Maldito dólar: la manta corta de Javier Milei y Toto Caputo
La suba de la divisa condiciona la desinflación que el Gobierno considera imprescindible para la reelección del Presidente. ¿Por qué no puede evitarla?
Javier Milei y Toto Caputo se esfuerzan por convencer de que todo marcha acorde al plan. Está bien: deben hacerlo para mejorar las expectativas y, de hecho, encuentran en el mercado financiero algunos reflejos favorables a su estrategia para encarar las incertezas del 2027 electoral.
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Sin embargo, tras más de dos años y medio de gestión de extrema derecha, la economía sigue pendiente de la estabilización, lejos del boom de crecimiento prometido y con una manta corta que se resume en el problema de toda la vida: la trayectoria del dólar.
Esa restricción se vincula, por un lado, con la conveniencia de seguir comprando divisas para incrementar el nivel de reservas y, con eso, asegurar que habrá recursos para hacer frente a los exigentes vencimientos de deuda por 25.000 millones de dólares del año próximo. Por el otro, con la limitación que supone para esa postura compradora un billete verde con perspectiva alcista –en este segundo semestre y ni hablar el año próximo– la necesidad de que esa tendencia no vuelva a complicar el frente inflacionario.
La rueda de este martes resumió a la perfección ese estado de cosas.
Las reservas brutas del Central –ojo: no las netas, que son las verdaderamente disponibles tras la resta de los encajes bancarios, vencimientos de corto plazo y préstamos como los swaps– subieron a su mayor nivel desde septiembre de 2019 y quedaron a la vera de los 50.000 millones de dólares.
Además, el dólar alcanzó su mayor nivel en diez meses.
Fuente: Rava Bursátil.
La buena nueva de las reservas…
La autoridad monetaria sigue acumulando reservas –este martes compró 25 millones de dólares, 256 millones en lo que va del mes–, pero lo hace a un ritmo mucho más lento que en el trimestre abril-junio.
Esto queda claro cuando se compara lo ocurrido en las últimas ruedas con las adquisiciones de todo el año, que ascienden a 11.400 millones de dólares. Solo el 70% de esa suma fue retenida por el BCRA.
Eso es natural, toda vez que ese período marca la temporada alta de las exportaciones del complejo sojero. Sobre ese elemento se suman compras de ahorristas que ponen sus aguinaldos a cobijo de eventualidades y hasta la demanda turística que genera el sufrido avance de la Selección en el Mundial.
Ocurre que Santiago Bausili dosifica el apetito de la entidad en función de lo que ocurre con la demanda privada, de modo de evitar un recalentamiento abrupto de la cotización.
Las condiciones internacionales cambiaron desde el acuerdo para un cese del fuego de 60 días en el golfo Pérsico, lo que provocó un desplome de las materias primas que cotizan en la moneda estadounidense, pero no eliminó las tensiones inflacionarias en la mayor economía del mundo, lo que impide augurar un camino de descenso marcado de la tasa de interés. Esto último es un incentivo para el dólar contra el resto de las divisas, especialmente las de países emergentes.
La mejora de las reservas es necesaria no sólo para cumplir con uno de los requerimientos del programa en vigor con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esa fortaleza será poder de fuego imprescindible para asegurarles a los acreedores que habrá con qué pagarles el año próximo y, también, para vender cuando arrecie la campaña electoral y la incertidumbre inherente a ese proceso genere una mayor presión compradora sobre la divisa.
El tema es que el dólar ya está subiendo: en junio pasado recuperó 5%, cómodamente más que el doble que la inflación proyectada.
En principio, eso es lo esperable por el mencionado componente de estacionalidad. Además, no viene mal para que su cotización no se atrase más, lo que perjudicaría a la industria que compite con los importados, y al empleo y los salarios que dependen de ella. Asimismo, para evitar que el billete verde tome carrera en el año electoral. Sin embargo…
… y el riesgo latente de la inflación
Los datos del mes pasado le permitirán al Gobierno jactarse de la buena noticia de un nuevo descenso de la inflación respecto del 2,1% de mayo. De hecho, se espera que el IPC del INDEC intervenido por Milei y Caputo arroje algo menos del 2%, ese piso testarudo.
