¿Todos unidos triunfaremos?

Martín Llaryora y Natalia de la Sota ensayaron una tregua en una interna que nadie da por terminada

El gobernador acompañó a la diputada en la misa por su padre. En paralelo, Passerini se mostró con Kicillof y Alak, dos interlocutores en su ambición nacional.

La presencia del gobernador Martín Llaryora proyectó más allá de las fronteras mediterráneas las interpretaciones que sucedieron a la misa convocada en conmemoración por el octavo aniversario de la muerte del exgobernador y padre del cordobesismo José Manuel de la Sota.

Acompañado por dos de sus funcionarios más cercanos, Daniel Pastore, ministro de Comunicación, y Manuel Calvo, jefe de Gabinete, el gobernador llegó a la parroquia San Cayetano, ubicada en el barrio Altamira de la ciudad de Córdoba, minutos después de las 18, hora prevista para el inicio formal de la ofrenda.

Respetuoso de las formas, el séquito provincial evitó abundar en explicaciones, antes y después del evento. Nada hicieron, en definitiva, para impedir la proliferación de lecturas sobre la decisión de acompañar a Natalia de la Sota en una jornada que la propia diputada había presentado como una evocación personal, íntima y reflexiva, similar a la de años anteriores.

El interés de Natalia de la Sota

Desde el entorno del gobernador aseguran que la decisión de asistir había sido oportunamente comunicada a Natalia. Fuentes extraoficiales confirmaron la visita sólo minutos antes de la misa.

Hasta ese momento las especulaciones apuntaban a un faltazo masivo de las cúpulas del cordobesismo. La sucesión de cortocircuitos entre la diputada y la conducción del partido serviría como toda explicación.

En pretendida sintonía, los pregones del delasotismo se encargaron durante toda la jornada de remarcar el escaso tono político que debería irradiar de la ceremonia.

“No es acto, es una misa por el aniversario de la muerte del padre. No hay invitaciones, no hay llamados para confirmación de asistencia. Hay reflexión, no hay interés de fotos políticas porque no hay intención de hacer uso político de la figura de De la Sota. Es algo que sucede todos los años”, repitieron por la tarde.

La frialdad de las palabras recorrió la distancia tomada respecto de las interpretaciones de unidad a que dio lugar el triunfo del PJ en las elecciones de Marcos Juárez. También ofreció un contraste con las lecturas emergidas tras la reunión de figurones hace sólo una semana, ante la vista de todo el ecosistema mediático nacional.

Reivindicaciones de destinos contrapuestos con el cordobesismo primero, ratificaciones de búsqueda de un camino propio después, los arquitectos del proyecto de la exlegisladora no ahorraron señales de STOP ante cada versión.

En la calurosa tarde del martes, tantas explicaciones parecieron diluirse durante un largo rato tras la foto del abrazo entre el gobernador y la diputada. De poco valió, entonces, el ceñimiento a la memoria emotiva.

El abrazo de Martín Llaryora

“Natalia se mostró agradecida con Martín por acompañarla”, expresaron desde la comitiva del gobierno provincial como toda síntesis. También como hielo para ansiedades por la reunificación.

A su turno, ella valoró “la presencia del gobernador de la provincia, del ministro de Gobierno, y de tantos amigos, compañeras y compañeros que han querido y quieren a José Manuel de la Sota”.

La correspondencia también sepultó lecturas sobre intentos por propiciar un vacío en la iglesia del barrio Altamira. La participación de Llaryora y su equipo había sido sucesivamente negada. En paralelo, sólo un rato antes de la celebración religiosa un sector emergente, bajo comando de Herman Olivero, otro histórico dirigente del riñón delasotista, se había congregado en el cementerio San Jerónimo, donde están depositados los restos del exgobernador.

Al cierre de la jornada, las relativizaciones cruzaron desde la zona este de la ciudad hacia la Gobernación, de ida y vuelta. Sin dardos, sin flores, rebozadas de respeto y circunstancia.

La comitiva de Daniel Passerini

El recuento de asistencias incluye ausencias de peso, también anunciadas, como la del diputado Juan Schiaretti, la senadora Alejandra Vigo o el intendente Daniel Passerini, presente en el 3° Congreso Federal e Internacional de Juventudes en La Plata.

En nombre del jefe comunal asistió su guardia pretoriana, compuesta por el secretario de Gobierno, Rodrigo Fernández, el secretario de Administración Pública y Capital Humano, Sergio Lorenzatti, y el concejal Martín Simonian.

Durante la tarde, circularon registros de Passerini junto al anfitrión platense Julio Alak, y junto al gobernador de Buenos Aires, y precandidato a presidente de la Nación, Axel Kicillof.

Como contó Letra P, son dos dirigentes en torno a los cuales ha dibujado trayectorias De la Sota en su anunciada proyección nacional. Consecuentemente, los registros con el intendente parecían dirigidos a patear la silla de la dirigente díscola. Para más, a pocos días del lanzamiento oficial del exministro de Economía.

Horas después, distintos mensajes enviados desde la sede del gobierno municipal incluyeron las palabras indispensables para abordar el legado adjudicado al exgobernador: encuentro, diálogo, consensos y, cómo no, puentes.

Nadie duda que, ajustados a estrategias, todos y cada uno de los nombrados disolverán análisis sobre unidades futuras. Las imágenes acumuladas en sólo dos semanas, con testigos propios y opositores, cobrarán su verdadero valor tan pronto se descubra el calendario.

Un homenaje a De la Sota juntó a Sergio Massa, Martín Llaryora, Schiaretti, Gerardo Zamora, Brito y Bianco
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