Los tres desafíos de Martín Llaryora para la Córdoba que viene
El gobernador electo no tiene tiempo de festejar. Ganar la capital sería dejar a la oposición sin un liderazgo claro. La cosecha en el Congreso y el riesgo del juego nacional sin despegarse de Schiaretti.
Martín Llaryora durante el lanzamiento de la campaña de Daniel Passerini.
La campaña de Passerini, la prioridad inmediata de Llaryora.
Daniel Passerini, Martín Llaryora, y Alejandra Vigo.
Martín Llaryora ya piensa en el 10 de diciembre. Mientras espera que la Justicia Electoral termine de contar los votos que lo consagrarán como el sucesor de Juan Schiaretti, se concentra en las elecciones de la capital provincial, a la que considera como el primer paso para empezar a torcer un escenario que se desbalanceó luego de los comcios del domingo pasado.
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Quizás por eso, aunque no sólo por eso, el sanfrancisqueño se lanzará de lleno a trabajar para las elecciones capitalinas del próximo 23 de julio. Su participación en el acto de la nzamiento del oficialismo este viernes es tan sólo el preámbulo oficial de un proceso que se viene gestando desde hace tiempo y cuyo primer objetivo ya fue cumplido, aunque no del modo imaginado. Los siete puntos que Llaryora le sacó a Luis Juez en el departamento Capital el domingo pasado resultaron fundamentales para el triunfo del gobernador electo, aunque con la mira en la proyección de la batalla municipal dejaron un sabor no del todo agradable.
“Ganamos el primer tiempo, pero para que esto avance necesitamos un equipo”, dijo Llaryora en la puesta en marcha oficial de la campaña de Daniel Passerini. Descubrió una intención que desde el inicio del calendario electoral aparece como uno de los objetivos centrales del llaryorismo. Con ese horizonte, el intendente que fue electo gobernador esperaba una “paliza” en el pago propio. No sólo para apuntalar el camino de Passerini y poder plasmar electoralmente la alta estima que el electorado tiene sobre la gestión capitalina, sino pensando en la base sobre la que quiere estructurar su gestión: ponerle un freno al crecimiento del radical Rodrigo de Loredo aparece entonces como una necesidad.
Con todo, las preocupaciones del próximo gobernador no se terminan en las elecciones cordobesas. Por cuestiones que resultan obvias y que ya detalló este medio, Llaryora presta una especial atención a las elecciones presidenciales del 22 de octubre.
Analizando todos los escenarios posibles, nadie espera que el sanfrancisqueño amague con algún atisbo de corrimiento hasta las generales. La razón va mucho más allá de la lealtad a su padrino político: Llaryora necesita bancas cordobesistas en el Congreso que lo acompañen durante su gestión provincial y la llave para conseguirlas es la candidatura presidencial de Schiaretti, que incluso en un escenario de polarización extrema confía en obtener un buen resultado en su provincia.
En este escenario, así como fronteras adentro de la provincia el cambio en la relación de fuerzas podría aumentar las dificultades, hacia afuera la expectativa es mucho más positiva. No lo dirá, pero mientras se alinea con la campaña de Schiaretti, hará lo posible para que las líneas de comunicación con los demás aspirantes a la Casa Rosada no se corten y deberá balancearse para dilatar el mayor tiempo posible las exigencias que empezarán a llegar de uno y de otro lado de la grieta una vez que Schiaretti quede fuera de carrera del casi seguro ballotage.
El momento al que el gobernador electo preferiría no llegar es precisamente a ese, al que lo deje sin la excusa de Hacemos por Nuestro País como escudo protector. Si eso sucede, el calendario previo a su llegada al Panal tendrá un momento decisivo entre el 23 de octubre y el 19 de noviembre, la fecha de la segunda vuelta presidencial.