El gobernador de Córdoba amplía sus vínculos con el empresariado sub-50 y suma referentes de sectores estratégicos. Quiénes integran esa red. El factor Lacunza.
Martín Llaryora juega en la renovación del Círculo Rojo de Córdoba
Hay un presidenciable en el Panal. No es Martín Llaryora, por ahora. El gobernador abriga ese deseo que sacó a relucir en el festejo doble de 2023: el suyo, postergado por un escrutinio palo a palo contra Luis Juez, y el de Daniel Passerini en la ciudad de Córdoba. Giros del destino, se trata de un pituquito de Recoleta.
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Hernán Lacunza, exministro de Economía de Mauricio Macri y hoy integrante del directorio del Banco de Córdoba (Bancor), ratificó que quiere ser candidato a presidente. La situación partió aguas en el PRO. Le adjudican la movida a María Eugenia Vidal, que no quiere saber nada con La Libertad Avanza; y señalan que lo hizo sin la venia del expresidente . Toda esta movida, desde este punto del mapa, abre la siguiente inquietud: ¿Cómo beneficia esta situación al gobernador que cultiva un peronismo open mind?
La invitación al staff provincial que recibió el economista amarillo es una pata más de un plan mayor de Llaryora para construir su propio vínculo con el Círculo Rojo cordobés, que transita un proceso de acelerada renovación. El sanfrancisqueño gana confianza en los sectores tradicionales, insoslayables, pero arma su propia red con perfiles nuevos y que se ajustan a sus objetivos de gobierno.
Hernán Lacunza, parte del plan de Martín Llaryora con el Círculo Rojo
En las teorías más descabelladas, Lacunza podría ser una opción de presión a la que podría subirse el cordobesismo para fracturar a la derecha si es que se dan condiciones básicas antes: que Javier Milei le juegue a fondo en la elección provincial y que, pese a eso, Llaryora obtenga su reelección.
Hernán Lacunza se sumó al gabinete de Martín Llaryora
En las oficinas del Centro Cívico de Córdoba dicen lo mismo que al principio: que el director del Bancor puede hacer lo que le plazca, que acá no cambia nada. Su invitación está atada a la necesidad, precisamente, de lograr una convivencia entre sectores de poder que también cambian por la renovación generacional, o bien, por los avatares de la economía.
Con Lacunza, el industrial Ércole Felippa y el nuevo ministro de Producción, Fernando Sibilla, Llaryora busca mejorar su llegada a un Círculo Rojo tradicional que no olvida sus tiempos con uno del mismo palo, Juan Schiaretti.
Lo viejo funciona en Córdoba, pero lo nuevo también
Llaryora construyó su capital político en el Ministerio de Industria, pero carece de las cucardas que le aportaban a su antecesor en la gobernación sus vínculos con la familia Macri en Fiat o los contactos con la cavallista Fundación Mediterránea.
En Córdoba, siempre se habló de un vínculo inquebrantable entre Schiaretti y el establishment empresarial. El propio Juez admitía en 2023, en la Bolsa de Comercio, que a él nunca lo quisieron. Llaryora era el candidato del “Gringo” y en los almuerzos de Manuel Tagle reflotaba sus lazos con la industria, solo una parte del poderío económico de esta provincia.
Juan Schiaretti y Martín Llaryora
La duda que se abría con su llegada al poder en 2023 era si Llaryora iba a gozar de estos favores del Círculo Rojo local. La tradición le jugó a favor, a pesar de las sirenas del plan económico libertario.
¿Gabriel Bornoroni corre con ventaja? Es un empresario de ese sistema y las ideas de su jefe político machean a nivel general, pero empieza a surgir otro nuevo Círculo Rojo que es al que Llaryora le apunta, sin descuidar las tradiciones de un espacio acostumbrado a la articulación pública y privada local, pero que se entusiasmó con Milei. Sobre todo al principio.
La nueva camada que mira Martín Llaryora
Se trata de los hijos o sucesores de familias poderosas, como la que comanda la destilería Porta Hermanos, a cargo de José Porta, o los desarrollistas, Agustín y Horacio Parga. Con la dupla que dirige Edisur, la relación comenzó en varios viajes organizados por empresas o agrupaciones internacionales al exterior.
La lista se amplía con emergentes de otros rubros como el director del Clúster AgTech de Río Cuarto y vicepresidente de Endeavor Argentina, Luciano Nicora. También con Sebastián Parra, presidente de la Cámara de Comercio de Córdoba. Ambos han logrado sostener un vínculo cooperativo que suma en momentos dónde el sector sufre las desatenciones a la microeconomía.
Un gobernador obsesionado con la economía de los grandes eventos encontró en José Palazzo, el productor del Cosquín Rock y de recitales de talla internacional, otro aliado clave.
Con el fundador de Mercado Libre, Marcos Galperin, el diálogo es directo con el gobernador. Superados los tropiezos del inicio, cuando la firma cerró su oficina en la ciudad de Córdoba por “cara” -una estocada dolorosa para el cordobesismo y su modelo- llegaron inversiones millonarias para la instalación de dos centros operativos. Uno en Villa Allende, otro en Estación Juárez Celman.
Martín Llaryora con Adrián Ecker, de Mercado Libre en Córdoba
En el ámbito de la salud, el lazo del gobernador es José Reviglio, director ejecutivo del Grupo Hospital Privado, que tiene 200 socios y presta atención a más de 200.000 pacientes. En la construcción, asoma Horacio Berra, presidente de la delegación Córdoba de la Cámara Argentina de la Construcción.
La lista continúa con actores de otros sectores de peso en la economía de la provincia que, como Marcelo Bechara de Evoltis, comparten un perfil que va ganando terreno en el ámbito empresario: perfiles jóvenes en la mayoría de los casos, que asumen riesgos y que no tienen origen en familias o grupos de imbatible poderío económico.
El hilo rojo que los conecta es Gustavo Campos, presidente de AmCham Región Centro. Muchos de los lazos que hoy cultiva Llaryora surgieron de las misiones que organiza este organismo comercial de Estados Unidos. A Campos le asignan un lugar clave en este desafío tácito que tenía Llaryora tras asumir la posta de Schiaretti en tiempos de libre mercado.