El peronismo del Comahue. Martín Soria y Oscar Parrilli, una sociedad que supo representar los interesese del PJ de la Patagonia Norte en la Argentina de otro tiempo.
El peronismo del norte de la Patagonia no es ajeno a la crisis nacional del armado que supo llamarse Fuerza Patria. Transita errante la segunda mitad del mandato de Javier Milei con un notable retroceso representativo, que obliga a que Neuquén y Río Negro se aferren a una estrategia regional de subsistencia.
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Si bien hay algunas voces que tienen notable potencia en ambas cámaras del Congreso, el plan es intensificar el grupo que se conformó en tiempos de Mauricio Macri, que integran diputados y senadores desde La Pampa a Tierra del Fuego. Con ese antecedente, en la región del Comahue hay acciones en conjunto.
Como los gobernadores Rolando Figueroa yAlberto Weretilneck, cada uno con sus estructuras provincialistas, el compañeraje patagónico articula acciones. Antes de que las cámaras se modifiquen, por ejemplo, manifestaron su oposición a los términos en que se terminó acordando la renovación de las concesiones de las Hidroeléctricas. Ese fue el último movimiento en conjunto, que están obligados a repetir para no adolecer de potencia genuina e intentar recuperar su poder de negociación.
En paralelo, el panperonismo de estas provincias recorre escenarios muy diferentes. El neuquino, espera a febrero para renovar autoridades. Lo hará en un momento complejo en que sólo cuenta con una banca en el Congreso, la del diputado Pablo Todero. Del lado rionegrino, el clima es más distinto luego del turno electoral en el que el partido retuvo los escaños en el Senado con el roquense Martín Soria a la cabeza y sumó representación en Diputados. Ambas estructuras, con mayor o menor escollos, atraen el desafío de construir territorialidad para ser una opción competitiva en dos años.
La principal señal de alerta es la consolidación de La Libertad Avanza en ambos distritos, la fuerza con la que el peronismo quiere polarizar en 2027. Para hacerlo, también tiene que sortear la barrera que le imponen los frentes de los gobernadores que permanentemente seducen al compañeraje sin conducción que no encuentran representación en las actuales figuras provinciales.
La diáspora como lugar común
Uno de los puntos en común en el peronismo del Comahue es la perdida de potencia electoral. Aunque los rionegrinos lograron imponerse en la última elección nacional en el tramo al Senado, La Libertad Avanza fue la fuerza que más votos cosechó en el tramo que sentenció la reelección de Aníbal Tortoriello, uno de los principales aspirantes a suceder a Weretilneck.
Mientras el PJ de Neuquén se encamina a definir autoridades, el peronismo rionegrino muestra actualmente una forzosa cohesión, con grietas que no desaparecen y el inicio del año previo al de las elecciones provinciales y nacionales, como escenario de la batalla interna.
Martín Soria asume en el senado acompañado por su hermana
Los hermanos Soria: Martín, Carlitos y María Emilia protagonistas centrales para la reunificación del PJ en Río Negro.
Los que hace dos años se revoleaban amenazas e insultos por el acuerdo electoral con Weretilneck, dibujan entendimientos de largo plazo. Hasta se encolumnan detrás de una candidatura, todavía en preparación, de la intendenta de General Roca, María Emilia Soria, quizás la única esperanza del panperonismo para 2027. Por las dudas, la menor del clan peronista se apresta a impulsar la candidatura de Carlitos Soria, otro de sus hermanos, que podría completar casi tres décadas de justicialismo ortodoxo, y de los Soria, al mando de la segunda ciudad más importante de Río Negro.
Los átomos sueltos en Río Negro
Pero no todo el compañeraje quedó en el armado que compitió desde la lista de Fuerza Patria en Río Negro. Hay personalidades que tiene perfil bajo y buen vínculo con el gobierno provincial y también presionan. Algunas figuras como el legislador Pedro Dantas, o los intendentes Gustavo Sepúlveda, de Chimpay, y Daniel Hernández, de Campo Grande, todavía defienden el Gran Acuerdo Rionegrino y no se resignan a sacar los pies del plato.
También hay concejales del peronismo que participaron con el modelo de Nos Une Río Negro, en el marco de la gran alianza, de 2023, que encabezó Weretilneck, como los viedmenses Luciano Ruiz y Evelyn Rousiot o Guillermo Masch, de San Antonio Oeste. Seguramente este grupo disperso, con una presencia territorial amplia, en un escenario en el que a nadie le sobra nada, pueden significar de gran ayuda para empezar a armar una boleta que, todos reconocen, deberá ser lo más inclusiva posible.
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Pedro Dantas, legislador de Río Negro, tiene una excelente relación con Alberto Weretilneck.
Otro espacio que aporta al esquema y todavía reúne condiciones para participar es el Frente Renovador. La estructura de Sergio Massa posee representación en diversas arterias de poder y, desde San Carlos de Bariloche, el presidente Alejo Ramos Mejía busca su destino. “Estamos trabajando para ser una opción de poder. Tenemos vocación frentista, pero si no tenemos nuestro sello”, se sinceró Ramos Mejía ante la consulta de Letra P.
