ELECCIONES 2026 / 2027

La lección de Donald Trump: es el metro cuadro

Es la versión siglo XXI de la advertencia del asesor de Clinton: la economía manda en las urnas. Estados Unidos y Brasil, señales de alerta para Javier Milei.

El triunfo demócrata en las midterms estadounidenses del martes ratifica que la economía más cercana al votante es lo que suele mover los procesos electorales. Salvo excepciones, en los Estados Unidos de Donald Trump 2026 y en la Argentina de Javier Milei 2027 se trató y se tratará del primer metro cuadrado.

También fue así el mes pasado en Brasil, donde Luiz Inácio Lula da Silva dio inicio al reflujo de la ola ultra en el continente. Allí hubo estrategia, movilización popular, militancia, "Ejército de Lula" y artes digitales de André Janones, como explicó Rafael Marroquin, uno de los asesores de la campaña del PT, en una charla Desde la Redacción de Letra P con Gabriela Pepe.

Sin embargo, sobre todo hubo, en el estribo, reducción de la semana laboral, ajuste del 15% de las prestaciones del plan Bolsa Familia, refinanciación de deudas y una prohibición de las casas de apuestas que abrió de inmediato espacio para un salto del 6% en el consumo de artículos de primera necesidad.

Pese a eso, la inquietud por condiciones de vida que no se compadecen con las nuevas aspiraciones sociales llegó a poner en jaque a la izquierda brasileña, al punto de haber quedado demasiado cerca de consagrar presidente a un hombre flojo de valores y de valor como Flávio Bolsonaro.

Esa ola de descontento recorre Europa, desde España y su crisis de acceso a la vivienda hasta Francia y su insatisfacción con la inversión en educación, pasando por Alemania, Países Bajos, Bélgica, Portugal y otras naciones. Lo que resume toda esa ecuación es la caída de los ingresos de sectores medios que vienen perdiendo desde hace lustros, pero a los cuales la vida se les puso demasiado difícil desde la pospandemia.

La Argentina sigue enmascarando esos dramas de fondo con su crisis permanente, hecha hoy de una estrategia antiinflacionaria poco eficaz y basada en la generación de recesión, desindustrialización y desplome de los ingresos populares.

Aquí, lo urgente tapa lo importante… o acaso no. Al final, ¿de qué se trata cuando se habla de inflación y de salarios, del concepto de "llegar a fin de mes" o de no lograrlo y de la incomprensión insólita del presidente Sheldon Cooper sobre todo lo que no sea literal?

Confesión de partes

El vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, dio la explicación más lúcida del bluenami.

Dijo que el problema no fue que los votantes trumpistas de 2024 no hayan acudido a sufragar, sino que su frustración los hizo optar por el Partido Demócrata.

"Nuestro mensaje económico no fue lo suficientemente afilado", dijo.

El ataque a Irán y la prolongación de ese conflicto por más de ocho meses, indicó, es la razón "obvia" de la derrota. Podría decirse, siguiendo su lógica, que la resistencia persa a los bombardeos israelo-estadounidenses, a las cuantiosas pérdidas humanas y materiales, y al descabezamiento masivo de lo que hasta el 28 de febrero había sido su cúpula gobernante erige a Teherán en el verdadero vencedor de las midterms. Impresionante revancha.

Según surge de las consultas que Vance dijo haber mantenido con los principales analistas republicanos, las aspiraciones de la base eran, en orden, terminar esa guerra, "enfocarse en el costo de vida-inflación", "poner a Estados Unidos primero" y —sugestivo— "cambiar nuestra relación con Israel".

Molesto por el desmarque, Trump fingió coincidencia con el argumento en una declaración fugaz, aunque reivindicó su decisión estratégica de impedir que Irán accediera a una bomba atómica.

Tanto lo hizo propio que algunas horas antes de que se conociera el tamaño de la catástrofe republicana —difícil de revertir en el Capitolio incluso en los comicios de 2028—, el jefe de la Casa Blanca adoptó una decisión sorprendente y de profunda importancia geopolítica: el corte inmediato de ayudas militares a Israel por 3800 millones de dólares bajo el argumento de que "ellos ya no la necesitan".

¿Regresa la oxidada promesa del America first?

Todo, todo me recuerda a ti...

