ELECCIONES 2023

Cuando el peronismo se despertó, Cristina todavía estaba allí

Del bastón de mariscal a la necesidad de despabilarse, el mantra de la Jefa parece rebotar en las paredes de un peronismo vacío. La pelea por el poder.

“Es hora de despabilarse y advertir que están conduciendo a las instituciones hacia un callejón sin salida", escribió la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner este viernes. Lo hizo en su cuenta de la red social Twitter para despotricar, una vez más, contra "la mafia mediática-judicial, la impunidad y el absurdo jurídico a cielo abierto” que, considera, utiliza una doble vara, siempre más alta y escrupulosa, cuando se trata de causas que la tienen como acusada o involucran a figuras del kirchnerismo.

El hilo de CFK rompió un silencio de casi dos semanas en las redes y se toca con su última aparición pública, la primera tras ser condenada a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en la denominada causa Vialidad. Aquella tarde del 27 de diciembre en Avellaneda, la vicepresidenta buscó reenfocar su renunciamiento a cualquier tipo de candidatura en 2023, pronunciado tras conocer el fallo en su contra. Entonces, denunció que es víctima de una maniobra de proscripción y, en el mismo movimiento, llamó al peronismo a salir a la calle sin pedir permiso para usar "el bastón de mariscal", aquella alegoría napoleónica que Juan Domingo Perón adaptó al glosario justicialista.

“¿Y ahora quién podrá tomar el bastón de mariscal?”, se preguntó Sebastián Iñurrieta tras aquel acto, en el cual el gobernador bonaerense Axel Kicillof casi le imploró a CFK en el escenario que no se fuera de la cancha. Tres semanas después, los suplentes del peronismo han mostrado sus aprontes. El plan ReivindicAr del presidente Alberto Fernández para no perder centralidad, las afichadas de los Juanes (Manzur y Grabois), las recorridas de Kicillof con la biblia de la gestión, las selfis playeras de Daniel Scioli. Y siguen las firmas.

“Es hora de despabilarse”, posteó en línea este viernes CFK, y el mantra parece ir más allá de la pretemporada electoral. El “Hagan algo” de Cristina rebota en las paredes de un peronismo vacío y se vuelve un eco que se apaga con el paso de los días, hasta la próxima apelación.

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No se trata de la cuestión electoral. Se trata de la disputa del poder. “Presidente, puesto menor”, dice Héctor Magnetto que nunca dijo. La jefa del peronismo reclama una reacción, una iniciativa transformadora que ella tampoco puede conducir o, al menos, poner en marcha para confrontar con lo que considera la verdadera oposición, un poder económico con tentáculos mediáticos y judiciales que requiere mucho más que consignas para hacerle bajar el hocico.

Como el tábano de Crítica, la palabra de CFK sigue pinchando para mantener despierta a su feligresía y marcarle el rumbo a seguir, pero los caminos están barrosos y hay una parte de la dirigencia que hace mucho no hunde las zapatillas en los charcos.

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¿Está el peronismo para esas lides? Entre las internas palaciegas con financiamiento estatal del Frente de Todos, las aventuras antigrieta de la cooperativa limitada de gobernadores y la militancia ultra que clavó su calendario en 2015, el panperonismo en 2023 por ahora solo apuesta al batacazo de Sergio Massa, un dirigente reconocido por su capacidad de generar sorpresas, pero no tanto.

“Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, escribió el escritor guatemalteco Augusto Monterroso. Inquietante, el más famoso de los cuentos breves deja librado a la imaginación del lector si la pesadilla era parte del sueño o de la vigilia.

Mientras el peronismo no logra salir de su laberinto a 20 años del nacimiento del kirchnerismo, Cristina sigue allí, incitando a la pelea. Sabe que con hacerle cosquillas al león no alcanza, pero confía en que callada, seguro no se puede.

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Javier Milei con Victoria Villarruel. 

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