LA POSTA DEL CONGRESO

En la interna del Gobierno, esta vez ganó la política

La sanción del Presupuesto consagró al equipo de Javier Milei encargado de lograr acuerdos. Los Caputo y la interna infinita. Qué recibieron los gobernadores.

El debate del Presupuesto 2026 expuso la interna del Gobierno, que de a ratos parece arruinarlo todo. El viernes 19, desde la Casa Rosada filtraban versiones de un eventual veto a la ley de leyes por la eliminación del capítulo 11 en Diputados. Una semana después, Javier Milei festejó la sanción en el Senado del mismo texto que sus voceros criticaban.

Esta dualidad muestra al Presidente entre dos bandos enfrentados, que casi nunca se preocupa por apaciguar. Uno es la reconvertida mesa política, que integran Diego Santilli (ministro del Interior) y los jefes legislativos del oficialismo de ambas cámaras, Patricia Bullrich y Martín Menem. La exministra arrincona a Victoria Villarruel y prepara el ingreso de un hombre de su confianza, Gerardo Milman, para esmerilarla. Karina Milei es la madrina sobreprotectora de este trío que pasó la tarde post-Navidad en el Senado y festejó el presupuesto en los palcos.

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Santiago Caputo quedó en la vereda de enfrente. Sólo se acerca a la mesa política para dirimir otras contiendas de gabinete, como cuando intentó relegar al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, por su protagonismo en la elaboración de la reforma laboral. El consultor tiene como socio en el gabinete a su tío, el ministro de Economía, Toto Caputo.

El Caputo joven sigue jugando a ser el Mago del Kremlin y a veces le sale. Usa su línea directa con Milei y Toto para sostener sus espacios de poder (como la SIDE y la ARCA); y se mantiene como el ahijado de Mario Lugones, la mancha venenosa del Gobierno. El ministro de Salud es el artífice de los principales tropiezos del Presidente, como el ajuste en discapacidad, hasta el extremo de arriesgar la ley de Presupuesto. Sólo Milei sabe por qué lo cuida tanto.

Las dos caras del Gobierno

Este viernes, la mesa política festejó su primer triunfo con la sanción de un Presupuesto que negoció durante semanas con gobernadores, quienes aprovecharon un inesperado traspié del Gobierno en Diputados para subirse el precio y recibir una última tanda de prebendas.

El texto quedó casi igual a como fue enviado en septiembre: no hay cambios impositivos para aumentar giros a las provincias (como la reforma al impuesto a los combustibles), se redujo casi a cero la planilla de obras públicas, los ATN siguen a discreción del Presidente y los déficits previsionales locales no serán cubiertos íntegramente por el Tesoro Nacional. “Era un Presupuesto modelo y casi tiran todo por la borda”, fue el reproche de la mesa política al tándem de los Caputo y Lugones.

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Lule Menem, Diego Santilli y Martín Menem, en el palco durante la sesión en el Senado del Presupuesto.

Lule Menem, Diego Santilli y Martín Menem, en el palco durante la sesión en el Senado del Presupuesto.

El último debate en el Senado se trabó por los ajustes en educación y la pulseada también la ganó Milei: no habrá compromisos mínimos de inversión y las universidades que no envíen documentación correcta podrían cerrar. Parece un requisito obvio, pero pocos le confían al Presidente el manejo de estos recursos.

Se avaló, además, un ajuste en ciencia y técnica. Para un sector de la oposición, al menos en estos tiempos, hay otras prioridades. Tal es así que sólo tres de los 10 radicales del Senado pidieron corregir este capítulo. El resto juró fe libertaria, a cambio de los últimos favores a las provincias que gobierna la UCR, como Chaco, Mendoza, Corrientes y Santa Fe.

Los jefes de los dos últimos distritos amagaron a rebelarse, pero luego aportaron sus votos. Todos recibieron algo. Otro dato de la sesión es que la Santafesina Carolina Losada es la única voz radical violeta del Senado que no reporta a un gobernador. Busca posicionarse como variante libertaria en su provincia.

La rosca decisiva

Las negociaciones finales para el Presupuesto fueron en el despacho de Bullrich, con la presencia de Carlos Guberman, el secretario de Hacienda y mano derecha de Toto Caputo. Al teléfono estuvieron gobernadores como Rolando Figueroa (Neuquén), Ignacio Torres (Chubut), Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca).

Los últimos tres tenían la llave para romper al flamante interbloque peronista y lo hicieron. Los mandatarios radicales Juan Pablo Valdés (Corrientes) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe) intervinieron a través de sus senadores, cuando supieron que la sanción no corría riesgos.

Las ayudas que recibieron los gobernadores por inclinar la balanza cumplieron el manual de la política tradicional. Creció la cuenta de ATN, hubo adelantos de coparticipación para pagar aguinaldos y, sobre todo, avales para tomar deuda. Es lo mismo que pide y aún no consigue Axel Kicillof.

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Cuando la mesa política garantizó la aprobación de los artículos más polémicos del Presupuesto, nadie quiso quedarse fuera. Hasta la dupla de Santa Cruz (José Carambia y Natalia Gadano), que ni siquiera había dado cuórum, votó a favor y negoció favores para su provincia.

Guberman tuvo que aflojar la billetera: esa fue la orden que le dio Milei. No parecía el mismo funcionario que se plantó ante los jefes de bloque de Diputados una semana antes, con el slogan de "no hay plata". Así funciona la interna del Gobierno: si el jefe de Estado interviene, un sector avanza, triunfa o choca. Si el líder se desentiende de las disputas, su gestión se paraliza.