En definitiva, hablar de la guerra en el Golfo, de la inflación, de la prioridad nacional y de no dejarse arrastrar otra vez a un conflicto bélico por influencia israelí se resume en una sola cosa: la centralidad de las condiciones de vida materiales.

Trump prometió resolver ese asunto al ser electo hace dos años, cuando Joe Biden aún lidiaba con los efectos de la inflación causada por la expansión monetaria de la pandemia. No cumplió y pagó.

Más allá de la guerra en el Golfo, otras políticas erróneas conspiraron contra aquel compromiso.

Primero, el arancelazo de comienzos del gobierno trumpista fue inflacionario al encarecer productos de importación y, en paralelo, al convalidar precios más altos de sus competidores estadounidenses.

Segundo, el fracaso del republicano en terminar con la guerra entre Rusia y Ucrania —en su campaña había prometido resolverla en un día— también fue inflacionario al mantener tenso el mercado energético por el boicot internacional al régimen de Vladímir Putin.

Tercero, la guerra en Oriente Medio también fue inflacionaria al desquiciar todavía más la cotización del petróleo, lo que incrementó el costo de la nafta 40% promedio desde fines de febrero y el del gasoil necesario para la logística de toda la economía y para la actividad agrícola, más del 60%.

Por último, la persecución de inmigrantes emprendida por los matones del ICE también impactó en mercados como el de la construcción y otros, dependientes de mano de obra que debió esconderse para evitar la separación de familias, la violencia y la deportación.

Donald Trump y su relación con la verdad tras el asesinato de Renee Nicole Good a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), según la ácida mirada de Michael de Adder en The Globe and Mail (Canadá).

Donald Trump y su relación con la verdad tras el asesinato de Renee Nicole Good a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), según la ácida mirada de Michael de Adder en The Globe and Mail (Canadá).

Al respecto, Vance rechazó una amnistía para los inmigrantes sin papeles, pero se declaró "abierto a la idea de que deberíamos cambiar la aplicación de la ley, enfocándonos más en las empresas que contratan mano de obra ilegal, por ejemplo". Podría colegirse que la cacería callejera no fue una buena idea.

"A la gente que está furiosa y quiere decir 'te lo dije': tienen razón, nos lo dijeron", admitió.

Menuda autocrítica.

Factores adicionales

Señalar que lo fundamental es la economía de las personas de carne y hueso no significa negar toda incidencia a otros factores. Se trata de jerarquizarlos.

Por ejemplo, el apego a los caprichos de un Benjamín Netanyahu que se entrega a una batalla tras otra para empujar su visión de un Gran Israel y, por qué no, para zafar de la cárcel, enajenó electorado de origen árabe o musulmán, así como al que ya recela demasiado del influjo israelí sobre la política exterior. Lo dijo Vance…

Abdul El-Sayed, un médico musulmán de origen egipcio, fue elegido senador por Michigan a pesar de haber sido estigmatizado por su origen, por sus posturas críticas a Israel y por su ideología de izquierda. "Si el presidente no sabe mi nombre, simplemente puede llamarme 'senador'", ironizó.

Además, las redadas del servicio de inmigración y aduanas, que convirtió a estados como Minnesota en territorios ocupados militarmente y cuyo accionar provocó muertes que aún no tienen justicia, enajenaron masivamente al electorado latino que había votado republicano hace dos años.

Esto se vio claramente en Texas, donde Gina Hinojosa, una hispana de 52 años, derrotó al republicano Greg Abbott, quien buscaba su cuarto mandato, a pesar del sesgo conservador del estado, de su aguda falta de recursos y el modo en que Elon Musk trató de inclinar la cancha con donaciones de cientos de millones de dólares destinadas a consolidar al oficialismo y hacer de ese territorio un nuevo Silicon Valley, solo que con impuestos más bajos que en California.

No da para exagerar, pero enojo puede matar millones de tecnooligarcas.

El lugar de la "batalla cultural"

Así como esos factores se subordinan a la primacía del metro cuadrado, lo mismo cabe decir sobre las "batallas culturales". Es poco probable que le importen demasiado a Trump, un libertino difícilmente sensible a la narrativa tradicional de Dios, patria y hogar.