El massismo también le abre los brazos al vicegobernador Pedro Pesatti, que no desiste en su guerra fría con Weretilneck aunque, por ahora, el salto del presidente de la Legislatura es pura especulación.
La necesidad de agruparse en la Patagonia
En este cuadro enmarañado, el peronismo neuquino posee sus particularidades. Todero es el único que sobrevivió a la ola libertaria, y tiene mandato en el Congreso hasta 2027. Con la salida de Tanya Bertoldi, el abogado que llegó a la banca de la mano de Darío Martínez, que también se alejó del PJ en medio de una cruda interna con el kirchnerismo, busca aliados del otro lado del Río Negro.
“Tenemos un grupo de Whast App de la Patagonia. Tratamos nuestros temas, opinamos, debatimos y se va renovando cada gestión. Esto lo empezaron Darío Martínez y Martín Soria en la época de Mauricio Macri”, le cuenta Todero a Letra P. Los años del macrismo, que movilizaron la estructura peronista a diversos encuentros en las provincias patagónicas, desembocaron en acciones que se repitieron a lo largo del tiempo.
Si bien el peronismo neuquino no está tan fragmentado como el rionegrino, su problema es que ha sido desplazado como eje central de la política provincial. La llegada de Figueroa al gobierno consolidó un proyecto transversal, La Neuquinidad, que absorbió a sectores del PJ, del histórico Movimiento Popular Neuquino (MPN) y de otras fuerzas locales como el PRO o el Frente Grande.
Figueroa no gobierna como opositor al peronismo. Su liderazgo se apoya en una identidad provincial fuerte, en la gestión de los recursos energéticos y en una relación pragmática con el gobierno nacional. En ese esquema, el peronismo formal quedó relegado a un rol secundario, obligado a decidir entre integrarse al proyecto o quedar al margen del poder real, aunque ocupa sillas importantes en el gabinete como la de Bertoldi en Infraestructura.
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Oscar Parrilli y Darío Martínez, figuras del golpeado peronismo de Neuquén que empieza su reconstrucción.
Con todo, el PJ conserva estructura, dirigentes y peso simbólico, pero carece de centralidad. Caudillos patagónicos como Oscar Parrilli mantienen influencia en el plano nacional, pero en la provincia deben convivir con un gobernador que logró lo que el peronismo no pudo: una coalición amplia con anclaje territorial y capacidad de gestión.
Las listas colectoras y los acuerdos electorales muestran hasta qué punto una parte del peronismo neuquino optó por el pragmatismo. Acompañar a Figueroa se convirtió en la vía más eficaz para conservar cargos y presencia institucional, aún a costa de diluir la identidad partidaria. La Neuquinidad funciona como paraguas bajo el cual una parte del PJ sobrevive a fuerza de resignar centralidad.
Cuando el discurso le gana a la realidad
La idea de una coordinación entre los peronismos de Río Negro y Neuquén aparece de manera recurrente en el discurso de algunos dirigentes, pero se topa con obstáculos concretos. Las realidades provinciales son distintas, los liderazgos no dialogan de manera orgánica y las estrategias electorales responden a lógicas similares pero son diferentes.
En Río Negro, el peronismo necesita reconstruirse como fuerza competitiva. En Neuquén, redefinir su rol dentro de un esquema dominado por un proyecto provincial fuerte. Esa asimetría dificulta cualquier intento de acción conjunta más allá de gestos simbólicos en plano donde los gobernadores de ambas provincias actúan como una sociedad.
Rolando Figuera jura Tanya Bertoldi
Tanya Bertoldi, representante del peronismo que se sumó a La Nequinidad de Rolando Figueroa.
Sin embargo, la representación nacional sigue siendo un punto de contacto. Los senadores y diputados de ambas provincias comparten intereses vinculados al federalismo, la defensa de los recursos patagónicos y la negociación con el Ejecutivo nacional. Allí podría gestarse una coordinación mínima, más parlamentaria que política, que funcione como base para una reconstrucción futura.
2027 como horizonte y excusa
Tanto en Río Negro como en Neuquén, el año 2027 opera como horizonte. En el primero, como la posibilidad de una verdadera reunificación que deje atrás la lógica de tribus para volver a presentarse como una alternativa sólida en el terreno electoral. En el segundo, como la oportunidad de redefinir la relación con La Neuquinidad y evaluar si el PJ puede recuperar protagonismo propio.
Por ahora, el peronismo patagónico resiste. No avanza, pero tampoco se corre del mapa. Se adapta, negocia y espera. La incógnita es si esa estrategia de supervivencia alcanzará para volver a ser una fuerza central o si terminará consolidando un proceso de marginalidad política en una región clave para el desarrollo energético y productivo del país.
En ese dilema, Río Negro y Neuquén funcionan como dos laboratorios distintos de una misma crisis. Es el peronismo intentando reinventarse en un país donde ya no alcanza con la historia ni con la identidad para disputar poder.