SANGRE NEGRA

Manuel Arévalo, otro cacique de Vaca Muerta que edificó poder en las sombras del gremialismo

Desde el Sindicato de Petroleros Jerárquicos consolidó un modelo en Neuquén y la región, con bajo perfil y fuerte incidencia en el entramado energético.

La renovación de autoridades del Sindicato de Petroleros Jerárquicos de Río Negro, Neuquén y La Pampa, formalizada con un acto en Las Grutas, ratificó a Manuel “Chiqui” Arévalo como secretario general hasta 2030. La continuidad no sorprendió, fue la única lista presentada y expresó un esquema de conducción sin fisuras visibles dentro del gremio de los profesionales de Vaca Muerta.

Con más de dos décadas al frente de la organización que él mismo fundó, Arévalo se sostiene como uno de los dirigentes sindicales con mayor estabilidad en la Patagonia, al mando de un sector clave que concentra al personal jerárquico de la industria hidrocarburífera, el otro sindicato premium en la región del Comahue que se para a la par del que conduce Marcelo Rucci, el Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa.

Origen y construcción de un sindicato propio

La trayectoria de Arévalo está ligada al desarrollo del sindicalismo petrolero en Neuquén. Inició su actividad en los yacimientos en los años setenta, donde coincidió con el histórico líder Guillermo “El Caballo” Pereyra. Ambos compartieron los primeros pasos como delegados, aunque luego siguieron caminos divergentes y supieron protagonizar acuerdos y desencuentros.

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Manuel

Manuel "Chiqui" Arévalo, conductor del otro sindicato petrolero en Vaca Muerta.

A diferencia del sindicato tradicional, Arévalo identificó un espacio sin representación como el de supervisores, técnicos e ingenieros. A partir de esa lectura, impulsó la creación del Sindicato del Personal Jerárquico en el año 2000, que obtuvo personería gremial en 2005.

Ese punto marcó el inicio de un proceso de crecimiento acelerado. En pocos años, el gremio logró consolidarse como una estructura con presencia en toda la cuenca neuquina, incorporando a trabajadores con responsabilidades de mando en empresas operadoras y de servicios.

Un liderazgo de bajo perfil en Vaca Muerta

Uno de los rasgos distintivos de Arévalo es su estilo de conducción. A diferencia de otros dirigentes del sector, su exposición es limitada y su estrategia se apoya en la gestión interna y la negociación, siempre cercana a las operadoras.

Cuando la tensión aumentaba en los tiempos del macrismo, los matutinos regionales lo definían como un dirigente “de bajo perfil” que construyó “una organización que no tiene casi nada que envidiarle” a la del sindicato petrolero tradicional, en términos de infraestructura, beneficios y alcance.

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Ese crecimiento incluyó el desarrollo de sedes, obras y servicios para afiliados, en un esquema que fortaleció la estructura económica del gremio. Mientras los años pasaban, el poder de fuego se iba incrementando. La última gran creación de la organización fue un lujoso hotel sobre los acantilados de Las Grutas, un inmueble envidiado y en el que recientemente se mostró con el gobernador Alberto Weretilneck.

Poder sindical y proyección política

Aunque su visibilidad mediática es estratégicamente acotada, Arévalo tuvo inserción en ámbitos de decisión vinculados a la política energética. En 2013, por ejemplo, ocupó un lugar en el directorio de YPF en representación de los trabajadores, con respaldo de sectores del oficialismo nacional de entonces, el kirchnerismo. Su presencia se daba mientras Pereyra alcanzaba una banca en el Senado, luego de una elección interna histórica en el Movimiento Popular Neuquino (MPN).

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En paralelo, el sindicato jerárquico se posicionó como actor en debates estratégicos del sector, como el desarrollo de infraestructura para Vaca Muerta y proyectos de exportación de gas, donde se alineó con las posturas institucionales de los gobiernos provinciales y abogó por la expansión de la actividad en la que hoy se resguarda la mayor parte de las expectativas económicas del mileísmo.

Continuidad sin oposición

La reciente reelección de Arévalo se dio en un contexto en el que ningún espacio interno logró consensuar un armado alternativo, un dato que refleja el nivel de control interno de una conducción con más de dos décadas en el poder. El mandato se extenderá hasta 2030, en un período que coincide con la expansión de obras energéticas en la región.

Desde el gremio, ese escenario es leído como un respaldo a una forma de gestión basada en la estabilidad institucional y la representación específica de los cuadros técnicos, un segmento clave para la operatividad de la industria.

Con base en Neuquén y alcance en tres provincias, Petroleros Jerárquicos representa a un universo más acotado que el sindicalismo de base, pero con alta incidencia en la toma de decisiones dentro de los yacimientos.

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