El gobernador de Córdoba recupera a Schiaretti, busca unir al PJ y ensancha su armado rumbo a 2027. La oposición toma nota y vuelve a discutir la unidad.
Martín Llaryora y Juan Schiaretti compartieron una inauguración en Córdoba
Martín Llaryora hace de la confusión una herramienta de construcción política. En pocos días envió señales cruzadas y alimentó especulaciones de todo tipo. Busca volverse imprevisible dentro de la previsibilidad cordobesista, aunque detrás del ruido empieza a aparecer una certeza. Para encarar 2027 está dispuesto a renovar el modelo apelando a algunas de sus recetas más antiguas.
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El gobernador de Córdoba logró después que se hablara de su proximidad con el peronismo bonaerense, pero también de sus distancias estratégicas. Se mostró con gobernadores dialoguistas con la Casa Rosada y se desmarcó al mantener silencio sobre la reforma política que quiere Javier Milei y que el mandatario peronista pondrá como parte del pacto de reelecciones que imagina con La Libertad Avanza.
Siguieron más mensajes polisémicos. Llaryora agitó la interna con Natalia de la Sota al jerarquizar hace diez días el acto de su hermana Candelaria de la Sota, pero abrazó esta semana a la diputada en una capilla de un barrio popular de la ciudad de Córdoba. Ese De la Sota que apenas suscitaba un tuit en redes hace dos o tres años, se convirtió en bandera de la unidad.
En sintonía con sosegar los ruidos del peronismo, no sólo el bonaerense sino el provincial, repuso en la vidriera de nombres expectables de su gestión a su antecesor Juan Schiaretti, el recordatorio vivo de los 27 años de cordobesismo.
El gobernador Martín Llaryora, acompañado del diputado Juan Schiaretti y el intendente Daniel Passerini habilitaronn el parque Papa Leon XIV
Hilvanó cada hecho político con acciones de gestión: homenaje a docentes por los resultados educativos, preparativos para la visita del papa León XIV, inauguración de obras y foto con Euclides Bugliotti, el empresario al que le gustan los negocios, la política y que critica a Milei cada vez que puede.
Juan Schiaretti, un socio necesario
Demasiada información para sacar conclusiones, salvo por un punto. De cada uno de sus movimientos hay uno que sí debe interpretarse como una señal inequívoca: Llaryora apeló a la figura de Schiaretti como señal del rumbo y de que en Córdoba no hay grietas entre popes.
“Trabajan juntos. Juan está vigente y dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para garantizar la reelección de Martín”, pusieron el epígrafe a la foto en influyentes despachos del Panal.
“Son lo mismo”, opinó otra voz de peso. La observación busca dotar de respaldo a la decisión aperturista que marcará la estrategia electoral de Llaryora.
Alejandra Vigo, Juan Schiaretti, Martín Llaryora y Juan Carlos Maqueda en el homenaje a José Manuel de la Sota en un hotel porteño
Es decisión tomada. Llaryora le apunta a la unificación del peronismo cordobés, con dos condiciones. La primera, que no discutan su liderazgo. La segunda, que apoyen el “modelo de gestión cordobés renovado, actualizado y transformado por él”. La apertura es amplia: derecha, centro e izquierda.
El tres veces gobernador sigue siendo el dirigente que mejor mide en los estudios que consulta el Panal, como se conoce a la casa de gobierno cordobesa. Llaryora reactiva a su “presidenciable” al que las encuestas le asignan entre 5 y 6 puntos nacionales, buenos para hacer daño o, como les gusta plantear a los optimistas de la política, construir una nueva alternativa.
¿Schiaretti compañero de fórmula de Llaryora? El llaryorismo larga la carcajada. ¿Candidato a presidente? Nadie lo descarta, pero no es asunto de discusión. ¿Adentro o afuera del peronismo? Se debe responder lo primero. ¿Senado? Es probable. Por lo pronto, se garantiza influencia y espacio para su tropa, un pedido que formó parte de ese mano a mano que tuvieron hace un mes.
Otra vez, el juego de las confusiones.
¿Y la herencia?
La herencia del cordobesismo -la mala y la buena- está calculada en la jugada de Llaryora. Como contó Letra P, la oposición insiste en que la mayoría de la sociedad cordobesa pide cambio. En las usinas llaryoristas colocan filtros para matizar ese extremo y eligen definir a ese colectivo como partidarios de un “cambio blando”, es decir, sobre la misma base política.
La educación sería, por ejemplo, un elemento sustantivo de ese clima de opinión. Persigue un razonamiento sencillo para el llaryorismo: si más obras no se pueden pedir, la gestión debe mejorar las capacidades de la gente con formación, empleo y progreso.
“No van a poner en riesgo ese rumbo que nos trajo a ser la mejor provincia de Argentina poniéndola en manos de un improvisado o de dos fracasados”, lanzan. La confianza que se tienen es total.
Llaryora subió a la campaña provincial a Schiaretti, empezará a ponerle las vendas al peronismo local y a extender cada vez más los tentáculos cordobesistas a otros sectores.
El rebote en la oposición de Córdoba
En las usinas de La Libertad Avanza de Córdoba tomaron nota de esta última foto. El candidato a gobernador, Gabriel Bornoroni, pidió la unidad opositora al término de su gira por el departamento Río Segundo, donde se entrevistó con intendentes radicales. La parada en Oncativo fue simbólica. La gobierna el boinablanca Nicolás Filoni, quien tiene como mérito haberle ganado al PJ de su ciudad después de 30 años en el poder.
"Los cordobeses están esperando que nosotros sepamos unirnos. La provincia no puede esperar más. Es hora de que todos juntos protagonicemos un nuevo proyecto en Córdoba", dijo el empresario estacionero y jefe de la bancada libertaria en Diputados.
Gabriel Bornoroni se reunió con el intendente de Oncativo Nicolás Filoni, quien derrotó al PJ después de 30 años de gobierno en su ciudad
Las vacas sagradas del cordobesismo en campaña, la unidad demostrada, el peronismo acovachado en armados amplios, la ventaja de la gestión a la hora de encarar la campaña y las desventuras de la oposición forman ese coctel antiguo y eficaz al que le apunta Bornoroni. Lo viejo funciona.
El radical Juan Jure anticipó que presentarán candidato a gobernador y Rodrigo de Loredo mostró la lapicera del partido que tiene el nombre grabado de Matías Gvozdenovich. Luis Juez generó intriga por la reunión con Llaryora que adelantó este medio. Bornoroni no quiso comentar acerca de ese cónclave, pero empieza a observar que el ordenamiento opositor frustró dedazos porteños y no piensa volver atrás. ¿Por qué habrían de hacer con él la excepción?
En esa gira, el adlátere de Karina Milei se mostró dispuesto a definir la candidatura por encuestas, como sugirió De Loredo.
“No subestimen al peronismo”, les dijo a sus pares el outsider que hace gala de haber aprendido rápido. Algo de razón tiene: el peronismo gobierna hace tres décadas, las mismas que llevan perdiendo.