Hay 24.806 personas habilitadas para votar este domingo a las nuevas autoridades municipales de Marcos Juárez. Lo harán con la Boleta Única de Sufragio porque, para este turno, la caja y las relaciones políticas de la intendenta Sara Majorel no alcanzaron para sostener el sufragio electrónico.
La cita electoral estará marcada por la polarización de la oferta en siete listas, pero sólo tres concentran el peso de las definiciones: Marcos Juárez Puede, con el exintendente del PRO Pedro Dellarossa; Unión Vecinal, con la exfuncionaria municipal Verónica Crescente; y Generación MJ, del exintegrante del staff cordobesista Germán Font.
Este inusual amplio menú es síntoma de los problemas institucionales y de gestión que atravesó el municipio. Majorel tuvo que lidiar con la gestión en tiempos libertarios, con su enojo por el cruce de su mentor Dellarossa al gabinete del gobernador Martín Llaryora, la interna abierta que le declaró en vísperas de armados electorales; y su pertenencia a un PRO dividido por la tenencia del sello. También es indicio de las sombras que aquejan a la política profesional, que tiene cada vez más dificultades de sintetizar lo que pide su electorado.
Majorel declinó su postulación en medio de encuestas que marcaban un clima de cambio, pero ¿qué es el cambio en una sociedad que no se ruboriza por sus formas conservadoras, sino que las reivindica a través de un vecinalismo como marca, un macrismo como horizonte aspiracional y un antiperonismo expreso?
Marcos Juaréz y ese no sé qué
El enclave productivo tiene un juego político que logra fascinar, desde 2014 a esta parte, a toda la dirigencia. Ese poder sucumbió a los intentos de municipalizar y borrar grandes sellos de la oferta, como parte de una estrategia de políticos que ya no tienen identidades sólidas que mostrar como parte de su capital.
Ya el jueves por la tarde los teléfonos ardían. La política cordobesa confirmaba con su conversación que Marcos Juárez tiene ese no sé qué. La antesala del año electoral invita a encontrar alguna respuesta anticipatoria de lo que vendrá en ese punto de la pampa gringa.
Pedro Dellarossa busca su tercer mandato al frente del municipio lidiando entre su pasado reciente en el cordobesismo y la baja aprobación de la gestión de su sucesora Sara Majorel
Cuando todo parecía que este domingo iba a pasar sin penas ni glorias, los indicios que empezaron a marcar las encuestas agitaron el tablero. El escenario de tercios se mantuvo más o menos inalterable. Ni encuestadores y operadores se animaban a arriesgar el nombre ganador.
¿Hay lugar para las ideas libertarias?
Otra de las variables que llamaba la atención en el cruce de datos es la figura del libertario Gerardo Pasquali (Marcos Juárez Despierta), que conservaba una buena base de apoyo, incluso por encima de los diez puntos, que en parte pueden explicar las preocupaciones de los candidatos que comparten ese electorado y las expectativas del filocordobesista justo antes del filo de la veda.
El empresario empezó la carrera electoral con el reconocimiento de Bornoroni, que agitaba su nombre en las danzas previas. La espuma bajó apenas comenzaron las conversaciones con Dellarossa, quien rápidamente demostró que no mordería la mano de Llaryora. Confiado en el peso de su nombre, el ingeniero avanzó con el armado vecinalista. El libertario sin sello cerró con el radicalismo resentido con el PRO y abierto a un trato con La Libertad Avanza.
Gerardo Pasquali y la Unión Cívica Radical confluyeron en el frente Marcos Juárez Despierta
Pasquali no apareció entre los favoritos, siquiera del empresario estacionero que decidió no jugar. Al filo del cierre de la campaña, su nombre empezó a sonar con fuerza. Conocedores del paño adjudican la maniobra propia para confundir al electorado y desfavorecer a rivales de la centroderecha mejor posicionados, como el propio Dellarossa y Crescente.
