Imagen generada con inteligencia artificial (Gemini).
Como se sabe, el dios romano Jano tenía dos caras y representaba la transición entre cualidades o principios opuestos. En un sentido, la política se le parece puesto que es, a la vez, síntesis de la vida en comunidad –cuyas materias primas son la empatía y su puesta en valor, la compasión– y también el individualismo crudo que, en las democracias representativas, prima en el momento de ingresar al cuarto oscuro. ¿Estoy mejor o peor que la vez pasada? ¿Cómo encuentro mi "metro cuadrado"? ¿El ambiente que me rodea sincroniza con mis creencias o no? ¿Cómo me siento yo, sólo yo?
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Esa dualidad se expresa de manera especialmente cruda en momentos de transición como el actual, encarnado de un modo muy particular por el fenómeno de Javier Milei.
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Imagen generada con inteligencia artificial (ChatGPT).
El presidente de extrema derecha viene de obtener un triunfo notable en las elecciones de mitad de mandato y atraviesa hoy una luna de miel que le permite hacer y deshacer a su antojo. Sin embargo, la economía no es recesiva apenas por un tecnicismo ligado a un puñado de factores carentes de sensación térmica, el consumo no levanta, los salarios siguen perdiendo frente a lo que supieron ser, las jubilaciones se actualizan desde la papilla en que se convirtieron tras su paso por la licuadora, el ajuste permanente destroza hasta los parámetros de vacunación en la infancia y no puede decirse que las condiciones generales de vida hayan mejorado demasiado.
Más que nunca, la política en la era Milei tiene los dos rostros de Jano. El consuelo es que ese dios también mira al pasado y al futuro, y que este es arcilla empapada.
El problema de la pobreza…
El respetado Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) difundió ayer su medición de pobreza al tercer trimestre, que cifró en 36,3%, el menor nivel desde 2018. En tanto, contenida por el fortalecimiento de la Asignación Universal por Hijo (AUH), la indigencia quedó en 6,8%. Ambos números difieren de los del INDEC por cuestiones metodológicas, pero de cualquier modo son valiosos como parte de tendencias.
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La estabilización de los precios posterior al descalabro del último año de Alberto Fernández y Sergio Massa, así como el producido por la megadevaluación inicial de Milei y Toto Caputo, ha tenido, en efecto, un impacto positivo. En eso radica una lección potente que alguna vez deberá entender el peronismo kirchnerista-progresista.
Sin embargo, la rosa viene con espinas.
"Si bien puede identificarse un proceso de estabilización posterior al ajuste, es necesario matizar las mejoras registradas en 2024-2025. Su sostenibilidad en el tiempo y su capacidad para generar cambios persistentes al interior de la estructura social aún deben ser evaluadas. En este sentido, persisten dudas respecto de si estas mejoras representan una recuperación duradera o solo un alivio transitorio", señala el trabajo del equipo dirigido por Agustín Salvia.
"En los últimos 20 años, la indigencia y pobreza por ingresos presentan pisos estructurales: alrededor del 5% de personas en indigencia y 25% en pobreza. (Y) esto, dependiendo del ciclo, con alrededor de un 30% o 40% de población en hogares asistidos por programas de transferencias de ingresos", añadió.
En la nota que publicó en Letra P, Guillermo Villarreal puso la lupa en un aspecto sensible tratado por el ODSA: la metodología del INDEC.
"El informe señala que la mejora real en los ingresos de los hogares y la estabilización inflacionaria explican parte de la caída, pero advierte que 'tres cuartos' de esa reducción podrían deberse a un efecto estadístico, vinculado a los problemas de captación en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH)", escribió el colega, que supo pescar entre los tecnicismos.
En la era Milei, "'la pobreza también se habría reducido, pero sólo 2,1 puntos', sostuvo el Observatorio, que cuestionó que el INDEC siga utilizando una canasta básica con estructura de gasto del período 2004-2005, lo que, a juicio de la UCA, subestima el impacto del encarecimiento de los servicios públicos tras la devaluación de diciembre de 2023", añadió.
La épica de Milei, quien se atribuye haber sacado de la pobreza a diez o 15 millones de personas –depende del día–, no se sostiene por dos razones: por lo recién señalado y porque buena parte de los salvados habían sido condenados primero por su devaluación desmesurada.
… y el problema de los pobres
Volvamos al inicio: la política es vida en sociedad, pero también metro cuadrado. Eso explica el éxito, temporal como todo, de proyectos como el actual, que tras el suceso del 26-O depara ahora un repunte relativo de la imagen general del jefe de Estado anarcocapitalista –sic–.
