El jueves por la tarde, los voceros políticos de Axel Kicillof salieron en bloque a desmentir una versión que había empezado a correr horas antes desde adentro del Movimiento Derecho al Futuro. En las filas del kicillofismo, un sector comenzó a poner sobre la mesa la idea de confrontar abiertamente con Máximo Kirchner, impidiendo que el líder de La Cámpora se ponga al frente del Congreso del PJ en Buenos Aires en la reunión prevista para el próximo 12 de noviembre.
“Es una operación”, repitieron en la mesa política que rodea al gobernador bonaerense para sacarle entidad a la hipótesis de un inminente movimiento de choque contra Kirchner en la estructura partidaria bonaerense, donde sobrevive un frágil acuerdo de convivencia.
Sin embargo, el esfuerzo de disipar los murmullos internos del MDF cambió, horas después, por un gesto estentóreo. Carlos Bianco dio una entrevista a Cenital en la que, por primera vez, un vocero de Kicillof admitió que el plan final es la disputa del liderazgo a Cristina Fernández de Kirchner.
La paz del PJ bonaerense, en la cornisa
Más allá de la cautela que intenta transmitir AK, en el campamento del Movimiento Derecho al Futuro suenan tambores de guerra. Un sector propone avanzar antes de fin de año con una serie de movimientos políticos agresivos que dejen bien claro que no hay marcha atrás y que la pelea no solo es por una candidatura sino por la conducción del peronismo bonaerense. Incluso, a largo plazo: un liderazgo a 30 años.
La idea de fondo es que la unidad no va a ser posible en ningún escenario en 2027 y que, en ese marco, la estructura partidaria del PJ bonaerense va a ser un insumo clave. En ese sector del kicillofismo creen que CFK no va a legitimar de ninguna manera la candidatura del gobernador bonaerense. Es decir, descartan de plano la idea de una interna partidaria nacional para sustituir las PASO si es que el Gobierno junta los votos para eliminarlas. Y esa ruptura, claro, va a replicar en la provincia de Buenos Aires.
Avancen contra Máximo Kirchner
El PJ bonaerense es el ámbito donde debería darse la pelea. Hoy, hay un acuerdo de unidad por el cual Kicillof preside el partido y Máximo Kirchner encabezaría el Congreso, el cuerpo que define la estrategia electoral del sello. Ese pacto, cerrado en febrero, le dio al gobernador la conducción y quórum propio en el Consejo. Los congresales, que ya tienen mandato, deben ratificar el 12 de noviembre quién lo encabeza. En marzo, el MDF ganó diez de las 16 internas distritales y tendría hoy los votos si quisiera impedir que Máximo Kirchner se quede con ese lugar.
Desde ese acuerdo, que abrió las puertas para que el gobernador inicie su carrera presidencial hacia 2027, la tensión no dejó de escalar. La comparación que hizo a principios de julio el diputado provincial Facundo Tignanelli, de la mesa chica de Máximo Kirchner, entre Kicillof y Augusto Vandor, el sindicalista asesinado que impulsó el “peronismo sin Perón”, es apenas uno de cientos de episodios. Hubo fuego cruzado de todo tipo: desde la asunción del gobernador al frente del PJ bonaerense el 24 de abril, sin Máximo Kirchner, hasta el cántico que el líder de La Cámpora dirigió a Kicillof en el acto del 1 de septiembre frente a San José 1111. En el axelismo sostienen que el gobernador no va a participar de nada más que convoque el kirchnerismo, porque creen que solo piensan en sabotearlo. Hoy nadie apuesta a la unidad.
Tres paradas para la pelea final
En las próximas semanas, habrá tres momentos clave en los que quedará claro si Kicillof acelerará en la confrontación ahora o seguirá aferrado a su libreto de esperar hasta 2027. La primera parada es el 17 de octubre, Día de la Lealtad. El PJ bonaerense convocará a un acto en Laferrere, La Matanza, y en el MDF descartan que vaya a haber una foto de unidad con Máximo y La Cámpora, que seguramente harán una actividad por separado. Ese día empezará a jugarse la apuesta de Bianco sobre "quién convoca y quién moviliza más".
Nueve días después, el 26 de octubre, se reúne el Consejo del PJ bonaerense para convocar formalmente al Congreso. Ahí Kicillof cuenta con 25 consejeros contra 23 de La Cámpora, lo que le da quórum propio para sesionar. La pelea podría girar en torno a la sede: que el Congreso se haga en un municipio con intendente axelista o kirchnerista suele generar tensión.
El Papa de testigo
La tercera parada es el propio Congreso, el 12 de noviembre, en medio de la visita del Papa León XIV a la Argentina. Ese día los congresales votarán a las autoridades del cuerpo y quedará a la vista si el acuerdo de febrero sobrevive. El número, según se cuenta en el MDF, está. Qué hacer con él depende de Kicillof, que maneja los tiempos. Por ahora, en la Gobernación niegan que estén pensando en esa dirección.
El acuerdo partidario podría estar enlazado con otro gran expediente sobre el que se espera un movimiento agresivo de Kicillof: la reelección de intendentes. El gobernador y los suyos empujan para voltear la ley que impide más de dos mandatos consecutivos, que impactaría fuerte entre los alcaldes de su fuerza; pero no tiene respaldo ni del kirchnerismo ni del massismo. Si AK logra desatar ese nudo, enviará un mensaje claro de liderazgo dentro y fuera de su espacio.
En el campamento kicillofista suenan dos tambores. Uno, es el de un sector que quiere acelerar antes de fin de año, con movimientos que no dejen marcha atrás. El otro, más sutil pero audible, es el de la gobernación, que mientras guarda cautela, desmiente la versión del Congreso partidario y afirma que este año no se discuten candidaturas, por el otro apunta que llegado el 2027 "veremos quién representa más". Antes de fin de año quedará claro qué postura se impone.