DISCUSIÓN 2027

¿Cuántos votos tiene Javier Milei para su reelección?

Qué dice el Índice de Confianza de la Universidad Di Tella, un método de probada eficacia, sobre las chances del Presidente de quedarse en la Casa Rosada.

Ciertos casos de manipulación para la generación de climas no explican totalmente la pérdida de confianza en las sondeos como predictores del voto, reconocida muchas veces por sus propios responsables en base a una infinidad de razones técnicas y sociológicas.

Hay, como contrapartida, un indicador que es muy seguido por el mundo de los negocios y de la política que puede brindar claves valiosas en esta coyuntura: el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) cuenta con la reputación de ser un eficaz predictor del sufragio, cosa que se pondrá a prueba en esta nota y motiva la pregunta que la titula.

Javier Milei, en un tobogán

En su edición de julio, el ICG, que no arroja porcentajes sino que se expresa en una base de uno a cinco puntos, bajó 6,5% mensual –21% en el último año– a 1,94 unidades.

Continuó, así, una tendencia declinante que se repitió a lo largo de todo el año, con excepción de un leve rebote en junio.

"En julio, cuatro de los cinco componentes del ICG disminuyen respecto de junio. Honestidad es la única excepción, conservando un nivel prácticamente igual al del mes pasado (2,45; -0,4%). Capacidad cae a 2,28 puntos (-7,3%). Eficiencia, que presenta la mayor disminución porcentual entre los componentes, pasa a 1,79 puntos (-15,4%). La Evaluación general del Gobierno se ubica en 1,64 puntos (-2,5%) y la Preocupación por el interés general alcanza 1,51 puntos (-6,9%)", dijo la UTDT.

"En este contexto, el promedio del ICG durante la gestión Milei desciende a 2,37 puntos, su registro más bajo. Como referencia, los promedios de los dos presidentes anteriores, (Mauricio) Macri y (Alberto) Fernández, en el mismo tramo de sus gestiones fueron de 2,51 y 1,91, respectivamente", completó.

Fuente: Índice de Confianza en el Gobierno (UTDT).

Fuente: Índice de Confianza en el Gobierno (UTDT).

Una nota publicada este martes en La Nación recopiló "distintas encuestas realizadas a lo largo de las últimas semanas (que) muestran una caída en la aprobación del gobierno de Javier Milei en sintonía con la baja registrada por el Índice de Confianza en el Gobierno".

La causa es económica y no hay raid internacional, como el que llevó al Presidente a la jura de otra ultra, Keiko Fujimori, en Lima, que la revierta: la actividad se ralentiza, los ingresos no alcanzan, las deudas familiares reeemplazan ingresos que se esfuman y, en lo financiero, donde el mileísmo pretende hacerse fuerte, empinamiento del riesgo país –cuando parecía que pegaba el bajón final– y un Banco Central que, a despecho de las exigencias de la controller Kristalina Georgieva, se retiró este martes del mercado cambiario para evitar que el dólar se recalentara.

¿Peligra realmente el proyecto reelección?

El misterio del índice Di Tella

El mercado en particular y el Círculo Rojo en especial están convencidos de que el ICG anticipa tendencias y, a la hora de votar, directamente resultados.

Llega a esas conclusiones en base a un ejercicio poco defendible desde lo técnico, pero efectivo: convertir el índice que se mide de uno a cinco puntos en un porcentaje, esto es su multiplicación por 20. El repaso de lo ocurrido con el ICG y escrutinios desde 2007, por lo menos, no arroja una correlación absoluta, pero sí algunos patrones que intrigan. Mucho.

Juguemos.

La reputación de excelente predictor del índice de la Universidad Torcuato Di Tella se forjó especialmente en los años kirchneristas. Sus últimos informes previos a las elecciones de 2007, 2011 y 2015 –en este caso, en su primera vuelta– se correspondieron con los resultados electorales de un modo sorprendente.

Habida cuenta de la polarización que estimulan entre dos opciones únicas, los ballottages obviamente se desvían del patrón, cosa que se comprobó en el segundo turno, en el que Macri venció a Daniel Scioli.

Sin embargo, el ICG volvió con todo en 2019, al resultar prácticamente un calco del caudal obtenido por el líder del PRO al ser derrotado por Alberto Fernández. Al fin y al cabo, el indicador representa la adhesión al gobierno y no capta, ni pretende hacerlo, el modo en que las oposiciones abordan a la sociedad.

