TRIBUNA LETRA P | KICILLOF 2027

Axel Kicillof 2027: de la oposición a la construcción de una alternativa

El gobernador bonaerense parte como el principal opositor a Javier Milei. ¿Le alcanza al peronismo con el crecimiento del antimileísmo?

Desde principios de este año, cuando analizamos los distintos escenarios electorales, vemos una tendencia cada vez más marcada: la elección de 2027 comienza a ordenarse alrededor de Javier Milei y Axel Kicillof.

No porque ya estén definidas las candidaturas ni porque la política argentina haya dejado de ser imprevisible. Aparecen porque hoy representan los dos polos más fuertes de una sociedad dividida. Milei encabeza, sin dudas, el oficialismo y Kicillof es, con diferencia, el dirigente más competitivo que tiene hoy el peronismo.

Los estudios nacionales de Proyección muestran que entre ambos concentran más del 70% de la intención de voto. Pero también son quienes mejor ordenan a sus respectivos espacios. Dentro del peronismo existen otros dirigentes con aspiraciones legítimas, pero ninguno reúne hoy el nivel de conocimiento, el volumen electoral y la capacidad de representación que Kicillof construyó desde la gestión de la provincia de Buenos Aires.

Este no es un dato menor. Durante un tiempo, una parte de la política creyó que la principal fortaleza de un candidato consistía en presentarse como alguien nuevo. Pero la elección de 2027 será diferente. Milei sigue ocupando el lugar del outsider. Llegó para impugnar al sistema político y ahora deberá ser evaluado por sus cuatro años de gobierno.

El antiperonismo vs. el antimileísmo

Por eso consideramos que en la próxima elección no habrá lugar para nuevas aventuras individuales, candidatos sin estructura o figuras conocidas únicamente por su presencia en los medios y las redes sociales. La competencia estará atravesada por dos identidades muy fuertes y por dos rechazos que movilizan a una parte importante de la sociedad: el antiperonismo y el antimileísmo.

Kicillof llegará a 2027 después de ocho años gobernando la provincia de Buenos Aires. Su segundo mandato, además, transcurre en un contexto especialmente difícil. Frente a un Gobierno nacional que paralizó obras, redujo transferencias y se retiró de distintas políticas públicas, el gobernador buscó sostener la presencia del Estado provincial y esa decisión le permitió construir una polarización clara con Milei y consolidar una identidad propia.

A esa experiencia se suma su competitividad electoral. Kicillof es el único dirigente del peronismo que supera los 30 puntos de intención de voto en escenarios nacionales y puede disputar competitivamente una primera vuelta y un posible balotaje frente al Presidente. Esto no significa que tenga asegurada la elección, ni mucho menos. Significa que comienza la carrera desde una posición que ningún otro dirigente de su espacio consiguió construir.

Kicillof además mantiene una relación más sólida con la sociedad que con buena parte de la dirigencia política. Y lejos de ser una debilidad, ese puede ser uno de sus principales activos. Los acuerdos entre dirigentes son necesarios para ordenar una candidatura, pero las elecciones se ganan construyendo una relación con la gente. Y ese vínculo, mucho más difícil de alcanzar, no se consigue en una mesa de negociación.

Las claves de 2027

Su forma de vincularse con la sociedad resulta más potente de lo que muchas veces se reconoce, y en una época dominada por dirigentes estridentes y vínculos cada vez más artificiales, la cercanía y la empatía son unos de los atributos que la sociedad más valora y que se destacan en la figura del gobernador.

Esa cercanía y empatía le permiten conservar gran parte del electorado peronista, pero también llegar a sectores donde otras referencias del espacio encuentran mayores límites. Lo vemos especialmente entre las mujeres, en los sectores más golpeados por el ajuste del Gobierno de Milei y en una parte de los jóvenes que comienza a alejarse del Presidente.

Ahí aparece una de las claves de 2027. Kicillof necesita conservar esa base, pero también hablarles a quienes están decepcionados con el Gobierno de Milei y todavía no encuentran una alternativa que los represente.

También tiene a su favor algo que hoy escasea en la política: nitidez. Desde hace años sostiene una identidad reconocible vinculada con la defensa del Estado, la producción, la inversión pública y la ampliación de derechos. Se puede coincidir o no, pero su base electoral sabe qué representa.

El crecimiento del antimileísmo

Ahora bien, ninguna de estas fortalezas alcanza por sí sola.

El deterioro de la economía familiar, la pérdida de ingresos, el endeudamiento y la preocupación por el empleo están minando la confianza de la sociedad en el Gobierno. En los últimos meses, el antimileísmo creció hasta superar al antiperonismo y hoy constituye una fuerza electoral concreta. Pero sería un error creer que el rechazo a Milei llevará automáticamente al peronismo de regreso a la Casa Rosada.

Ese rechazo puede ampliar la base opositora, pero no será suficiente para ganar. Mucho menos para gobernar.

Este es, para mí, el principal desafío de Kicillof: ofrecer algo más que oposición a Milei.

El antimileísmo puede ordenar al electorado opositor, garantizar un piso competitivo y llevar a Kicillof hasta un posible balotaje. Pero una mayoría no se construye solamente a partir del rechazo. En algún momento hay que explicar para qué se quiere gobernar.

¿Qué país propone Axel Kicillof?

Kicillof necesita transformar el malestar social en una expectativa de futuro. Debe explicar qué país propone, cómo recuperaría los ingresos, de qué manera reconstruiría el entramado productivo y qué papel tendrían el Estado y el sector privado. También deberá mostrar que es posible combinar crecimiento y redistribución con estabilidad.

En la próxima elección, como mencionamos antes, no habrá lugar para los outsiders. Sin embargo, para derrotar a Milei se requerirá de una novedad política. Esa novedad puede ser una nueva propuesta, una nueva mayoría o una forma distinta de representar las demandas de la sociedad.

Kicillof tiene experiencia de gestión, conocimiento nacional, volumen electoral, cercanía, empatía y una identidad definida. Hoy es el dirigente opositor con mejores condiciones para encabezar una alternativa. Pero todavía debe convertir esas condiciones en un proyecto de país.

El desafío hacia 2027 no consiste únicamente en representar a quienes quieren que Milei pierda. Consiste en convencer a una mayoría de que existe un futuro mejor después de Milei.

Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner (Foto archivo).
Axel Kicillof con Lula en octubre de 2024, durante su visita al país vecino

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