En Bariloche el debate sobre la reforma de la Carta Orgánica ya arrancó.
El debate por la reforma de la Carta Orgánica de Bariloche arrancó. Lamentablemente, de mala manera. El flamante asesor Agustín Domingo quiere reducir la cuestión a “la burocracia”, “eficiencia”, municipalidad con funciones “mínimas”. Es una especie de traducción municipal del proyecto de Javier Milei que busca destruir cualquier tipo de mediación entre el individuo y el mercado. Sálvese quien pueda.
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Lo primero es decir que estamos de acuerdo con Domingo en que Bariloche está ante una oportunidad histórica. Pero, claro, no la que plantea el asesor. La oportunidad histórica es debatir como comunidad qué ciudad queremos mirando hacia 2050. Entonces, primero, somos una comunidad, tenemos lazos que van mucho más allá de lo mercantil: solidaridad, identidad, arraigo, entre otros. Segundo, tenemos que discutir cuál es la mejor forma de desarrollarnos plenamente y que ese desarrollo sea sustentable, es decir, que el desarrollo de hoy, no comprometa el desarrollo de mañana de nuestros hijos y nietos. Sobradamente probado está que no alcanza el mercado para garantizar esto, como tampoco alcanza el Estado, ni las organizaciones de la sociedad civil. Más bien, es la interacción entre estos diferentes sectores lo que genera el desarrollo. Pero, claro, esto es más difícil que el marketinero “achicar el Estado”.
El municipio que necesita Bariloche
Para empezar a orientar la discusión de la Carta Orgánica Municipal (COM) podemos reflexionar en torno a dos cuestiones, estrechamente vinculadas. El cerro Catedral y el vertedero. Dos caras de una misma moneda: de un lado, quién genera riqueza, cómo gestionamos el patrimonio público, quién se apropia de la riqueza y qué queda para la comunidad, en qué nos beneficiamos, como financiamos los servicios, equipamientos e infraestructura que necesitamos; del otro lado, qué hacemos con “lo que queda”: cómo remediamos los impactos ambientales, cómo tratamos los residuos y efluentes que hoy colapsan la ciudad al borde de jaquear el turismo y nuestro modo de vida. Esa es la discusión que tiene que estar en el centro de la reforma de la COM: ¿qué municipio necesitamos para garantizar ese equilibro entre desarrollo y sustentabilidad?
Seguramente necesitamos un municipio eficiente, pero eficiente para garantizar el interés común, para fiscalizar la normativa urbana y ambiental, para multar a los que incumplen. Eficiente para cobrar lo justo y necesario por los servicios. Un municipio que lejos de ser mínimo, tenga más y mejores capacidades para orientar el desarrollo, mejorando la calidad del turismo, pero también buscando diversificar la matriz productiva. Bariloche puede ser centro de provisión de servicios de alto valor agregado para las actividades dinámicas de toda Río Negro. Pero, para eso hay que tener un plan y saber gestionarlo, articulando con la iniciativa privada. Nada de eso se hace con un municipio mínimo, que sólo es un eslogan zonzo para ocultar lo evidente: el objetivo del asesor es meramente liberar zonas de negocios.
Los falsos dilemas
Domingo dice ser admirador del proyecto de Milei. Un proyecto que desprotege a los discapacitados, a los jubilados, recorta en el combate al fuego, no arregla las rutas, no genera empleo que no sea en Uber. Que afecta al turismo, principal sustento de Bariloche. Donde EMPROTUR y ATUR no tienen lugar, ni tampoco ninguna política de promoción. No sé a qué se refiere el asesor con que el Estado se ocupe sólo de “lo esencial”, pero el proyecto que pondera no se ocupa de nada que no sea ajustar al Estado para pagar la deuda externa. ¿Eso propone?
El asesor, finalmente, pide un municipio más liberal. Pero quiere reducir controles al Ejecutivo. Nada más liberal que tener contrapesos al poder del Estado. Busca fundamentar una reforma que va en sentido exactamente contrario al liberal, con palabrerío libertario. No nos dejemos confundir por falsos dilemas, discutamos lo importante: nuestro desarrollo y bienestar, actual y futuro, como comunidad barilochense.