En 2023, como en tantas otras cosas, las lecturas se hicieron más difíciles. Por un lado, el candidato oficialista no era el presidente sino el ministro de Economía, Sergio Massa. Aunque era el responsable último de una inflación que se espiralizaba, pudo explotar al máximo –aunque le resultara a la postre insuficiente– el aura de ser "víctima" de una interna peronista que él y sólo el podría poner en caja en caso de triunfo.

Eso, sumado al desafío que planteaba aquel inquietante outsider llamado Javier Milei, le permitió estirar un índice demasiado flaco y, en el primer turno, quedar a poco más de tres puntos de su objetivo.

¿Reelección en peligro?

El análisis con abuso de metodología –el autor de esta nota les pide perdón a los responsables del ICG–, permite sacar al menos tres conclusiones:

  • En momentos de satisfacción social y alta aprobación al gobierno, su precisión parece casi milimétrica.
  • En cambio, en contextos de crisis o de disrupción financiera –atizada por el crecimiento de candidaturas poco deseables para el mercado financiero– parece operar como un piso electoral. Puntualmente, cuando la confianza pública cae por debajo de la barrera de los dos puntos –2015, 2019 y 2023–, la conversión hipotética del índice en porcentaje deja de estimar el techo y pasa a fijar el soporte mínimo del oficialismo. En esos casos, la aversión al rival, el control del aparato de gobierno, ciertos apoyos territoriales y la grieta que siempre reina terminan mejorando el alcance que podría sugerir el índice.
  • Finalmente, la compresión de la oferta en dos opciones únicas y la lógica polarizadora de los ballottages rompen la correlación entre ICG y voto.

¿Qué significa todo esto para el proyecto Milei 2027?

La rabia ataca de nuevo

La conversión del índice de adhesión al gobierno en porcentaje –otra vez: una simple hipótesis de trabajo– supondría para el extremista de derecha, en el caso del 1,94 de julio, una proyección electoral del 38,8%.

Ese escenario, que se corresponde con diversas encuestas, da cuenta de la persistencia de un respaldo algo superior al núcleo duro conocido del mileísmo y explica el modo en que Milei y sus estrategas buscan exprimir la adhesión en base a la exacerbación de la grieta, incluso a riesgo de romper valiosas alianzas internacionales –con Brasil, por caso– y los límites de la convivencia civil.

La receta de la rabia vuelve a mandar en la política nacional, pero ¿será igual de eficaz siendo continuidad que cuando representaba cambio?

La porfía oficial por cancelar o al menos suspender las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) es hija de la conveniencia de que la primera vuelta sea eso, una primera vuelta, y no una suerte de ballottage informal orientado por aquella instancia inicial.

De acuerdo con la Constitución, si Milei obtuviera el 40% de los votos y superara por diez puntos al peronismo, sería reelecto. En ese sentido, la ofensiva contra las PASO pretende maximizar las chances de que la principal oposición convierta su interna en fractura.

¿Esa comprensión habrá llevado a Máximo Kirchner a bajar dos cambios en la confrontación con Axel Kicillof en la entrevista que concedió al periodista Alejandro Bercovich, en la que se mostró bastante más medido y admitió que no hay entre ambos diferencias programáticas significativas?

Si las elecciones presidenciales se celebraran en lo inmediato, el Gobierno paleolibertario llegaría con una fatiga de material comparable con el escenario de 2015.

Pensar en 2019, en cambio, supondría uno de crisis financiera que no parece estar hoy en los cálculos, al menos mientras el peronismo se empeñe en no mostrarle al mercado que lo resiste que es una opción real de poder.

Tener por el mango la sartén del aparato de Estado es una ventaja grande. Milei podría, si quisiera, poner en marcha políticas electoralistas y, de hecho, mantener planchado el dólar, acumular en este año par los ajustes tarifarios y forzar en todo lo posible una desinflación aún parcial son elementos que van en ese sentido.

Si, como pide Georgieva, consiguiera reabrir el mercado voluntario de deuda a fin de renovar vencimientos y aflojar un poco el ajuste asfixiante al que somete a la población, encontraría una carta todavía mejor.

Con todo, aunque sigue siendo competitivo, la caída del ICG por debajo del umbral crítico de los dos puntos y, en particular, el desencanto que el indicador percibe en el electorado joven ubican a Milei en alerta.

Fuente: Índice de Confianza en el Gobierno (UTDT).

Fuente: Índice de Confianza en el Gobierno (UTDT).

No por nada la palabra ballottage suena casi como una catástrofe en las mesas de arena de los estrategas oficiales.

Karina Milei en Misiones. 
Toto Caputo 2027. (Imagen generada con IA).

Las Más Leídas

También te puede interesar