Él, como Javier Milei en Argentina, no fue elegido para imponer un yugo a las minorías de género, para desmantelar programas de protección a las mujeres, para embestir contra el lenguaje inclusivo, para diseminar xenofobia, para odiar a los periodistas, para negar el cambio climático, para instalar fake news ni para envenenar la convivencia democrática, sino para mejorar las condiciones materiales de vida. Hasta la prédica antiinmigrantes de 2024 debe ser entendida en esta clave.

Puede que las "batallas culturales" les interesen a sus entornos ideológicos. En casa, por ejemplo, a gente como Agustín Laje y otros dos o tres extremistas. Sin embargo, el mandato encomendado es otro y esas cruzadas cobran protagonismo cuando los oficialismos fracasan en su verdadera misión.

No es la ideología

Decir que lo ideológico es secundario a la hora del voto también alcanza a las oposiciones. Por caso, entre los demócratas triunfantes del martes hay progresistas, centristas y hasta cuasiderechistas. La clave, más que en el sesgo ideológico, radica en la articulación de propuestas que atienden los problemas concretos de las mayorías y por la definición de perfiles nítidamente opositores. Tomemos tres casos emblemáticos.

Un progresista —combatido con dólares por el Comité Estadounidense de Asuntos Públicos de Israel, AIPAC— es el mencionado El-Sayed.

Un centrista, que no hizo de Texas un estado azul —demócrata— sino uno morado —por mezclar ese color con el rojo republicano— es el senador electo James Talarico, un seminarista presbiteriano que hizo una campaña "tercerista", denunció los discursos de odio y el martes de triunfo habló desde un atril que decía en el frente: "Amarás a tu vecino".

Otra del senador inminente. "Los milmillonarios que son dueños de los algoritmos de las redes sociales, que son dueños de las cadenas de noticias, que son dueños de los políticos que se pelean en las pantallas, quieren que nos agarremos del cuello unos a otros. Quieren que miremos a la izquierda y a la derecha en lugar de mirar hacia arriba, hacia ellos. La verdadera pelea en este país no es izquierda contra derecha, es arriba contra abajo. Están destrozando nuestra salud, nos están subiendo los impuestos a todos, mientras se los recortan a ellos mismos", denunció. ¿Progresista o realista?

Una cuasiderechista, en tanto, es la gobernadora electa de Ohio, Amy Acton, quien dio otro batacazo. Atenta al perfil de los votantes de su estado, llegó a abogar por una colaboración entre las autoridades locales y los oficiales de ICE.

Lo que emerge con la mala economía

Lo valórico existe, pero en situaciones más o menos habituales, asuntos como la malversación de fondos, la violencia verbal y los atropellos a las libertades y a la división de poderes se convierten en problemas políticos cuando se vive mal.

La corrupción, la megalomanía, el premio a la adulación, la agresión como supuesta marca de autenticidad y hasta los desbordes emocionales más sugestivos son minimizados como simples "formas de ser" cuando el metro cuadrado va bien o, al menos, cuando persiste la expectativa de que mejore.

Sin embargo, cuando ocurre lo contrario o esa esperanza se extravía, lo que ayer divertía empieza a irritar.

Lo ocurrido en Brasil, Israel y Estados Unidos demuestra que la ola ultra está lejos de ser imparable y que puede hacer agua cuando falla en mejorar desde el gobierno las condiciones de vida o, desde la oposición, en dar con una narrativa que haga verosímil esa expectativa.

Basta con todo eso; ahora empieza el turno de la Argentina.

El país de Milei es recesivo y, aunque pronto se salga de ese estado desde lo técnico, seguirá siendo LED, de bajo consumo. Tal es la marca del modelo.

La inflación seguirá siendo un hueso duro de roer; el dólar, la maldita polémica de cada día; una reorganización del peronismo, una acechanza y las fragilidades evidentes del plan económico, un motivo de disparada casi cotidiana del riesgo país.

Fuente: ambito.com.

Fuente: ambito.com.

El Presidente tiene casi un año para intentar algo diferente, pero carga con una tonelada de dogmas, una emocionalidad que lo hace inhábil para el cargo que ocupa y un entorno más ocupado en hacer servilismo que en ayudarlo.

Mientras, el gusanito de la insatisfacción comienza a carcomerles la panza a millones de argentinos.

Donald Trump sale notablemente debiltado de las urnas y complica a Javier Milei, que necesita el respaldo de Estados UNidos para su reelección (foto: Daniel Torok, Casa Blanca).
El Partido Demócrata y el peronismo.

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