El sucesor de Jorge Bergoglio

El primer año de León XIV: del legado del papa Francisco al choque con Donald Trump

Diplomacia activa. Reformas sin ruptura. IA, migración y clima como ejes. La paz, convertida en doctrina política del Vaticano. Tenis, béisbol y juego online.

Cuando la fumata blanca anunció la elección de León XIV, la pregunta fue inmediata: Robert Prevost continuaría el legado del papa Francisco o abriría una nueva etapa en la Iglesia. Un año después, el pontífice consolidó un perfil propio en el Vaticano, con la paz y la diplomacia como ejes de un papado que también exhibe tensiones con Donald Trump.

La duda tenía sentido. Francisco había dejado una Iglesia transformada por la sinodalidad, la centralidad de los pobres y una diplomacia pastoral enfocada en las periferias. Pero también una institución atravesada por heridas abiertas, tensiones doctrinales, una Curia fragmentada y un escenario internacional más convulsionado que el de 2013.

León XIV eligió responder sin estridencias. Su primera definición pública funcionó como manifiesto político y espiritual. “La paz sea con ustedes”, dijo desde la Logia de las Bendiciones. No fue una fórmula ceremonial: marcó el eje de un pontificado iniciado en medio de guerras regionales, crisis humanitarias y un nuevo desorden global.

Tal como había revelado Letra P antes de la fumata blanca, Prevost aparecía como uno de los candidatos con mayores posibilidades de suceder a Francisco. Su perfil moderado, su experiencia pastoral en Perú, su formación agustiniana y la confianza que Jorge Bergoglio había depositado en él desde el Dicasterio para los Obispos lo convertían en una figura de síntesis.

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Robert Prevost, el papa León XIV

Robert Prevost, el papa León XIV

El mundo descubrió entonces a un papa estadounidense que, paradójicamente, terminaría convirtiéndose en una de las voces más incómodas para la Casa Blanca.

Un liderazgo sobrio y reformas sin ruptura

A diferencia del estilo espontáneo y disruptivo de Francisco, León XIV construyó un liderazgo sobrio, metódico y profundamente institucional. Matemático, filósofo y doctor en Derecho Canónico, gobierna con escucha paciente y decisiones medidas. En Roma lo describen como un hombre de consulta permanente, poco afecto a los golpes de efecto y obsesionado con evitar fracturas internas.

Ese estilo quedó plasmado en su modelo de gobierno eclesial. En lugar de acelerar reformas espectaculares o rediseñar toda la Curia, optó por consolidar una conducción colegiada. Mantuvo a Pietro Parolin como secretario de Estado, reunió periódicamente a los cardenales y evitó abrir frentes innecesarios en debates que todavía dividen a la Iglesia, como las bendiciones a parejas homosexuales o la expansión de la misa tridentina.

No significó inmovilismo, sino otra velocidad. En su primer año publicó documentos que marcaron las prioridades de su papado. La exhortación apostólica Dilexi te, iniciada por Francisco y concluida por él, colocó a la pobreza en el centro de la misión eclesial. Más tarde avanzó con Diseñar nuevos mapas de esperanza, una reflexión sobre educación e inteligencia artificial que confirmó una de sus principales preocupaciones: el impacto ético y social de la revolución tecnológica.

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León XIV redefine la estructura del Vaticano.

León XIV redefine la estructura del Vaticano.

La inteligencia artificial aparece en el universo conceptual de León XIV como la nueva cuestión obrera del siglo XXI. Por eso, su primera encíclica, Magnifica Humanitas, prevista para el próximo 15 de mayo, buscará dialogar con la tradición inaugurada por León XIII y Rerum novarum. El mensaje es claro: así como la Iglesia debió responder a la revolución industrial, ahora pretende intervenir frente a los desafíos de la automatización, el control algorítmico y la fragilidad del trabajo humano.

La paz como doctrina política del Vaticano

Pero el rasgo más visible del pontificado fue otro: la diplomacia.

En menos de un año realizó viajes apostólicos por África, Turquía y Líbano, donde promovió el diálogo interreligioso, la reconciliación y denunció las desigualdades sociales. En Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial habló de corrupción, explotación de recursos y pobreza estructural con una dureza poco habitual en la diplomacia vaticana reciente.

También reforzó el perfil internacional de la Santa Sede como mediadora. Habló con Volodímir Zelensky y Vladímir Putin, pidió un alto el fuego en Gaza, recibió a María Corina Machado y mantuvo contactos con Cuba en medio del endurecimiento de Washington hacia la isla.

