación con intendentes, legisladores y sectores del peronismo local. Es uno de los funcionarios más cercanos políticamente al gobernador y actúa como puente entre el Poder Ejecutivo y la estructura política provincial. Su figura suele leerse como la “espada política” del saencismo.

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Roberto Dib Ashur es contador público argentino. Antes de desembarcar en la gestión saencista, se desempeñó en la función pública como Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología durante cinco años en el gobierno de Juan Manuel Urtubey. Desde 2019 ocupa un rol central en el diseño de la política económica provincial. Fue uno de los principales responsables del diseño de la estrategia de ordenamiento fiscal de la provincia, la negociación de deudas y la administración de obra pública en un contexto de ajuste a nivel nacional.

Aunque no proviene de la militancia partidaria tradicional, con el tiempo se convirtió en uno de los hombres de mayor confianza del gobernador. Es visto como el “arquitecto” del modelo de gestión económica del saencismo. Forma parte del núcleo duro del poder provincial y funciona como garante técnico de las decisiones políticas del gobernador.

Los desafíos inmediatos para Sáenz

El año entrante ya presenta desafíos inmediatos para la dupla de Saénz. El primero será coordinar un gabinete disperso. Camacho llega para intentar ordenar un esquema con superposiciones, internas y tensiones entre áreas estratégicas. Parte de su rol será recuperar capacidad de decisión en temas que quedaron abiertos y no convencieron, como minería, turismo, seguridad y la relación con los 60 municipios.

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Siemopre juntos. Sáenz en el centro de la foto con Camacho y Dib en los extremos. 

Siemopre juntos. Sáenz en el centro de la foto con Camacho y Dib en los extremos.

En cambio, Dib Ashur tendrá que sostener una economía provincial con ingresos estancados. El ministro enfrenta una ecuación delicada, puesto que la caída de la actividad -afectada por el freno en construcción, comercio y turismo- redujo la recaudación provincial. La dependencia del régimen de coparticipación, junto con la eliminación de fondos nacionales deja una caja más chica y altamente sensible.

Lo cierto es que ambos deberán gestionar el impacto del recorte impuesto por la Casa Rosada, acción que viene acompañada por reclamos del propio Sáenz ante Javier Milei. Sin un mínimo rebote, la recaudación provincial seguirá sin crecer y los programas críticos quedarán en modo supervivencia. Por eso, en lo inmediato ambas figuras deberán evitar un conflicto social mayor.

Economía y política de cara a 2026

Antes de las elecciones de octubre, Dib Ashur y Camacho expresaron advertencias de cara al año entrante, que ya se configura como un año de transición tensa, con una provincia obligada a moverse entre la cautela económica y la reafirmación política frente al Gobierno.

Desde el frente económico, Dib Ashur ya puso en palabras el clima que se avecina: “estancamiento” con riesgo de recesión técnica, caída del consumo, retroceso de la industria y un freno marcado de la construcción. El propio ministro mencionó reiteradas veces la falta de crédito internacional, el cierre de los mercados para Argentina y la amenaza de mecanismos de financiamiento extremos, cuando ya no hay prestamistas.

Ese clima se completaría con una política de fuerte prudencia fiscal, según el funcionario. Es decir, evitar endeudamientos largos, estirar plazos, buscar períodos de gracia y trasladar a la población un mensaje de austeridad cotidiana: pagar deudas, evitar créditos, no asumir compromisos financieros que no estén planificados. El año próximo, si se cumple este pronóstico, sería un año de economía defensiva, por lo que se pondría más foco en sostener lo básico que en lanzar grandes proyectos de desarrollo.

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En el plano político, Camacho dibuja públicamente otro carril del mismo escenario. Frente a una economía adversa, el oficialismo provincial seguiría refugiándose en la narrativa de “Primero los salteños” como bandera central. El enfrentamiento con los espacios nacionales —tanto el peronismo ligado a Urtubey y Emiliano Estrada como a La Libertad Avanza— no fue solo discurso electoral, sino el intento de cerrar filas puertas adentro. Por lo que, eso se traduciría en una provincia más cerrada sobre sí misma, reforzando la idea de que Salta “se hace cargo” de lo que Nación abandona. Por ejemplo, el pago del incentivo docente, la obra pública mínima y el sostenimiento de servicios básicos.

Así, el escenario más probable para 2026 es con menos recursos y más épica política. Con Dib Ashur administrando un freno económico estructural más que coyuntural y Camacho consolidando un discurso de autonomía provincial, puesto que Salta se movería en un equilibrio delicado, dado que buscará no romper con la Nación, pero tampoco alinearse del todo.

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