TRIBUNA LETRA P | BULLRICH 2027

Patricia Bullrich y los límites de una alternativa para 2027

El autor analiza las virtudes y debilidades de la senadora. Advierte que, sin un proyecto económico propio, su chance de suceder a Milei sigue condicionada.

La posibilidad de que Patricia Bullrich se convierta en la sucesora política de Javier Milei empieza a dibujarse en el horizonte del oficialismo. Pero una cosa es representar los intereses que hoy acompañan al Gobierno y otra, muy distinta, tener la capacidad de construir una candidatura presidencial competitiva. En esa diferencia se encuentra, precisamente, el principal límite político y electoral de Bullrich de cara a 2027.

Hay un dato que atraviesa todo el análisis: los sectores económicos que respaldan al Gobierno no necesariamente necesitan elegir hoy entre Milei y Bullrich. El lobby petrolero se inclina fuertemente por el Presidente, mientras que el del campo encuentra en la senadora una representación política afín.

Los dos forman parte de ese círculo rojo que no quiere que Milei pierda ni que deje de ser una opción para la reelección. Sin embargo, también podrían contemplar que el Presidente enfrente dificultades para sostener su liderazgo durante otros cuatro años.

No se trata necesariamente de una estrategia diseñada en un laboratorio político. Quizás no haya un gran plan ni estrategas calculando cada movimiento, sino una dinámica de ensayo y error en la que los protagonistas se acomodan a las circunstancias. Esa distinción importa. La existencia de una complementariedad no equivale a la construcción de una fórmula presidencial. Y mucho menos garantiza que Bullrich esté en condiciones de encabezarla.

La representación no alcanza para reemplazar a Milei

El primer límite de Bullrich es su posicionamiento para un cargo ejecutivo de la magnitud de la Presidencia. La exministra de Seguridad tiene una dificultad para desenvolverse con la ductilidad que exige una campaña presidencial, particularmente frente a preguntas y definiciones económicas.

De hecho, durante la campaña de 2023, después de imponerse en la interna frente a Horacio Rodríguez Larreta, Bullrich tuvo que recurrir al economista Carlos Melconian para que explicara sus propuestas económicas. Más allá de aquella experiencia puntual, el argumento de fondo es político: Bullrich puede representar determinados intereses, pero necesita una elaboración previa y condiciones específicas para convertir esa representación en una propuesta de gobierno.

La candidatura presidencial exige algo más que identidad política, firmeza discursiva o capacidad para expresar el malestar de una parte del electorado. Exige demostrar que se puede conducir el Estado y ofrecer respuestas para el conjunto de la sociedad.

En este terreno aparece su principal debilidad: la falta de un modelo económico propio que pueda distinguirla del Presidente. Si el oficialismo actual se sostiene sobre el programa económico de Milei, Bullrich no puede presentarse como una alternativa completa sin explicar qué haría de manera diferente. Su capital político está asociado a los mismos sectores que respaldan al Gobierno y, por lo tanto, su autonomía tiene un límite.

La pregunta es inevitable: si el modelo económico de Milei pierde apoyo, ¿qué alternativa podría ofrecer Bullrich al mismo electorado? La representación política, por sí sola, no resuelve ese interrogante. Si su base electoral coincide sustancialmente con la del Presidente, diferenciarse de él sin perder a esos votantes será una de las dificultades centrales de cualquier proyecto presidencial propio.

Una ventaja electoral que todavía pertenece al Presidente

El segundo límite es estrictamente electoral. En un eventual escenario de primera vuelta en el que Milei y Bullrich compitieran por separado, el Presidente se impondría con amplitud. La razón no sería solamente el peso de su figura, sino también la relación directa entre su liderazgo y el modelo económico que sostiene al oficialismo.

Bullrich, en ese escenario, no aparece todavía como una candidata capaz de desplazar a Milei. Puede constituir una alternativa para una parte de sus votantes si las circunstancias cambian, pero eso no significa que hoy esté en condiciones de disputarle la primacía. Su oportunidad depende, en buena medida, de una eventual debilidad presidencial que todavía no se traduce automáticamente en una fortaleza propia.

La diferencia es fundamental. Una cosa es crecer porque el dirigente principal pierde apoyo; otra, demostrar que se cuenta con una propuesta, un liderazgo y una estructura electoral capaces de reemplazarlo. Bullrich podría beneficiarse de la primera situación sin estar preparada para aprovechar plenamente la segunda.

El tiempo puede jugar a su favor, pero también exponer sus límites

Por eso, la prudencia temporal aparece como una variable decisiva. El escenario político de hoy puede tener poco que ver con el que exista en octubre, cuando se acerquen nuevas definiciones. Todavía quedan cuestiones electorales por resolver, entre ellas las reglas de competencia, el eventual papel de las PASO y la posibilidad de que la provincia de Buenos Aires desdoble sus elecciones de las nacionales. También están en discusión cuestiones que pueden modificar el tablero político y las estrategias de los dirigentes.

A esa incertidumbre se suma el contexto internacional. El resultado de las elecciones legislativas de Estados Unidos podría condicionar el margen de maniobra de la administración de Donald Trump y, por esa vía, repercutir sobre la posición económica y política de la Argentina. Si el gobierno estadounidense sufriera una derrota importante y hubiera consecuencias para su equipo económico, Milei podría enfrentar un escenario más complejo. Se trata de una posibilidad, no de un desenlace asegurado, pero ayuda a explicar por qué una evaluación electoral hecha hoy puede quedar rápidamente desactualizada.

En ese marco, esperar podría ser conveniente para Bullrich. Si el Presidente pierde centralidad, ella podría intentar ocupar parte del espacio que deje vacante. Pero el tiempo no produce por sí solo una candidatura competitiva. Para transformar una oportunidad en una alternativa real, necesitaría resolver sus problemas de posicionamiento ejecutivo y, sobre todo, explicar qué proyecto económico ofrecería si el de Milei dejara de funcionar como principal sostén del oficialismo.

El problema de Bullrich es la autonomía

La dificultad deBullrich para 2027 no consiste únicamente en competir contra Milei. Consiste en definir quién sería políticamente si Milei dejara de ser la primera preferencia de su electorado. Su cercanía con los sectores que respaldan al Gobierno puede darle volumen y reconocimiento, pero también la ata al destino del Presidente. Mientras el modelo económico conserve su centralidad, Milei seguirá teniendo una ventaja difícil de neutralizar. Y si ese modelo se debilita, Bullrich necesitará algo más que ocupar el lugar de una figura alternativa: deberá demostrar que puede ofrecer una salida propia.

Por ahora, la hipótesis de una complementariedad entre ambos dirigentes parece más sólida que la de una sucesión ya encaminada. No hay garantías de que exista una estrategia deliberada ni de que las circunstancias terminen favoreciendo a Bullrich. El escenario permanece abierto y puede cambiar según la evolución de la economía, las decisiones del oficialismo y las reglas electorales que finalmente rijan.

En definitiva, Bullrich puede ser una pieza importante del oficialismo sin estar preparada, todavía, para reemplazar a Milei. Su desafío no es simplemente esperar el momento adecuado, sino construir las condiciones políticas y económicas que le permitan dejar de ser una representante de ese proyecto para convertirse en una candidata presidencial con identidad propia.

Patricia Bullrich y Javier Milei. 
Patricia Bullrich ya construye su propio 2027

También te puede interesar