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Maneja la cooperativa que explota el puerto aceitero y cerealero más gran del país. Construyó un imperio y sus tentáculos llegan hasta la Casa Rosada. Un excéntrico con 100 millones de dólares.

Por 02/08/2019 10:41

Es una noche de noviembre de 2011 y hace calor en Puerto General San Martín, polo portuario del cordón industrial que serpentea el río Paraná, al norte de Rosario. Herme Juárez está exultante y su buena estrella brilla como recién pulida. La Cooperativa de Trabajos Portuarios, que tiene a su cargo la explotación del puerto aceitero y cerealero más importante del país, cumple 50 años, pero todo está armado para que sea una suerte de homenaje en vida a quien la preside desde hace casi la misma cantidad de años. Después del video institucional que se proyecta en la pantalla gigante que habla más de él que de la cooperativa, Juárez sube al escenario, donde luego tocarán Alejandro Lerner y Los Palmeras, y da su discurso.

Lo escuchan atentamente funcionarios nacionales, provinciales y locales y representantes de las grandes empresas exportadoras, como Bunge, Noble y Terminal 6, entre otras. La fiesta es a todo lujo y muy bien regada. No faltan excentricidades, como la enorme barra de tragos construida completamente con hielo seco y un imponente show de fuegos artificiales. Para el momento del brindis llega el broche de oro: una máquina estibadora de las que la cooperativa utiliza para brindar el servicio en los puertos ingresa al salón con su pala repleta de hielo y botellas de champagne.

Esa misma ostentación fue la que sorprendió a los efectivos de la Policía Federal que allanaron este jueves la mansión en la que vive Juárez, por pedido de un juzgado federal de Campana que investiga al poderoso sindicalista al que le gustaba que le dijeran empresario, por los posibles delitos de asociación ilícita, defraudaciones y malversaciones de caudales públicos y privados. En su fastuosa propiedad que mira al Paraná, Juárez guardaba en una caja fuerte una buena cantidad de dinero en efectivo entre pesos, dólares y euros. Dentro de la amplia cochera, descansaban varios automóviles de alta gama. Más tarde, la Justicia le bloqueó las cuentas donde se acumularían más de 100 millones de dólares.

 


La mansión de Juárez.

 

Cuando Juárez salió de su casa esposado y custodiado por policías federales, tenía el rostro adusto pero estaba bien vestido y luciendo sus clásicos lentes oscuros. Ni en el que probablemente fue el peor día de su vida renunció a su obsesión por la pulcritud. “Es muy puntilloso con la ropa que usa, nunca le vas a ver una pelusa en el saco. También se fija mucho en los demás, varias veces lo escuché decirle a gente cercana ‘andá a cortarte el pelo’ o ‘esos zapatos que tenés puestos no, andá a ponerte otros’”, cuenta alguien que supo compartir reuniones con el sindicalista. Pero, elegante y todo, su buena estrella ahora lucía opaca, como la grifería de un departamento de soltero.

Entre una escena y otra transcurrieron poco menos de ocho años en los que Juárez siguió construyendo poder, anunciando imponentes obras para la cooperativa y coqueteando con dirigentes políticos de diversos pelajes hasta su sonora caída. Pero la historia empezó antes.

 

 

Juárez nació pobre en 1941, cerca de Victoria, Entre Ríos. De su infancia atendiendo en la despensa de sus padres le quedó un curioso apodo: Vino Caliente, porque así se lo servía a los clientes en verano, directamente de la manguera. Fue un tiempo estibador y preside la cooperativa desde 1969, apenas ocho después de que esta fuera creada. También se sienta del otro lado del mostrador y es secretario general Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA), donde supo mostrar las garras como en una recordada protesta allá por 2010 cuando paralizó durante diez días el principal puerto del país hasta que logró que las exportadoras aceptaran pagar un poco más.

Aunque su patrimonio creció a niveles sorprendentes, los trabajadores de la cooperativa no lo cuestionan. “Antes, cuando los estibadores no cobraban un peso y trabajaban en negro se decía ‘andá a hombrear bolsas al puerto’ despectivamente, porque era el peor trabajo posible, eso con Herme se terminó”, dicen. Paritarias a cara de perro, incorporación de tecnología, ampliación de derechos son las cocardas que los estibadores cuelgan en el pecho de su presidente. Además, Juárez atendía personalmente algunos pedidos especiales de los trabajadores. Y, dicen, no dudaba en meter la mano en su bolsillo para resolverlos.