El martes tracé un paralelo entre el mileiato y el menemismo de los años 1990, que no sólo duró una década, sino que tuvo la fuerza suficiente como para habilitar la reelección a través de una reforma constitucional que era resistida y, luego, obtenerla en las urnas. Mientras, privatizaciones, apertura comercial y "uno a uno" lesivo para la competitividad de la economía mediante, el desempleo duplicó su piso histórico para ya nunca bajar del 12% e incluso tocar un techo de 18,4%.
En función del rostro individualista de la política, la desocupación puede ser vista como un problema de los desocupados, así como la pobreza puede ser considerado un problema solamente de los pobres. Así, aun excluyendo a esos sectores, es posible hacer política y hasta obtener mayorías dentro del universo de los incluidos. Ese es el universo político de Milei.
En un sentido, para que hacer política sobre estas bases resulte viable es necesario que esta extravíe por todo el tiempo posible su dimensión colectiva, y que la compasión quede en suspenso.
Además, desde ya, hay ciudadanos que aun sufriendo los mencionados flagelos pueden y tienen todo el derecho de apoyar a gobiernos que les proponen mercado irrestricto. La confianza en que el futuro será mejor que el pasado –Jano otra vez–, un clima cultural que pueden sentir más afín a sus sensibilidades o el depósito de las culpas por los males del momento en los deméritos de los gobiernos precedentes pueden explicar ese comportamiento. Y, por último, hay que poner en la cuenta a quienes se empeñan en salir de la ecuación: los indiferentes.
Mientras, lo que en otro momento avergonzaba –y tal vez lo vuelva a hacer en el futuro– pasa como si nada. Por caso, el posteo de Ramiro Marra, un paria político del mileísmo, pero una de sus expresiones públicas, que llamó en una simpática animación a bombardear los barrios populares.
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¿Hay una alternativa a semejante ambiente? Siempre la hay, y debe pasar por una restauración de la compasión como valor a defender.
Dentro de esa forma de acumular poder, el Presidente puede sostener que la apertura brusca de la economía –sin que la industria encuentre un rato para competir en mejores condiciones tributarias y de acceso al crédito–, encima con un tipo de cambio pisado, es destrucción creativa. Millones de consumidores se benefician al comprar productos importados más baratos, mientras algunos cientos de miles de trabajadores quedan en la calle. El mileísmo supone una cancelación de la compasión.
El tema de la inflación es políticamente más complejo que los del desempleo, la pobreza y la problemática habitacional. Si todos ellos son asuntos que atañen a sectores amplios, pero no mayoritarios, el desquicio de los precios alcanza, más o menos dramáticamente, a todos.
El asunto para Milei y Caputo es consolidar la estabilidad, esto es hacer descender de modo duradero la inflación de su maldita meseta del dos y pico por ciento, lo que no parece fácil, aun con los atajos insanos que toma el Palacio de Hacienda. De acuerdo con la consultora LCG, la inflación de alimentos se aceleró al 4% en las últimas cuatro semanas.
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Esa rebeldía, que no se termina de adecuar a los manuales de política monetaria que lee Milei, explica que la práctica del Gobierno sea bastante más heterodoxa que sus palabras.
Así, la apertura importadora –incluso de alimentos– resulta más un modo de contener los precios que simple vocación por el libre cambio. Y el rechazo a la compra de divisas para fortalecer las reservas, una forma de restarle al mercado demanda oficial, planchar la paridad y evitar más presiones sobre los precios.
"Es necesario apoyar un camino de acumulación de reservas más ambicioso. Eso ayudaría a Argentina a enfrentar mejor (posibles) shocks y facilitaría el acceso al mercado de capitales internacional", declaró la vocera Julie Kozack.
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"Alcanzar el objetivo de reservas para fin de año será un desafío. No obstante, sigue siendo esencial que las autoridades realicen un esfuerzo concertado en el período venidero para reconstruir las reservas internacionales", casi rogó. Ya no saben cómo decirlo.
Sin embargo, Milei, que recibió el chaschás de la suspensión de la visita de Scott Bessent por el desplante que supone su faltazo al sorteo del Mundial 2026 de hoy en Washington, confía en que el respirador del Tesoro norteamericano no tenga fecha de vencimiento. Puede que tenga razón, pero haría bien en reparar a cuántos países el veleidoso Donald Trump les promete los mismos "favores" de inversión y comercio.
La imposición de una paz injusta en Ucrania sería la contrapartida de lucrativos contratos para empresas estadounidenses de energía, minería y otros sectores en sociedad con Rusia. Mientras, el republicano aseguró que "enviaremos a nuestras empresas más grandes a Congo y a Ruanda. Extraeremos algunas de las tierras raras y otros activos. Todo el mundo ganará mucho dinero".