Javier Milei apeló al riesgo kuka y a una clase densa de economía para esquivar el caso Libra y el Adornigate
Trató de vender entusiasmo sobre el crecimiento y la baja de la inflación. Con su jefe de Gabinete y Karina en la mesa, no habló de corrupción ni de la interna.
Javier Milei y Manuel Adorni en la Bolsa de Comercio de Córdoba
El presidente de la Bolsa de Comercio de Córdoba, Manuel Tagle, elogiaba -como es habitual- el gobierno de Javier Milei cuando una asistente lo interrumpió en plena arenga para avisarle que el Presidente estaba listo para ingresar al salón. La caricia discursiva del empresario pareció querer ponerle un corte a las horas amargas que atraviesa la Casa Rosada.
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Por el pasillo improvisado entre mesas, ingresaron Karina Milei, Martín Menem, los cordobeses Gabriel Bornoroni y Gonzalo Roca, y Manuel Adorni. El jefe de Gabinete que pidió perdón este domingo por la noche en el prime time televisivo por subir a un avión oficial a su esposa y ratificó que pagó con la suya el viaje en taxi aéreo a Punta del Este. Todo eso, mientras la causa $Libra avanza derrumbando todo el relato de los hermanos y la interna libertaria arde por el escándalo de corrupción, esa palabra que parece que sólo cabía a sus antecesores en el poder central.
Javier Milei, en modo profesor
Milei habló por más de una hora y media. Anticipó que iba a refritar el discurso que brindó ante el establishment económico de Estados Unidos. Abundó en la teoría económica. No habló del escándalo de su vocero ni de la causa $Libra. Tampoco de la interna en su gobierno. Santiago Caputo es uno de los apuntados por lo bajo de filtrar los videos que pusieron a Adorni en el ojo del escrutinio moral.
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Para las voces libertarias que se ubicaron en las primeras mesas de la sala, la presencia del ministro coordinador bastó como elemento probatorio del respaldo. También de que es el karinismo, que ocupó todos los lugares de la mesa principal de la entidad de Tagle, el que rodea y goza de la plena confianza presidencial.
Probablemente, Milei quiso evitarle a su funcionario el silencio de desaprobación de una conducta que ese auditorio abucheaba, como el propio Adorni, cuando la cometía un kirchnerista.
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La mesa principal en la Bolsa de Comercio de Córdoba con los alfiles de Javier Milei
Ese colectivo político fue el único blanco de su intervención. La diatriba antiperonista siguió el libreto normal, dejando afuera empresarios y gobernadores.
Milei se centró en explicar por qué Argentina puede crecer y, a diferencia del paso de Toto Caputo por la Fundación Mediterránea días atrás, sí habló de inflación y las causas del rebote, y no tiró los tag antiindustrialistas de su ministro que tanto irritaron al Círculo Rojo cordobés el mes pasado.
El clásico anti-K que no falla en Córdoba
El Presidente despuntó el vicio intelectual citando autores y haciéndolos conversar entre sí. Confesó que pronto saldrá su libro y adelantó que uno de los ejes será la "envidia" como práctica instalada en el socialismo y el sentimiento destructor de la demanda.
"Prefieren estar mal con tal de verlos peores. Incluso, quieren romper el sistema. Eso es el kirchnerismo", azuzó al empresariado, que estalló en aplausos. El hit anti-K sirvió para despabilarlos después de la larga clase de política económica.
Embed - Milei en la Bolsa de Comercio de Córdoba junto a Karina Milei y Adorni
El giro es curioso. No es Milei el que viene a romper el Estado como ese anarquista incurable del que se preciaba, sino el peronismo que pregona la justicia social. Una modalidad de distribución de la riqueza que el mandatario define como inmoral.
Los temas escandalosos que sí tocó
El empresariado sabe que forma parte del nuevo blanco de Milei, como lo fueron los gobernadores en varios momentos de su administración, como lo será siempre el tan necesario kirchnerismo cuando el plan no funciona. No podía dejar el auditorio con teoría y citas de libros. Tocó temas espinosos, como la inflación.
El plan de reformas que debía marcar la segunda etapa de su gobierno cedió pasó al problema inicial que prometió domar, aunque no en lo plazos que preveía.
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Javier Milei
Explicó el cóctel multicausal de la suba de precios sostenida que podría atentar contra su plan de llegar con un índice del 0% en agosto. Eligió ver la mitad del vaso lleno. "¿Es alta la inflación que tenemos? Sí, pero venimos del peor lugar del infierno", pidió gancho y citó progresos en materia de contención de la pobreza o la suba del PBI.
Para Milei, el crecimiento es dispar y dejó claro -como lo viene haciendo- que su apuesta está en la minería, el petróleo o el litio. Insultó a los ambientalistas. Al fondo del salón, se escucharon un par de aplausos que sonaron en soledad. ¿Puede el modelo de Milei beneficiar al empresariado de Córdoba que poco tiene que ver con esa economía extractivista y está más bien asociada a la industria, el campo y la producción de bienes y servicios?
Qué buscó el Presidente en Córdoba
Probablemente la respuesta a esa pregunta sea negativa. El empresariado cordobés tiene gimnasia para adaptarse, pero quiere seguir haciendo lo que sabe hacer. Las demandas que se escuchan en los pasillos son recurrentes. Conviven con el apoyo al orden macro, pero necesitan una política industrial, acceso al crédito y la reactivación del consumo.
En la Bolsa de Comercio de Córdoba, Milei anunció su libro “La moral como política de Estado” y lanzó una catarata de insultos: “siniestros”, “envidiosos”, “parásitos”, “imbéciles”, “horda de vagos”
La cautela que se observó en la Fundación Mediterránea, con Toto Caputo como principal orador, se repitió en la Bolsa, un auditorio más entusiasta producto del apoyo irrestricto del anfitrión Tagle. La caída de puestos de trabajo, la crisis que atraviesa el sector automotriz o firmas de larga trayectoria en la provincia, son inapelables. El crecimiento dispar que defendió Milei enciende alertas en el Círculo Rojo.
¿A qué vino Milei a Córdoba? El Presidente atraviesa un momento político complicado y la Bolsa de Comercio le ofrecía el contexto cuidado para mostrar sus lealtades políticas y tomar la temperatura de la recepción de una política económica que no va a cambiar, pese a la nubes negras que empieza a ver el empresariado y la gente. Hay un plan que demora y la superioridad moral, al menos hasta que la Justicia demuestre lo contario, le escapa a la corrupción y a las internas por el poder.