¿Podrá festejar LLA si Pasquali se convierte en la sorpresa de la noche? ¿Festejará el radicalismo que insiste en una alianza con la tropa de Javier Milei? Si la cosecha es poca, ¿es un mal síntoma de un modelo que esa zona banca, pero que no perdonó sus fallos? La crisis de PAMI que dejó a 5000 personas jubiladas sin atención y los despidos en Metalfor atravesaron la campaña.
Antes de las 20 del domingo se pondrá fin al misterio, pero es menester de la previa observar qué está en juego en las primeras líneas de la política local.
Qué está en juego para Dellarossa y Crescente
Si gana Dellarossa, el “hijo del pueblo”, como lo llaman al primogénito del histórico intendente vecinalista Henry Dellarossa, quedará ratificado el peso del nombre, del liderazgo local que supo demostrar que era dueño en diferentes turnos electorales provinciales y nacionales.
En una segunda capa de lectura, será un alivio para Majorel, la sucesora que depuso su candidatura y desapareció de la campaña como si fuera una mancha venenosa para Dellarossa.
En un tercer nivel, que no fue tan indigerible su salida de la presidencia del Concejo Deliberante para sumarse al Ministerio de Producción de Martín Llaryora primero, y al directorio del Banco de Córdoba, después.
Verónica Crescente busca por segunda elección consecutiva ganar la elección en Marcos Juárez
Si pierde, la renovación dirigencial en el departamento Marcos Juárez será el tema dominante. Empieza el fin de una era que muestra una verdad de Perogrullo que domina cada uno de los 427 municipios cordobeses: gestión buena, sigue; gestión mala, se va. No hay medias tintas ni nombres ilustres que salven.
Si Crescente gana, será una expresión conservadora, una suerte de cambio y moderación combinada. La dirigente de la Unión Vecinal fue una de las funcionarias más influyentes de las dos administraciones de Dellarossa. Medía mejor que Majorel en 2022, pero el entonces intendente priorizó perfiles, dando por descontado las capacidades que habían demostrado antes.
Dellarossa siempre pensó en seguir moviendo influencias en su terruño. Lo expresó hace cuatro años, lo expresa hoy.
Si Crescente pierde, la principal derrotada será la Unión Vecinal que desde 2014, con el surgimiento del embrionario Cambiemos, perdió su coto de poder. Es la única marca fuerte de la competencia de este domingo. Su apuesta es a todo o nada.
Germán Font, entre lo nuevo y un peronismo camuflado
Si gana Font, ganará lo nuevo y la infalible estrategia de camuflaje del peronismo que se muestra como otra cosa.
El joven exfuncionario del Ministerio de Agroindustria provincial hizo una campaña denunciando la perpetuación de un mismo signo en el poder -un punto que se le endilga a su partido de origen- y prometiendo anteponer la gestión a las presiones y fidelidades de la política.
Si gana, la renovación en Marcos Juárez empezará con el cordobesismo. Será también el final de liderazgos fuertes como el del schiarettista Carlos Massei.
Germán Font, candidato de Generación Marcos Juárez
Si pierde, habrá que ver por cuánto para continuar las derivas de la derrota. Llaryora a Marcos Juárez siempre la dio por perdida. El objetivo fue que La Libertad Avanza no coronara la ciudad codiciada del sudeste cordobés. Por eso siempre se dijo que el gobernador ganaría en cualquier circunstancia, en una lectura un poco forzada de lo que efectivamente es ganar.
Dellarossa, Crescente y Font tuvieron vinculaciones con el PJ de Córdoba. Si Font no lograr dar el batacazo, es muy probable que el cordobesismo prefiera a Crescente. Dellarossa cumplió con su palabra de no cerrar con el adlátere de Karina Milei, Gabriel Bornoroni, pero subió a Luis Juez al sprint final de la campaña. Eso, más o menos, califica como traición para el Panal y un síntoma de que la campaña se le estaba complicando al hombre del PRO.
El exintendente intentó mantener el perfil municipal, pero esa máxima sucumbió en la última semana de campaña y sin dudas será imposible desde el domingo a la noche, cuando las lecturas se presenten como posibles anticipos del ’27.