SILBIDOS EN PARÍS | OPINIÓN

Javier Milei arruinó el sueño olímpico de los atletas argentinos

El Presidente no condenó el racismo futbolero y echó al funcionario que quiso reparar daños. La delegación nacional sufre un repudio que pudo ser evitado.

Para un atleta, los Juegos Olímpicos son el paraíso con el que sueña y para el que se prepara toda la vida. Para la delegación de deportistas que representa a la Argentina en París, ese sueño se hace realidad bajo una cortina de silbidos –cuando se escribían estas líneas, sufrían el escarnio los jugadores de Los Pumas en su duelo con el seleccionado francés-. Javier Milei es responsable de semejante daño.

Embed - Juegos Olímpicos: silbidos y abucheos a Los Pumas en el partido ante Francia

El huevo de la serpiente fue el folclore futbolero, que no termina de exorcizar sus demonios heredados de estructuras culturales teñidas de racismo, xenofobia y misoginia. Ni siquiera lo han hecho sus superestrellas, en general provenientes de sectores sociales discriminados pero, en muchos casos, con varios años cargando su condición de referentes ya no solo deportivos sino, también, sociales y éticos.

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Si el fútbol no está todavía en condiciones de desarmar esos discursos de odio –ni sus más importantes celebridades-; si a veces no alcanza siquiera a detectarlos, como confirmó el DT panelista de TN Caruso Lombardi, que sostiene que la expresión “negro jetón” con la que increpó a un árbitro en Uruguay no supone una manifestación de racismo; si sus instituciones –los clubes, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA)- no han generado mecanismos ni protocolos que les permitan desandar una agresión como la que perpetraron sus más ilustres representantes en el vivo de Instagram en el que atacaron a sus pares franceses, es esperable la reacción de instancias superiores del entramado institucional. Peras al olmo.

La troika implacable de Javier Milei

Frente a la osadía del entonces subsecretario de Deportes, Julio Garro, de sugerirle al capitán de la Scaloneta, Lionel Messi, y al presidente de la AFA, Claudio Tapia, que pidieran disculpas a la Selección de Francia, la maquinaria oficial y paraoficial de juzgamiento cayó encima del funcionario, al que condenó al destierro por antilibertario: ningún gobierno puede decirle a nadie qué hacer ni qué decir, aunque el libre albedrío incluya el racismo y la xenofobia.

El Presidente echó a Garro después de retuitear a sus leones digitales –los Gordos Dan de la vida ultraderechista-, que lanzaron una lluvia de misiles sobre la cabeza del macrista.

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Después vino el affaire Victoria. El jefe de Estado reprendió a la vicepresidenta Villarruel por pasarse de rosca y etiquetar como “país colonialista” –misma acusación a la que antes le había dato RT- al país al que debía viajar diez días después –este jueves- para exponerse en la inauguración oficial de los Juegos y para reunirse –ups!- con el mismísimo presidente.

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Eso sí: de repudio a los cánticos racistas de la Scaloneta, nada. Del Presidente, nada. De la vicepresidenta, todo lo contrario: el tuit fijado en su cuenta de Twitter. “Yo te banco, Enzo”.

Con todo, el problema no es la ideología ni el racismo ni Francia ni los Juegos ni el ídolo sagrado. Es la interna. Garro cayó por la interna con Mauricio Macri. Karina Milei corrió a la embajada francesa por la interna con Villarruel –para asegurarse la entrada a la apertura de París 2024, a la pasada-.

O sea, las miserias de la interna del Gobierno se llevan puesto todo. Lo demás –lo importante- no importa nada. Peor, imposible.

Lionel Messi quizá lo hubiera evitado

Esto ya se escribió, pero vale reiterarlo. Messi es un hombre bueno, que borra fronteras y une pueblos. Su liderazgo, construido más a fuerza de calidez humana que de goles y gambetas, podría ser un motor poderoso de cambios sociales positivos: su palabra tiene un alcance y una potencia descomunales.

La idea de Garro era buena. Es muy probable que un mensaje del capitán de la Scaloneta no hubiera alcanzado para reparar del todo el daño provcado por esos cánticos agresivos, pero es muy probable que hubiese sido bien recibido. Acaso les hubiera evitado el sabor amargo del escrache global a los atletas argentinos. Quizá habría podido proteger su sueño cumplido de llegar al paraíso olímpico. No: Milei, su presidente, no lo permitió.

Lionel Messi.
Victoria Villarruel. 

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