Lugones, el problema de siempre

La inclusión del artículo 75 en el dictamen original de Presupuesto en Diputados, que derogaba la emergencia en discapacidad y el aumento de los fondos universitarios, fue impulsada por los Caputo y Lugones. El ministro de Salud ya no disimula su interés en mejorar los balances de las empresas de su rubro. La orden de Milei de no dar marcha atrás fue clara y pudo haberlo arruinado todo.

Santilli creyó haber dejado el tema atrás cuando el Presupuesto se aprobó en la cámara baja sin ese capítulo–que incluía compromisos financieros que fueron desechados, como fondos a Ciudad, la Justicia y las eléctricas-, pero el joven Caputo filtró que el texto no servía y se complicaron más las cosas.

La mesa política se movió unida. La interna quedó a la vista, una vez más. Bullrich fue y vino a la Quinta de Olivos el fin de semana previo a Navidad y usó su firmeza para poner límites: no habría cambios al texto aprobado en Diputados, aunque lo pidiera Milei.

Santiago Caputo Javier Milei
Javier Milei abraza a Javier Milei.

Javier Milei abraza a Javier Milei.

La jefa del bloque de LLA en el Senado explicó que los problemas judiciales que Lugones y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, pudieran tener por no cumplir la emergencia en discapacidad no eran más importantes que conseguir el Presupuesto por primera vez en la era Milei, a pocos días de un vencimiento de deuda. El Presidente lo entendió o simplemente lo aceptó. Nunca se sabe bien.

Bullrich hasta hizo una pirueta: usó el clima derrotista propagado por Caputo en los medios para justificar la postergación de la reforma laboral y la reforma a la ley de glaciares, que se debaten en el Senado. En verdad, jefa de LLA no tenía los textos finales acordados con la oposición.

Lo que viene

El Congreso quedó en receso hasta febrero, cuando Bullrich volverá a la carga con la reforma laboral. En el mejor de los casos, el texto llegará al recinto con muchas modificaciones, en lo que será una nueva –y repetida- interna con los Caputo.

La pelea es la de siempre: cuánto ceder para tener una ley. A la narrativa libertaria –que Milei cuida- no le sirven concesiones. A las democracias modernas, les son indispensables para funcionar. Bullrich lo sabe y lo aplica. Tanto, que en su sesión inaugural, se cuidó de no chocar con el kirchnerismo. Les regaló videos virales a cambio de leyes.

El paquete de reformas penales que logró la exministra en estos dos años es un ejemplo de cómo trabajará en el Senado. Los proyectos se sancionaron con muchas correcciones de la oposición, gestionadas por la diputada bullrichista Laura Rodríguez Machado, al frente de la comisión de Legislación Penal.

Este viernes, la cordobesa festejó la sanción del proyecto de inocencia fiscal, su última rosca. La ley de regla fiscal –que prevé prisión para funcionarios si no evitan el déficit- no avanzó, entre otras cosas, porque Milei se negó a negociar. Tal vez por eso ese proyecto no fue girado a la comisión de Machado.

Guberman, con letra de los Caputo, pidió no sacar una coma de esta iniciativa cuando la discutió con los jefes opositores. La reunión terminó mal y el funcionario sólo logró que el texto fuese cajoneado. En febrero, la mesa política buscará reescribir el proyecto. Ese mes, Menem quiere que la reforma del código penal se empiece a debatir en Diputados, pese a que Bullrich la reclama. Rodríguez Machado puede ser la que consiga un consenso.

Milman, el soldado de Bullrich

Bullrich usará estas victorias para fortalecerse en el Senado, donde empezó a mover piezas. Le creó un cargo a su pupilo Gerardo Milman para ser el controller de Bartolomé Abdala, quien está dispuesto a resistir como presidente previsional. El cargo del exdiputado aún no fue confirmado, pero en el Senado ya es vox populi que asumirá después del receso.

Abdala es apadrinado por Villarruel, quien buscará que sea reelecto en la sesión preparatoria, prevista para fines de febrero. Bullrich quiere en la línea sucesoria al fueguino Agustín Coto –lo sentó en primera fila del recinto-, pero si no consigue respaldo de la oposición está dispuesta a dejar a Abdala, con Milman siguiéndolo de cerca.

Gerardo Milman

Villarruel hace su juego. Cerrará el Palacio en enero por falta de fondos y lanzó un plan de retiro para reducir la planta a lo mínimo indispensable. La vicepresidenta le pidió ayuda a Bullrich, quien iniciará las gestiones de recursos recién cuando necesite reunir comisiones.

La titular del Senado tuvo una oferta para romper todo este viernes: en la reunión de labor parlamentaria, la senadora santacruceña Gadano le propuso liderar gestiones para modificar el Presupuesto y quitarle partidas a Diputados, que recibió fondos para bienes de uso, a diferencia del Senado. Nadie se prendió. La vice tampoco.

En Diputados, Menem tiene que reconstruir su relación con el PRO para tener mayoría y no es una tarea fácil. El jefe amarillo Cristian Ritondo quedó herido por el reparto de cargos en la AGN. El riojano reconocía en los pasillos que una eventual sesión para evaluar cambios al Presupuesto podía demorarse hasta un mes. No fue necesaria y las charlas con la oposición se retomarán en febrero. No antes.

Patricia Bullrich con Ezequiel Atauche, en el Senado. A cargo de negociar con la Casa Rosada. 
Victoria Villarruel

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