 


Herme Juárez junto a Guillermo Dietrich

 

TOCÓ CON TODOS. A diferencia de la de su otrora enemigo Omar “Caballo” Suárez, el histórico dirigente del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) caído en desgracia en 2016, la detención de Herme Juárez difícilmente pueda ser botín de guerra en la recta final de la campaña hacia las PASO por alguno de los dos lados de la grieta. Si la figura de Suárez se pudo pegar como un abrojo a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, la del dirigente del SUPA es, por decir de alguna manera, resbalosa.

Porque Herme tocó con todos, como Rodolfo Orozco. Identificado con el peronismo, fue presidente comunal de Puerto General San Martín en 1991, cuando quien ocupaba el cargo, Lorenzo Domínguez, se fue con Carlos Reutemann para ocupar el Ministerio de Salud del primer gobierno de ex Fórmula 1. Enfrentado históricamente al caudillo peronista Armando “Pipi” Traferri, en 2007 Juárez abrazó al socialista Hermes Binner, quien quebraría 24 años de peronismo en la provincia, y a los candidatos radicales que harían morder el polvo a Traferri y su esposa en la ciudad de San Lorenzo. Cuatro años después, fue candidato a senador departamental en la interna del peronismo y perdió contra su némesis. Ya en 2015, se los vio trabajar juntos para desalojar al intendente de San Lorenzo al que Herme había aupado ocho años antes pero la empresa salió mal. Aquella fue la última aventura electoral de Herme. “Desde esa campaña en la que puso mucha plata, se corrió de la política, últimamente no estaba tan metido”, confía un periodista que está en el día a día del cordón industrial.

De todos modos, en los últimos meses se los pudo ver juntos en al menos dos fotos. Una, en una recorrida por la cooperativa junto al futuro gobernador Omar Perotti, a quien apoyó en campaña. La otra, a fines de marzo, cuando el senador Miguel Pichetto visitó las instalaciones de la cooperativa, pocos días antes de ser ungido compañero de fórmula del presidente Mauricio Macri.

 

 

AMOR FUGAZ. El Gobierno nacional, en tanto, supo mirar con cariño a Juárez. Preso Suárez, varios funcionarios del macrismo coquetearon con el dirigente sanlorencino que había enfrentado durante años al Caballo. En noviembre de 2016, Juárez torció el brazo y aceptó bajar 30% los costos de los servicios a pedido de la Nación. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, lo recibió en la Casa Rosada para hablar de un posible canje de tierras por trabajos, que no avanzó. Cuando la cooperativa presentó en Buenos Aires dos remolcadores con una lujosa ceremonia en el Yacht Club Puerto Madero donde bailó Mora Godoy, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, le dispensó un trato muy amistoso y lo llenó de elogios.

“Te quiero agradecer Herme, por el esfuerzo que han hecho para mejorar los costos, porque no tengo dudas que en este nuevo camino que iniciamos vamos a estar juntos. Argentina va a duplicar su producción, vamos a necesitar más barcos, más estiba, más remolcadores y porque tenemos que demostrarle al mundo que, sí se puede”, le dijo el funcionario nacional en su discurso.

Pero la relación se enfrió en 2017, cuando Juárez encabezó una dura protesta que paralizó los puertos de la zona y dejó pérdidas millonarias al sector. Aunque en junio de 2018, Herme dio una entrevista a El Cronista donde intentó construir puentes con el macrismo, del otro lado ya no volvió nada más. “Desde nuestra cooperativa apoyamos la gestión del presidente, y nos honraría aportar nuestra experiencia en la nueva mesa chica del gobierno para analizar el contexto económico y sumar fuerzas”, decía Juárez. El llamado nunca llegó. Ni llegará. Desde hoy y para siempre, su nombre será una mancha venenosa. O, siguiendo su lógica, un saco lleno de pelusas.