Proyección 10D

Martín Llaryora diseña un gabinete con fecha de vencimiento en 2025

El gobernador electo de Córdoba espera que el tablero nacional se despeje para definir las últimas piezas de su equipo. Staff de transición entre la vieja guardia y el peronismo que viene. El terrorismo interno.

El gobernador electo Martín Llaryora revela a cuentagotas -y por interpósitas personas- los nombres de su gabinete para el gobierno de Córdoba. Sin embargo, planifica un equipo para los dos primeros años de administración. A la necesidad natural de dar tiempo suficiente a un gabinete para mostrar resultados, se suma la transición política entre el cordobesismo, que encarnaron José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti durante un cuarto de siglo y la renovación que se consumó con el doble triunfo provincial y capitalino.

Es por eso que se mezclan nombres de funcionarios que ya empiezan a oler al pasado con quienes empezaron a mostrar sus capacidades en la etapa de pleno empleo del peronismo que se inició en 2019, con el desembarco de Llaryora en la ciudad. Hay más casilleros en blanco que confirmaciones y la certeza de que habrá puestos para extrapartidarios dispuestos a sumarse al nuevo esquema transversal, a este Partido Cordobés que eriza la piel de quienes defienden de modo acérrimo al bipartidismo de la provincia, de un lado y del otro.

El organigrama completo se conocerá después de las elecciones nacionales, porque la noche del 22 de octubre se despejarán algunas variables. La primera: terminará la carrera presidencial de Schiaretti y, con ella, se abrirá la inevitable transición que el gobernador quiere dilatar y su sucesor respetó, pero con un plazo que no excederá lo razonable. La segunda: una de las dos coaliciones políticas dominantes (o las dos) quedará afuera de la competencia de noviembre.

Llaryora cree que Juntos por el Cambio volará por los aires con el potencial triunfo de Javier Milei y que la dirigencia cordobesa, fundamentalmente la del PRO, quedará huérfana y susceptible al cobijo del peronismo paternalista que pretender encarnar. Al fin y al cabo, con el partido amarillo hay más vasos comunicantes de lo que se imagina. Cabe recordar que varios integrantes de Unión por Córdoba dejaron el espacio para fundar el partido de Mauricio Macri en el corazón del país.

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En concreto, un nombre que el llaryorismo apuntó en los primeros bocetos del partido cordobés vuelve a sonar como ministeriable. El exintendente de Marcos Juárez y candidato a diputado de Patricia Bullrich, Pedro Dellarossa, será otro de los tentados si no ingresa al Congreso. El intendente de Mendiolaza, Daniel Salibi, es un ejemplo más de los apellidos con atractivo que baraja el nuevo cordobesismo, una acción de marketing político para atraer a nuevas figuras interesadas a sumarse a la transversalidad.

De todas formas, recién a fin de mes se empezarán las negociaciones formales, según dejó trascender el propio Llaryora a la tropa enlistada.

Ansiolítico

Esta fecha de caducidad que propone también es un mecanismo para calmar ansiedades propias de la larga espera. Ni siquiera quienes están “confirmados” pueden tener seguridades en lo inmediato. Son momentos de mostrar la valía, de aprietes que dejan en el fino margen de la negociación política la decisión final. Quienes no suenen entre los nombres expectables pueden ajustar sus tácticas para cuando se agote el plazo de prueba que imagina Llaryora.

Sacar de un plumazo a la vieja guardia schiarettista no sólo es impracticable con un Schiaretti dispuesto a mantener el protagonismo hasta el final. También es contraproducente para el recién llegado que tendrá que sopesar la herencia del tres veces gobernador, con lo bueno y con lo malo.

Fabián López (Servicios) y Sergio Busso (Agricultura) tendrán continuidad en el esquema de Llaryora y en las carteras que administran desde hace ocho años. Aquí prioriza el perfil técnico sobre el político porque ya ha dado pistas sobre quiénes podrían integrar su mesa chica: Julián López y Manuel Calvo serán centrales. Todo indica que el ministro de Gobierno de Schiaretti desempeñará el mismo rol, pero trascendió que el vicegobernador dejó saber que le interesaba ese despacho.

“Calvo tiene una larga experiencia en varias reparticiones centrales”, recuerdan la solvencia de la segunda autoridad de la provincia. Sin embargo, en su entorno son cautos. Confirman que no formará parte de la tropa legislativa, pero que Llaryora tampoco decidió su lugar aún. López había celebrado su permanencia en el cargo, pese al desprendimiento de la órbita de Seguridad que quedaría en manos de otro técnico: el secretario de Seguridad, Claudio Stampalija.

La falta de información cerrada alimentará el terrorismo interno durante un mes. Otra de la versión que circuló con fuerza es que habría otro nombre para el nuevo Ministerio de Cooperativas. El exmacrista Gabriel Frizza no será la cabeza de esa cartera como Llaryora sugirió públicamente, aunque la integrará. El viguista Paulo Cassinerio suena para ese cargo de vinculación y producción.

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Incluso, en el entorno de quienes ya tendrían alguna garantía como Horacio Ferreyra (Educación) o Victoria Flores (Ambiente) se animan a dar por cerradas las negociaciones. “Son momentos donde Martín testea las reacciones internas o el grado de consenso de los elegidos”, teorizan en los reductos peronistas. Precisamente la pulseada por la sucesión del docente Walter Grahovac promete gran atractivo, porque el sector de la funcionaria municipal que encabeza María José Viola impulsa la renovación con propuestas disruptivas. “Ferreyra es la continuidad de Grahovac”, disparan.

Después hay otras incógnitas sobre el futuro de Facundo Torres, ministro de Empleo, que tiene buenos números para mostrar en el departamento Santa María en la elección provincial y en la PASO y se encamina junto a su hermano, el intendente Marcos Torres, a un triunfo seguro en Alta Gracia el próximo domingo.

Pese a que la campaña nacional de Schiaretti debería asomar como el desvelo de la dirigencia peronista, las tensiones por los gabinetes de la provincia y la ciudad dominará la rosca de la dirigencia, con el agravante de que habrá período de prueba y lugares para extrapartidarios que se animen a engordar la nueva etapa del PJ con Llaryora a la cabeza.

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