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 El papa León XIV y el presidente ucraniano Volodímir Zelensky

El papa León XIV y el presidente ucraniano Volodímir Zelensky

En todos esos movimientos apareció una constante: la idea de que la Iglesia no puede resignarse a contemplar la guerra desde una neutralidad burocrática.

Donald Trump, Irán y la disputa por la autoridad moral

El choque con Trump terminó de definir políticamente el pontificado. La tensión escaló cuando León XIV calificó de “inaceptable” la amenaza del presidente estadounidense de “aniquilar la civilización iraní” durante la crisis en Medio Oriente. Trump respondió con dureza y lo acusó de ser “débil” y “terrible en política exterior”.

La escena tuvo una potencia simbólica inédita: el primer papa nacido en Estados Unidos enfrentando públicamente a un presidente estadounidense en nombre del Evangelio, el derecho internacional y la defensa de los civiles.

León XIV evitó convertir el conflicto en un duelo personal, pero tampoco retrocedió. “Como pastor no puedo estar a favor de la guerra”, sostuvo durante su regreso de África, donde denunció la muerte de niños en Irán y Líbano.

En el Vaticano interpretan que allí se produjo un punto de inflexión. El pontífice pasó de la prudencia inicial a una intervención más frontal frente a la “diplomacia de la fuerza”.

La audiencia de esta semana con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, buscó precisamente descomprimir esa tensión. Rubio habló de un “compromiso compartido por la paz y la dignidad humana”, mientras la Santa Sede calificó las conversaciones como “cordiales”. Sin embargo, el trasfondo sigue intacto.

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León XIV y Marco Rubio

León XIV y Marco Rubio

El Vaticano teme que la política exterior estadounidense quede cada vez más subordinada a una lógica de confrontación permanente. Y León XIV parece decidido a disputar el lenguaje religioso con el trumpismo.

No es casual que también haya cuestionado las políticas migratorias y la criminalización de extranjeros. Como Francisco, considera que la crisis migratoria es uno de los grandes desafíos morales contemporáneos.

Una Iglesia unida, pero sin marcha atrás

Hacia adentro, León XIV intenta resolver otra tensión: cómo sostener las reformas de Francisco sin profundizar la grieta entre conservadores y progresistas.

Su lema, In Illo uno unum (“Uno en Cristo”), funciona como síntesis. Habla de unidad, pero no de uniformidad; de comunión, no de disciplinamiento.

Por eso recuperó algunos símbolos tradicionales —la mozzetta roja, los apartamentos pontificios y Castel Gandolfo— mientras mantenía intactos los grandes ejes sociales bergoglianos: justicia climática, migraciones, pobreza y sinodalidad.

Esa combinación explica buena parte de su éxito inicial. Los sectores conservadores valoran su orden institucional y su sobriedad. Los reformistas destacan la continuidad doctrinal con Francisco.

En Roma resumen el fenómeno con una frase simple: “No confronta, pero tampoco retrocede”.

Tenis, Wordle y el regreso de Castel Gandolfo

Detrás del pontífice diplomático y del administrador meticuloso también apareció un perfil más cotidiano.

León XIV juega al tenis, practica natación y sigue siendo fanático de los White Sox de Chicago. Lleva un reloj inteligente bajo la sotana blanca y, según contó él mismo, nunca abandona su partida diaria de Wordle, el popular juego online de palabras que comparte con su hermano John.

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El papa León XIV con el tenista italiano Jannik Sinner

El papa León XIV con el tenista italiano Jannik Sinner

También devolvió algunas rutinas tradicionales al papado. Volvió a instalarse en el apartamento pontificio del Palacio Apostólico, recuperó la residencia de verano de Castel Gandolfo y convirtió sus martes libres en jornadas de deporte y lectura.

Son detalles menores frente a las guerras, la diplomacia o las crisis humanitarias. Pero ayudan a construir la imagen de un papa que intenta combinar tradición, moderación y cercanía.

A un año de su elección, León XIV ya dejó algo claro: no será una copia de Francisco ni una ruptura con su legado. Su pontificado parece moverse en un terreno más complejo: administrar la herencia bergogliana mientras intenta construir una autoridad propia en un mundo que volvió a acostumbrarse a la guerra.

El legado de Jorge Bergoglio
Robert Prevost y Jorge Bergoglio, papas

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