CÉSAR AYBAR

El sindicalista que les puso los pelos de punta a los industriales

Hijo de un legendario gremialista, lidera el sindicato portuario que paró la terminal rosarina. Con peso propio, juega su juego en una disputa millonaria.

ROSARIO (Corresponsalía Santa Fe) Un grupo de estibadores irrumpe en edificios que son símbolos del poder político al grito de “con el SUPA no se jode”. El tema se roba el prime time en los medios. Así los rosarinos se enteran de que el puerto está parado por un conflicto gremial. En eso, aparece el secretario general del Sindicato Unido de Portuarios Argentinos: pide disculpas, ofrece pagar los daños, dice que están desesperados, que hay compañeros que no pueden comer, explica el problema. Haya sido planificado o fruto de la desesperación, César Aybar capitaliza el hecho y logra que la situación de sus estibadores pase al tope de la agenda pública.        

 

Aybar fue el capitán del paro que mantuvo casi un mes y medio sin actividad a la terminal portuaria y puso en jaque la operatoria industrial de la región. El secretario general del SUPA contestó así a la decisión de Terminal Puerto Rosario S.A. (TPR) de desconocer la paritaria y echar a 25 empleados. Luego, olfateó que era peón del ajedrez entre TPR y el gobierno provincial por ver quién paga las inversiones necesarias en el puerto y lo blanqueó públicamente, contextualizando el conflicto frente al gran público y exponiendo a la empresa.

 

De familia portuaria, el actual líder del SUPA es hijo de Ramón “Poncho Negro” Aybar, líder histórico de los estibadores rosarinos. Ligado al dirigente peronista con anclaje de zona sur y expresidente de la Cámara de Diputados provincial Daniel Castro, “Poncho Negro” siempre se movió en tándem con el legendario Herme “Vino Caliente” Juarez, caudillo de los portuarios en todo el cordón industrial durante más de medio siglo hasta su caída a fines del macrismo. Al asumir el manejo del SUPA en 2013, Aybar hijo heredó esa fructífera relación.  

 

“Poncho Negro” es recordado por encabezar la resistencia a “los filipinos”. En 1998 el puerto rosarino volvió a ser privado y pasó a manos de ICTSI, un grupo con sede en Filipinas que ya operaba en el puerto de Buenos Aires. La experiencia no duró mucho: menos de dos años después, jornadas de lucha de los estibadores encabezados por Aybar padre, que veían como las graves complicaciones económicas del grupo los afectaban cada vez más, abrieron el camino para que el estado termine revocando el contrato. 

 

Aybar padre talló también en la licitación por la nueva concesión tras el fracaso filipino. Logró que el Ente Administrador Puerto Rosario (Enapro) le pague a su sindicato dos millones de pesos/dólares a cambio de no exigir que la futura concesión les reconozca la antigüedad laboral. La cuestión causó algo de polémica, dado que el jefe de los estibadores también formaba parte del ente, ocupando una silla en representación de los trabajadores. “Poncho Negro” no podría saber en ese momento que durante esa concesión su hijo iba a construir el poder necesario para terminar liderando a los estibadores. 

 

Como asesor gremial del SUPA, Aybar hijo encabezó la resistencia al Puerto de la Música, el proyecto cultural insignia del socialismo. Para el gobierno provincial, el predio del puerto donde iría la obra estaba inoperativo, pero el sindicato lo desmentía y sostenía que se estaban poniendo en riesgo 350 puestos laborales. Los estibadores no se anduvieron con vueltas: tomaron el predio y la sede del Enapro. Finalmente, el proyecto naufragó, aunque los sucesivos gobiernos socialistas intentaron revivirlo varias veces: siempre se encontraron con la resistencia de Aybar.     

 

La lucha por el Puerto de la Música le permitió a Aybar ganar terreno y, a fines de 2013, triunfó en las elecciones para secretario general del gremio estibador. Siempre con un discurso en las antípodas del socialismo, una fuente de esa gestión recuerda que terminó denunciado por copar un encuentro internacional de autoridades latinoamericanas de puertos, que tuvo que ser suspendido. Sin embargo, la misma fuente reconoce que “César fue responsable del mejor momento del puerto, firmó el acuerdo de paz social que permitió que funcione realmente muy bien”. 

 

“En la política sindical se mantiene independiente”, dice un veterano gremial que conoce a Aybar hace años. Políticamente intenta jugar de la misma manera, aunque tiene buena sintonía con el gobierno provincial. Prueba de eso es su desembarco en el Enapro, en la misma silla que ocupó su padre y en la que se venía sentando Edgardo Arrieta, de Dragado y Balizamiento, titular también de la filial rosarina de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT). 

 

Algunos conocedores de los ámbitos sindicales dicen que, buscando fortalecer una CATT cruzada por internas, Arrieta selló un pacto con Aybar: el de Dragado y Balizamiento le dejaba su lugar en el Enapro a cambio de que el SUPA rosarino se sume a la agrupación de gremios relacionados con el transporte, como hicieron otras filiales del gremio estibador de la zona. Una vez que Aybar asumió en el ente administrador del puerto, silenciosamente y sin estridencias se alejó de los grupos de la CATT y el ingreso de los portuarios nunca se dio oficialmente. 

 

Durante el conflicto con TPR logró mostrarse como un negociador duro, sin miedo a ponerse el casco, pero razonable. No dudó ni en parar el puerto el tiempo que fuese necesario para doblegar la postura de la empresa concesionaria ni tampoco en exponer lo que era un secreto a voces sobre las verdaderas intenciones de Vicentín y Ultramar, socias en TPR, en tensar el conflicto. Pero, más allá de eso, tampoco nunca se levantó de la mesa de negociación.  

 

Sobre el final se llevó otra mancha: una protesta inorgánica de despedidos no reincorporados, no conformes con el arreglo que el SUPA les había conseguido, demoró una semana más la apertura del puerto. Aybar, viendo su representatividad algo erosionada, se alineó con la empresa: “No podemos defender a cinco despedidos con causa y por ejercer violencia, incluso contra mujeres, no les tendrían que pagar un peso pero les conseguimos indemnización”, dijo. Con intervención policial, el puerto se reactivó. Y el jefe de los estibadores respiró, con la satisfacción del deber cumplido.

 

Joaquín Blanco, secretario general del PS de Santa Fe.
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