El problema es que se sabe que los precios tienden a recalentarse en Argentina cuando el dólar y, como surge de lo señalado, es probable que la demanda de la divisa siga sostenida en promedio hasta fin de año. Luego llegará la prueba de fuego.
Es por eso, entre otras cosas, como la elevada indexación de precios clave que el Gobierno convalida, que los analistas de la City esperan que la inflación del año sea de alrededor del 30%, no muy diferente a la de 2025. Es más, creen que el IPC podría descender otro pequeño escalón en agosto, pero que aun así no se alejaría demasiado del fatídico 2% mensual hasta fin de año, cuando comenzará la nueva aventura política del país.
Fuente: Relevamiento de Expectativas de Mercado (BCRA).
La manta breve de Caputo queda tendida: la suba del dólar es poco compatible con la desinflación que Milei y Santiago, el otro Caputo, consideran el parámetro crucial para el proyecto reeleccionista, pero evitarla se hace difícil cuando el Banco Central debe mantener presencia compradora en el mercado y cuando el mundo y la estacionalidad interna empujan en ese sentido.
La herramienta perversa
La frialdad de las actividades económicas internas, en particular la industria, la construcción y el comercio tradicional, son un elemento de contención de la inflación. Uno perverso, claro.
El problema para la extrema derecha es que la sociedad que irá a votar dentro de 15 meses reclama algo más que una paz de precios propia de un cementerio. Más cuando la estabilización de la economía seguirá siendo en buena medida una asignatura pendiente cuando comience el año electoral.
Con su cerca de 40% de aprobación, Milei por ahora es favorito, pero el 55/60% que lo reprueba ya no tiene la paciencia de antaño y reclama más "movimiento" económico y mejores ingresos. ¿Alguien se dispone a representarlo?
En abril, cuando lanzó ese pronóstico que por ahora se demora, dijo que el país entró "en un proceso virtuoso, en el cual los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas".
Sin embargo, el lunes modificó el argumento en diálogo con Luis Majul.
–La última vez que lo entrevisté me dijo "van a venir los mejores 18 meses de la historia argentina". ¿Lo sigue manteniendo?
—Sí, los mejores de nuestro...
—De... del gobierno…
—Sí.
—¿Por qué?
—Sí, sí, sí, lo sigo manteniendo, claramente. A ver, no estoy diciendo que en 18 meses vamos a ser Suiza o Estados Unidos, digo que van a ser nuestros mejores 18 meses. ¿Y por qué lo digo? Porque lo muestran los datos.
En un esquema que prescinde de la actividad interna –o que directamente conspira contra ella– y que deja todo el tirón supeditado a lo que pase con actividades primarias o financieras que dan cuenta apenas del 15% de la creación de empleo, la estabilización depende enteramente de la debilidad de la demanda. Ese es el gran talón de Aquiles de la economía de Milei y, en lo político, del proyecto reeleccionista.
Si todo lo que dirime son antipatías personales, orgullos heridos y visitas a domicilio, y si consignas como "Cristina libre" o la aun más fantasiosa "Cristina 2027" suponen poner la carreta delante de los caballos, la imprescindible adecuación a un nuevo sentido común económico que no puede ya prescindir de la promesa de la estabilidad pasa a un plano vaporoso.
Si Milei llegará a las elecciones sin haber asegurado esa promesa de 2023, ¿por qué el peronismo no puede señalarle esa carencia y proponer, como alternativa, un camino que incluya la fórmula del crecimiento y no consista en poner a todo un país a dieta perpetua?
De hacerlo, la incertidumbre electoral se haría mayor y la manta se les acortaría todavía más a Milei y a Caputo.